"...hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros..." Octavio Paz. El Cántaro Roto.

CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

domingo, 20 de febrero de 2011

Quien esté de acuerdo con la nalgada a tiempo que levante la mano


De mis amigos de Cecodap, Oscar Misle y Fernando Pereira, aprendí lo que hoy llamo la prueba de ácido para determinar la verdadera visión de la infancia mantenida y practicada por un grupo o cultura.  Consiste en hacer dos preguntas. La primera: ¿Está usted de acuerdo con el maltrato infantil? a la que todos responderán sin titubear que NO.  De inmediato realizamos la segunda pregunta: ¿Y está usted de acuerdo con la nalgada a tiempo para disciplinar o educar? ....  A esta pregunta, querido lector, querida lectora, no sé lo que responderían en otros contextos, pero la experiencia en mi país, Venezuela, es que la mayoría de los adultos, involucrados o no en el cuidado infantil, declaran absolutamente convencidos, sin dudas ni reparos, que SÍ...  Al igual que diría el pediatra Carlos González, me pregunto qué opinarían estos adultos que aún defienden el castigo físico en los niños, si  la palabra NIÑOS, la cambiáramos por la palabra MUJERES o  por la palabra  NEGROS... ¿Es que acaso los niños no tienen los mismos Derechos Humanos que las mujeres y los negros, es decir, los mismos Derechos Humanos que los adultos?.

Todavía en pleno siglo XXI, la visión de la infancia y los derechos del niño se encuentran en el mismo estatus que experimentaron los afrodescendientes o las mujeres, hasta la primera mitad del siglo XX , poco antes de que comenzaran a consolidarse las reivindicaciones que, la revolución femenina y el activismo de Martin Luther King,  reclamaron para los grupos que representaban. Hoy, en pleno 2011,  todavía hay adultos involucrados en la crianza y cuidado infantil que no ven ni tratan a los niños como sujetos de derecho - y no hablo sólo de padres y madres que están de acuerdo con golpear a sus hijos- si no también de los mal llamados especialistas como pediatras que escriben manuales sobre fórmulas apropiadas de aplicar castigo físico  y que para colmo del daño social, son publicados en páginas Web de gigantescas empresas transnacionales como Pampers y Dodot  (para detalles del caso lea esta reseña ) dizque especializadas en cuidados infantiles.

No me cansaré pues, por todos los medios de difusión a mi alcance, de insistir en llevar la información que sea necesaria, cuantas veces sea necesario, para contribuir a desmontar este paradigma social pernicioso que en nada contribuye a la construcción de cultura de paz, y que nos mantiene anquilosados en prácticas anacrónicas e irrespetuosas, casi grabadas en el ADN, y que necesitamos reprogramar para avanzar hacia el horizonte de un mundo más digno y amable.


Comparto con ustedes otro programa sobre el castigo físico infantil. Ojalá contribuya a disolver esta construcción social nefasta que nos mantiene empeñados en no querer asumir al niño como persona, como a un igual con derecho al mismo trato y el mismo respeto que esperamos para nosotros como adultos. Y ojalá quede claro que mi propósito no es, ni ha sido, ni será promover una educación laxa, sin límites ni disciplina, sino de promover métodos humanizados de disciplina, estrategias respetuosas para conducir a nuestros niños a reconocer conscientemente los límites y por ende respetarlos, lo cual supone por supuesto, más tiempo, más comunicación, más conexión y compromiso emocional por parte de los padres y adultos involucrados, porque siempre es más cómodo, fácil y rápido detener un comportamiento no deseado pegando un grito o un golpe, pero nunca será ni efectivo a largo plazo, ni admisible, porque "niño SI es gente", y merece respeto al igual que usted y que yo.


Para escuchar el programa, pulsar el player

domingo, 6 de febrero de 2011

Educación y Crianza Respetuosa. Charla del pediatra Carlos González.

 
Louma Sader Bujana, una querida amiga  y aliada de la crianza con apego, vive en Barcelona España y tiene un blog estupendo: Amor Maternal. Mi amiga Louma, tuvo la gran fortuna de asistir a una charla en la ciudad donde reside, dictada por Carlos González sobre Educación y Crianza Respetuosa, y organizada por ALBA Lactancia Materna, en junio del 2010. Ella Grabó y editó la charla del droctor Gónzalez quien amablemente permitió que la colgara en su blog.
  
Compartir los videos con las sabias e invalorables reflexiones del reputadísimo y calificado pediatra Carlos González quien, junto a Laura Gutman, encabeza la lista de expertos recomendados por Conoce Mi Mundo, era una deuda pendiente con los visitantes de mi blog. Así que aquí lo tienen. Disfrútenlo...







miércoles, 2 de febrero de 2011

Un despreciado don de la naturaleza.


Casi a diario en el habitual discurrir de mi vida, cuando hago las cosas más sencillas y en todos los lugares a los que voy,   tengo que presenciar alguno o varios casos  en los que se manifiesta cruelmente la visión adultocéntrica y autoritaria sobre la cual basamos nuestro trato hacia los niños. Lo percibo en el parque, la calle, el ascensor, el centro comercial, en las consultas que papás y mamás inquietos me hacen llegar por distintos medios.


Un tema  recurrente que me perturba, es el de las mamás, que angustiadas por la presión social, me piden opinión acerca de si está mal llevar a sus bebés todo el tiempo en brazos.  A estas atormentadas mamás, no les basta con la pregunta que les hago tratando de que encuentren su propia respuesta: ¿y qué es lo que sientes tú?. Para tranquilizarse, casi siempre necesitan  explicaciones con argumentos antropológicos, psicológicos y científicos que avalan el hecho de que está bien que carguen a sus bebés. Entonces, con la opinión "experta", la mayoría se tranquiliza. Yo por mi parte termino angustiada viendo el modo en que hemos desnaturalizado la crianza. Comienzan a saltar en mi mente todos los "debería". Me digo a mi misma que una madre "debería" sentir y saber qué es lo correcto y que además "debería" permitir que su instinto y su corazón actúen al margen de los mandatos de una puericultura fascista, pensada únicamente para satisfacer la comodidad del adulto. De una pedagogía anacrónica defendida por el colectivo que veta todo intento de ponerse en el lugar del niño y comprender cuáles son sus necesidades legítimas para satisfacerlas de un modo inmediato, altruista, desinteresado.  Tengo la convicción  de  que ninguna madre con el “permiso” suficiente de mantenerse conectada con su instinto, podría sentirse tranquila si dejara a su bebé llorando sólo en la cuna para que "no se malcríe" - tal y como pretende establecer la conseja popular-  y que sería capaz de sacar todo su poder para defender a su cría de tales "predadores". 
El daño que, muchas veces con la mejor intención, pueden causar familiares y opinólogos, empujando constantemente  a las mamás en dirección contraria a la naturaleza que impulsa a apegarse a sus crías,  es inconmensurable. Puedo dar fe de ello. Casi a diario presencio el desgarro que viven nuevas mamás confundidas, divididas entre el llamado que la voz de su esencia reclama y la presión de gente cercana, e incluso médicos o “expertos”, descalificándola: “no cargues tanto a ese muchacho que lo vas a mal acostumbrar”; “déjalo que llore para que aprenda a quedarse sólo”; “para qué le das pecho si eso te cansa demasiado y no lo llena, complétale con tetero”; incluso hasta insultos y descalificaciones como, “pareces una loca con ese niño todo el tiempo pegado al pecho”…  Pero lo que más me preocupa, es ver cómo pocas logran ganarle la batalla al nefasto imperativo social, y en cambio la mayoría de estas mamás y sus bebés, terminan devorados,  por la presión del entorno, por los mandatos de una sociedad cegada por creencias bastante cuestionables que obligan sin tregua a que las madres pierdan conexión con sus pequeños a través de la voz del corazón.
Como les dije al principio, así discurren mis días. Tengo que hacer grandes esfuerzos para evitar que me desborde la impotencia y la frustración cada vez que observo  (y créanme que con mucha frecuencia) episodios donde la realidad revela ferozmente el trato nada edificante, poco fértil, insano e irrespetuoso que ejercemos hacia nuestros pequeños, debido a  la pérdida de conexión con nuestro corazón. A veces me dan ganas de tener súper poderes para hacer entender y hacer respetar las necesidades de todos nuestros niños y que, con tanta naturalidad desestimamos los adultos.


Oigo, por ejemplo en un ascensor, la queja de la mamá de una niña de un año, porque en la guardería le cobran únicamente por cuidar a la hija y no le enseñan a leer ni a escribir. Esta madre se encuentra absolutamente divorciada de la noción de que su  bebé de un año necesita  cuidados, afecto, apego, no aprender a leer y escribir, y termina por decir que para eso la deja en la casa cuidada por cualquiera y así se "ahorra esos reales"… Mi manicurista recibe una llamada en su celular, escucho cuando le cuenta a alguien que esa mañana obligó a su hijo de siete años a ir sin merienda a la escuela para que aprendiera a ser responsable porque perdió el vuelto o el cambio de una compra que le mandó a hacer … Veo en una farmacia, a una mamá que jala  por el brazo, amenaza, insulta y le dice “abusador” a su bebé de tres años que hace lo que un niño de su edad sabe hacer: correr hacia el estante de chucherías y agarrar un paquete de galletas… o en un centro comercial, observo como una mamá  lleva a rastras para obligar a caminar a su hija de dos años quien llora pidiendo brazos…
Me imagino lo que pasará por la mente de estas señoras, todas las ideas que habrán recogido y asimilado del entorno social y que desafortunadamente han logrado vencer aquello que les dicta su corazón… Las voces  nefastas de lo que han dicho familiares, amigos, opinólogos, incluso "especialistas" como médicos pediatras, y la de sus propios padres cuando fueron niñas. Un parloteo que hace mucho ruido. Suficiente, como para impedir que el sabio llamado de su instinto pueda ser escuchado. 
Y es que una mamá conectada con su instinto, tiene que sentirse perdidamente enamorada de su bebé. Y una mamá perdidamente enamorada,  no dejaría sufrir a su cría... sentiría ese sufrimiento como suyo propio.
Yo, como Martin Luther King, también tengo un sueño. Sueño con el día en que el instinto materno sea resignificado y respetado por todos, hombres y mujeres, desde la conciencia que constituye este sagrado e invalorable regalo de la naturaleza para la creación de la vida y la preservación de nuestra especie en perfecta armonía con su entorno. Espero que ese día no esté muy lejos...


Escucha el programa de radio sobre este tema aquí
 



Lecturas relacionadas:
El instinto, el cuidado, el amor. Por Violeta Alcocer . Vía Atraviesa el espejo
A propósito del instinto maternal (y paternal) Por Violeta Alcocer. Vía Atraviesa el espejo
¿El instinto materno existe? Laura Gutman - Newsletter Septiembre 2010. Vía Amor maternal