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jueves, 24 de mayo de 2012

Resignifiquemos rabietas y berrinches



Video realizado por Louma Sader de www.amormaternal.com

Por Berna Iskandar
Las rabietas y berrinches constituyen uno de los motivos más frecuentes de ansiedad y preocupación para los padres. Para intervenir o acompañar a los pequeños en medio de este trance, existen dos enfoques: el tradicional que parte del principio de que el niño nos quiere tomar el pelo, manipular, etc., entonces castigamos, prohibimos, forzamos e ignoramos, y el enfoque consciente que resignifica los berrinches e invita a aproximarnos desde la compresión de las causas reales y la intervención respetuosa  para el niño. Yo les voy a hablar sobre la aproximación respetuosa, democrática y flexible que es la que nos ocupa. 

Primero trtatemos de comprender por qué suceden las rabietas y de dilucidar qué es lo que subyace tras un arranque descontrolado de llanto, gritos y pataleos de nuestros pequeños. Para lograr un abordaje respetuoso y no violento, es preciso saber que las rabietas son respuestas propias de un momento evolutivo del niño que, bien entendidas y atendidas, pasarán por sí solas y no tienen porqué prolongarse más allá del tiempo correspondiente.
Según los expertos, las rabietas comienzan alrededor de los dos años y deberían desaparecer alrededor de los cinco años. A los dos años el niño ya ha conseguido avances significativos en su autonomía (comer solo, caminar, hablar…) y experimenta la significativa transición que entraña el descubrimiento del “yo”. Se va haciendo consciente de que es un ser distinto a sus padres y especialmente de la madre, con quien ha sostenido un vínculo de fusión emocional y dependencia absoluta que la naturaleza, sabiamente, ha previsto en un principio para garantizar su sobrevivencia.
En este período evolutivo, el pequeño  ejercita una serie de respuestas para consolidar su afirmación como individuo y dar los primeros pasos en el lento y largo proceso de autonomía. Una de ellas es el famoso “NO”,  porque negando a sus padres, el niño se afirma. Y ojo, es muy importante que nos quede claro: esto no lo hacen para provocarnos o faltarnos respeto, sino como ejercicio natural de consolidación de su individualidad. Tampoco quiere decir que el niño, por naturaleza, sea un tirano egoísta. Ya hablamos en un post anterior, sobre los estudios de la doctora Alison Gopnik  y otros científicos que han desmontado la creencia de que los niños son pequeños tiranos y han demostrado que desde los quince y dieciocho meses, los pequeños son capaces de ser generosos y empáticos.  Es injusto y pernicioso valorar de pequeño tirano egocéntrico,  a un ser humano en formación, sólo porque atraviesa un período en el que desarrolla la noción del “yo”, y comienza a dar los primeros pasos hacia la autonomía necesaria para consolidar la adultez ¿no les parece?. Sería como ponerle a un adulto la etiqueta de neurótico cuando reacciona de mal humor porque está pasando por unos días difíciles. Por otra parte, debemos comprender que el pequeño no tiene  los mismos recursos que un adulto para gestionar y expresar las emociones, que además,  le resultan confusas y angustiantes en un período de cambios evolutivs importantes, por lo cual frecuentemente derivan en las famosas rabietas.
En la medida en que los padres contengan y acompañen con respeto, empatía y paciencia, los mismos pequeños irán adquiriendo, paulatina y naturalmente,  la madurez y destrezas para expresarse y gestionar sus emociones sin berrinches. Llegado el momento evolutivo correspondiente, estas “explosiones” del ánimo irán quedando atrás.
A continuación comparto diferentes sugerencias que he recogido de distintsa fuentes y especialistas, sobre el modo respetuoso de prevenir o en su defecto intervenir las rabietas, cuando estas se presentan.     
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Comencemos por insistir en que las rabietas y berrinches se vinculan a una etapa del proceso evolutivo de los niños (de dos a cinco años) y que desaparecerán por sí solos toda vez que se manejen adecuadamente. Por lo tanto, los pequeños no hacen berrinches para manipularnos,  ni lo hacen intencionalmente para provocarnos. Sólo están ejercitando la consolidación de su individualidad en un período de mucha confusión emocional y pocas herramientas para resolverla o manifestarla. Tenerlo presente durante una rabieta, ayudará a que los padres seamos pacientes.
Algo que podemos hacer acerca de los berrinches es tratar de prevenirlos. Generalmente cuando un niño estalla con una pataleta es porque ya ha intentado expresar alguna necesidad legitima que no ha sido escuchada o atendida oportunamente. Por ejemplo, un niño de tres años que acompaña a su madre  en  la cola de un banco, puede aburrirse rápidamente por la imposibilidad de jugar, moverse o explorar, y es muy probable que se canse, sienta sueño o hambre. Si no prevemos llevar juguetes, algo de comer, dejar que se mueva, etc., podría sobrevenir un berrinche. También es importante tener expectativas reales acerca de lo que podemos o no esperar de los pequeños: cuando vamos de compras, podemos eludir lugares donde se exhiban productos que resulten atractivos (chucherías, juguetes, etc.). Y como éstas, hay muchas circunstancias predecibles que pueden evitarse en la medida de lo posible.
Ser flexibles es imprescindible si queremos educar respetuosamente y prevenir las rabietas. Diariamente, los padres entramos en guerra con nuestros hijos. Guerras perfectamente evitables si les permitimos elegir  la ropa que van a usar o si se quieren bañar primero y comer después o viceversa, en lugar de imponer una orden porque “soy tu mamá y se hace como yo lo digo”. Tratemos de evaluar un poco:  ¿lo que nuestro pequeño nos pide realmente pone en riesgo su sano desarrollo o su seguridad? De no ser así (les aseguro que el noventa por ciento de las veces no lo es) ¿por qué no complacerlo?.  Pensemos también, que ofrecer opciones y permitir que los pequeños tomen decisiones y elijan por sí mismos, además de que les hará sentirse empoderados (necesidad del momento evolutivo que atraviesan) les enseñará a ser niños y adultos con criterio y capacidad para tomar buenas decisiones, en lugar de seres sumisos o ciegamente obedientes.
Ignorar, castigar o forzar al pequeño, no son aproximaciones respetuosas frente a las rabietas. Acompañar, abrazar y contener, sí lo son.  Compresión, es lo que los niños   siempre necesitan de sus padres, mucho más en un momento de rabia,  dolor y confusión como el que experimentan en una rabieta. Deslastrarnos de la presión del qué dirán y mantenernos a su lado dispuestos a contener, agacharnos a su altura, explicarle que comprendemos su enojo, pero que necesitamos tranquilizarnos para poder escucharnos y resolver la situación, permitir que el niño se desahogue observando el momento oportuno para abrazarlo, son modos respetuosos y saludables de atravesar estos episodios. Luego, cuando estemos todos más calmados, informamos y explicamos al pequeño lo que esperamos de su comportamiento.
Mantén en perspectiva que cuando un niño manifiesta “mal comportamiento” o acciones que llaman nuestra atención, es cuando más necesita amor, consuelo y compresión de sus padres.

Para escuchar esta emisión ampliada sobre berrinches y rabietas, pulsa el player 



Entrevista sobre aproximación respetuosa a los berrinches con Louma Sader creadora de Amor Maternal desde Barcelona España Enlaces relacionados: 
Crianza natural: Rabietas y berrinches.  Por Louma Sader. Vía Amor Maternal
Las rabietas: "Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite". Por Rosa Jové
Resignificar rabietas y berrinches. Por Berna Iskandar. Vía Inspirulina
Manejo respetuoso de rabietas y berrinches. Por Berna Iskandar. Vía Inspirulina


Email: conocemimundo@gmail.com  

Twitter. @conocemimundo



2 comentarios:

  1. Muchas gracias!! Lo comparto e inmediato!! Es súper acertado y útil!!

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  2. Como actuamos cuando conocemos bien el origen de la rabieta, ejemplo, quiere un caramelo, le doy un caramelo, así hasta 4 caramelos, al quinto le digo que no y empieza otra rabieta... que hacemos, como lo manejamos?

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