En medio de un conflicto de pareja, cierto hombre consciente dijo alguna vez, "un niño puede sentirse abandonado de por vida y por todas las mujeres". Así fue como, en una sola frase, recogió el resultado de la impronta grabada a fuego por el abandono materno y que, desde un lugar sin tiempo, se aloja presta a actualizarse y causar toda suerte de accidentes emocionales en la relación de pareja llegada la adultez y por el resto de su vida. Salvo, claro está, que se haga lo propio para sanar.
Al escuchar esta desgarradora sentencia, me sentí motivada a escribir mis propias reflexiones, apoyándome en ideas personales, experiencias de vida y lecturas (principalmente de la autora Laura Gutman) como elementos que construyen esta mirada que comparto con ustedes.
Al escuchar esta desgarradora sentencia, me sentí motivada a escribir mis propias reflexiones, apoyándome en ideas personales, experiencias de vida y lecturas (principalmente de la autora Laura Gutman) como elementos que construyen esta mirada que comparto con ustedes.
Los niños que nos ocupan en este post, pueden sentirse abandonados incluso por madres físicamente presentes que no se comprometen emocionalmente. Madres discapacitadas para prodigar a raudales el cuerpo, los abrazos, las miradas, el alimento, el sostén, la protección que estos necesitan, porque nunca lo recibieron al ser niñas, y por lo tanto, no encuentran referencias cuando les toca el turno de maternar.
Los niños que se sienten abandonados de por vida y por todas las mujeres, aunque se empeñen en desconocerlo, en algún lugar inconsciente esperan ser maternados por sus parejas, recibir de su pareja sexual o su compañera de vida, el alivio a la tensión y el dolor por el abandono y la falta de una madre sostenedora, nutricia, presente, capaz de conectarse con sus necesidades. Buscan el calor de la pareja sexual, para derretir el témpano de hielo que el desamparo materno les dejó en el alma.
Pero el varón que de niño no obtiene suficiente mamá, nunca logra saciar su deseo ni su necesidad de afecto con ninguna mujer durante el discurrir de su vida. Siempre se siente abandonado, no amado, no reconocido.
Ninguna mujer será capaz de llenar el vacío de un hombre que ha sido hijo de una madre no comprometida emocionalmente, entre otras razones, porque la pareja no es la mamá, y porque cuando una necesidad legítima es expresada a través de otro reclamo, el pedido original nunca será satisfecho (si necesito abrazos, amor, sostén, pero en cambio pido sexo, porque es lo que se espera obtener de una pareja, la necesidad de contención y afecto nunca será satisfecha y buscaré más y más sexo sin cubrir nunca mi necesidad original)
Ninguna mujer será capaz de llenar el vacío de un hombre que ha sido hijo de una madre no comprometida emocionalmente, entre otras razones, porque la pareja no es la mamá, y porque cuando una necesidad legítima es expresada a través de otro reclamo, el pedido original nunca será satisfecho (si necesito abrazos, amor, sostén, pero en cambio pido sexo, porque es lo que se espera obtener de una pareja, la necesidad de contención y afecto nunca será satisfecha y buscaré más y más sexo sin cubrir nunca mi necesidad original)
Y hay tantos varones pidiendo a gritos inconscientes ¡MAMÁ!, niños eternos y en eterno abandono, buscando el amor de la madre en cada mujer, discapacitados para ser parejas maduras y relacionarse desde el ser adulto erigido sobre emociones conscientes. Varones insaciables, que devoran afecto, atención, presencia, miradas, contacto a través del sexo con su pareja o con varias mujeres a la vez, sin lograr satisfacerse, no importa cuánto reciban, porque lo que necesitan, lo que buscan inconscientemente, no es una compañera de vida, sino a la mamá que no obtuvieron… y mamá es insustituible.

