"...hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros..." Octavio Paz. El Cántaro Roto.

CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Que algo sea normal no quiere decir que sea sano



"No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría." Jean Cocteau


Que algo sea normal no quiere decir que sea sano ni constructivo. Simplemente quiere decir que es lo común.

Puede ser normal que demos biberón o tetero a los niños, en lugar de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y complementada con otros alimentos hasta los dos años o más. Pero ciertamente ni es lo natural, ni lo saludable para el niño. Alrededor de un millón de muertes infantiles al año podrían evitarse si en lugar de biberón se diera la teta.

Puede ser normal que los adultos fuercen a dormir a los niños en solitario, pero lo natural es que un cahorro humano, mamífero, primate, altricial, necesite del calor y la proximidad del cuerpo de su madre o cuidador principal para dormir tranquilo y seguro (o en su defecto, a partir de determinada edad, con hermanitos, hermanitas, mascotas, etc..). Lo de dormir en solitario es una novedad histórica que se establece por razones culturales alrededor de hace doscientos años y es avalada por determinado sector de la pediatría a mediados del siglo XX a partir del boom de la educación conductista, orientada a priorizar la comodidad adulta, en absoluta desconexión con las reales necesidades infantiles. Antes de eso, y a lo largo de la historia de la humanidad, los niños dormían acompañados o se llevaban, siempre que lo pidieran o necesitaran, en brazos.

Puede ser normal que los niños lloren, sufran y enfermen confrecuencia cuando van a la guardería, el preescolar o la escuela, pero no es lo natural ni lo sano ni lo respetuoso. En primer lugar porque un niño pequeño hasta alrededor de los cinco años lo que necesita es criarse cerca de su familia y no ir a la escuela para aprender cosas, ni mucho menos a la guardería. Las guarderías y preescolares surgen para responder a las necesidad del sistema productivo que demanda a los padres salir a trabajar a sitios físicamente distantes donde no pueden hacerse cargo de sus hijos. Pero lo que los niños realmente necesitan no es ser depositados en lugares institucionales con horarios tan exigentes como los laborales o los de un cuartel militar. Lo que los niños necesitan es la presencia y el vínculo amoroso, prolongado y de calidad con sus progenitores. Por tanto, al separarse sufren. Aunque ciertamente sería posible hacer de esta separación una experiencia progresiva hasta que el niño se integre amablemente a la rutina escolar, lamentablemente lo común, o lo normal es dejar que lloren “para que se acostumbren”. Aunque si llamáramos a las cosas por su nombre deberíamos decir “para que se resignen” y aprendan que de nada vale pedir lo que auténticamente necesitan en un mundo hostil repleto de exigencias desmedidas.

Puede ser normal aunque no es natural, ni respetuoso, ni saludable que basemos la educación y la crianza en la obediencia y el adiestramiento. De hecho es bastante común que demos sistemáticamente órdenes, gritemos, peguemos, castiguemos o premiemos a los niños, para que hagan lo que esperamos, en lugar de empatizar con los niños, hablar, reflexionar, palabrear, explicarles la realidad que les circunda, tomarnos el tiempo para elaborar con ellos la experiencia  que atraviesan o informarles respetuosamente lo que esperamos, escuchar y dar la debida importancia a lo que tienen que decir, lo que sienten, lo que desean, confiar en su capacidad de co-producir las experiencias con el apoyo del adulto cuidador y  por ende a desarrollar su propio deseo de cooperar con el entorno.

Puede ser normal que insistamos en inyectar las normas, los ritmos y tiempos que dicta la sociedad o la cultura cuando de criar a los niños se trata. Sacar el pañal a los dos años y no cuando observamos que el niño está maduro para hacerlo por sí mismo (lo que naturalmente puede suceder hasta los cinco años) , que coma cuando es la hora y no cuando tiene hambre, que duerma cuando es la hora y no cuando tiene sueño, que despierte cuando es la hora y no cuando esté descansado… Pero ciertamente no es ni lo más sano para el despliegue de la conexión con lo que dictan las propias pulsiones, los pedidos del cuerpo a través del sabio diseño de la naturaleza, lo cual comporta la raíz de lo que nos mantiene saludables y en armonía con nuestro propio ser esencial.

No es gratuito que vivamos en un mundo  neurótico. Parece que hemos hecho de “lo normal” un poderoso enemigo de la salud y de la felicidad.

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