CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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miércoles, 3 de febrero de 2016

Recupera tu sabiduría intuitiva y permite que tus hijos la mantengan


Desde la más tierna infancia vivimos un proceso de desconexión progresiva con nuestra esencia personal y sabiduría corporal. A este proceso lo hemos llamado "educación".
Cuando teníamos hambre nos decían que no era la hora de comer y cuando estábamos saciados, nos obligaban (se cree que los bebés tienen que comer cada 3 horas y no a demanda, para crear hábitos) Había que dormir con o sin sueño, levantarse habiendo o no descansado. No podíamos sentir rabia ni expresar disconformidad, debíamos reprimir las emociones. Cuando teníamos ganas de orinar, la maestra decidía si era o no el momento de necesitar ir al baño. Eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca... nos repetían, inhibiendo la autoconfianza y la autogestión sobre nuestro cuerpo, nuestros deseos, nuestras necesidades, menoscabando nuestro autoconocimiento.
Crónicamente nos vimos forzados a acallar el cuerpo, a desoír nuestra sabiduría corporal, emocional, a desconectar con nuestro sentido común, nuestra intuición y progresivamente perdimos noción de aquello que nos encaja o no. Nos volvimos dependientes de una orden, un dictamen, una opinión exterior, generadas por alguien más fuerte, con todo el poder de garantizarnos o no la sobrevivencia, alguien que nos hacía temer, que nos hacía mirar de abajo hacia arriba (mamá, papá, maestros, cuidadores ...) Y nos constituimos en adultos perdidos de sí mismos, siempre dependiendo de otro que nos diga qué hacer, qué sentir, cómo actuar, distanciados como estamos de nuestra sabiduría interior.
Ahora toca el trabajo de regresar hacia la escucha del tan preciado tesoro que traíamos de nacimiento y que perdimos en el camino. Lograrlo comienza por atrevernos a indagar hasta reconocer conscientemente nuestra historia personal infantil desplegada sobre un modelo insano de crianza, ejercido mediante la represión y el adiestramiento, la distancia afectiva. Si queremos cambiar la historia de nuestros hijos mediante crianzas conscientes que permitan mantener el eje con el sí mismo, necesitamos comenzar por hacernos conscientes de las interferencias que hoy provocamos fruto de la repetición automátomática de dichos patrones
Berna Iskandar 
@conocemimundo



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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gotas de agua. ¿Separar o no a los hermanos del aula?


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Hoy les traigo muy buenas noticias. Un estupendo documental de licencia libre   circula  en Internet. Se titula “Gotas de agua”.  La producción realizada con el propósito de reflexionar sobre la decisión de separar de aula o no a los hermanos múltiples (mellizos, trillizos, etc.) y que plantea preguntas sobre quiénes deben tomar dicha decisión, fue impulsada por Meritxell Palou (madre de gemelas) quien ha padecido la experiencia de separación de salón de sus hijas en contra de su voluntad y por imposición de la escuela.  

En “Gotas de agua”, participan excelentes especialistas. Algunos frecuentemente citados y recomendados por esta servidora, tales como, Elena Mayorga, Ramón Soler, Alejandro Busto Castelli, Rosa Jové, entre otros.   La tan necesaria iniciativa se constituye en un elemento educativo e informativo muy valioso, que bien merece la pena difundirse por todos los medios a nuestro alcance, para que llegue a la mayoría de las familias con múltiples y también a las personas que estén o no involucradas en la atención infantil,  en tanto que invita a cuestionar lo naturalizado y propone puntos de vista diferentes a los habituales en relación al modo en que construimos los vínculos desde  la educación y la crianza, tema que nos atañe a todos por su neurálgica importancia en la formación de sociedades sanas.

Vivimos rodeados e influidos por creencias falsas sobre lo que los niños necesitan.  La de separar a los gemelos o múltiples  en la escuela para que sean capaces de desarrollar su propia identidad, es una de ellas.  He hablado profusamente sobre la tendencia generalizada a dinamitar el vínculo de apego madre-bebé,  de patologizar el afecto y la dependencia de los niños con sus padres como si ello fuera la causa de toda suerte de males, cuando en realidad –tal y como lo dicta la intuición y lo confirma la neurociencia- es la fuente de seguridad y sano desarrollo de los pequeños. De hecho, si analizamos bien,  veremos que los seres humanos no alcanzamos a ser completamente independientes. Somos por definición seres sociales, por tanto interdependientes. Fruto de nuestra naturaleza gregaria nos necesitamos unos a otros para sobrevivir.  Sumemos a esto, el hecho de que en el caso de los múltiples el vínculo es íntimo y muy especial, porque se crea desde el vientre materno y se profundiza con el devenir del tiempo. Se podría decir que en el caso de múltiples, la simbiosis  no se establece únicamente entre mamá y bebé sino entre los hermanos, manteniéndose de por vida, incluso después del desprendimiento natural de la fusión con la madre, tal y como aclara en el documental, Elena Mayorga, terapeuta y directora de la revista Mente Libre.

El sistema educativo se empeña en separar a los múltiples, partiendo muchas veces de creencias atávicas, que responden a determinados intereses y a la comodidad adulta más que a la necesidad de los hermanos.  “…El sentir y estar cerca  a través de la piel, el estar rodeados de redes y de estructuras vinculares que nos apoyan, no puede ser un problema para el desarrollo de ningún ser humano… hay temor a la fuerza del grupo, a la fuerza del colectivo….ojalá vayamos despertando…”. Con estas palabras el psicólogo Alejandro Bustos, explica lo que pare él constituye la causa  subyacente  tras la decisión de separar múltiples por parte del sistema educativo.    En el mismo orden de ideas el psicólogo Ramón Soler habla sobre la relación de control y manipulación hacia los niños que opera en el sistema educativo.  Así es como separando a hermanos que tienen una relación tan especial, se logra manipularlos mejor, nos explica. Se trata del paradigma de  “divide y vencerás”.  Con mucho sentido común, Soler afirma que resulta más difícil doblegar a hermanos con una relación tan estrecha como es el caso de los múltiples.

En lugar de mantener prácticas sustentadas en mitos, la escuela podría tomar en cuenta la observación de las experiencias vitales del niño, señala para este documental,  la profesora de educación infantil primaria, Naira Alamo,  quien agrega “que a pesar de que no hay estudios que lo confirmen existe la creencia de que separar (a los múltiples) les ayuda a formar mejor su identidad porque al estar juntos en la escuela pueden llegar a desarrollarse como la mitad de uno… Afirma Alamo que jamás ha estado con múltiple en el aula que no te corrigiese si lo confundieras con su hermano o con su hermana… “ellos no necesitan estar separados para saber quienes son, cuántos son y qué es lo que les gusta”, asegura desde su experiencia con los niños.

Para finalizar,  en el documental “Gotas de agua”, se despunta y argumenta sobre la importancia de reivindicar el criterio de la familia, de los padres, quienes en todo caso son los que deben tomar la decisión y quienes además respondiendo al sentido común y al instinto, a menudo desean mantener a los múltiples juntos en el aula.    

Enlaces relacionados

El mito de los niños independientes
La angustia de separación, por Carlos González 
Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran


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martes, 27 de noviembre de 2012

Dejémonos guiar por nuestros hijos






Para una crianza libre de violencia es crucial, primero reconocer y luego respetar, aquello que podemos o no esperar de nuestros hijos. Cada momento evolutivo de nuestros niños, niñas y adolescentes entraña determinadas necesidades y capacidades que los adultos significativos a cargo de su educación y crianza debemos interpretar, comprender y ayudar a satisfacer. Identificar la naturaleza de cada etapa evolutiva de los niños y el modo en que según ella sienten,  interpretan el mundo y se establecen sus necesidades legítimas, nos permite responder desde expectativas realistas lo cual es fundamental si queremos criarlos con amor, conciencia, respeto, al tiempo de propiciar el desarrollo de seres empáticos, altruistas, sensibles, competentes y no violentos.

Ilustremos el tema que nos ocupa con algunos ejemplos o comparaciones. Según sea su capacidad física, no se nos ocurriría pedirle al abuelo de noventa años que nos acompañe a correr diez kilómetros un domingo en la mañana.  Esperar que haga un ejercicio tan exigente no cabe dentro de nuestras expectativas. No lo amenazaríamos con castigarlo o pegarle si no viene con nosotros a entrenar para los 10K por el bien de su salud y la salud de la familia, ¿cierto? Tal vez se nos ocurra invitarlo a caminar por el parque o pasear por la plaza. En eso estamos claros. Sin embargo no lo estamos tanto cuando esperamos que un niño de dos años aprenda que no debe tocar los adornos dispuestos a su alcance en la sala y además lo amenazamos con pegarle si mostrara la intención de hacerlo. Ahora bien, si entendemos que el niño respondiendo a su momento evolutivo es movedizo, si comprendemos que está descubriendo el mundo y necesita explorarlo para consolidar su sano desarrollo,   que no es tan hábil con las manos como un adulto y por lo tanto resulta fácil que se le caigan las cosas cuando intenta agarrarlas, que además no sabe que la porcelana se rompe y que todavía a esa edad no es capaz  de seguir una regla,  entonces es de esperar que se deje seducir por el brillante y colorido jarrón sobre la mesita esquinera, lo coja y se le vaya de las manos. Así las cosas, en lugar de amenazar o castigar, ¿por qué no retiramos el jarrón de su alcance? Y si se le ocurre rasgar las revistas nuevas de mamá  puestas en el revistero del piso, en lugar de reprenderlo ¿por qué no cambiar esas revistas por otras viejas que sí pueda rasgar?,  ¿por qué nos cuesta tanto darle la razón y observar que no se trata de “mal comportamiento” sino de necesidades y conductas propias y naturales de su etapa evolutiva?, ¿por qué en lugar de forzar al niño para que se adapte a nuestras exigencias y expectativas adultas, no adaptamos el entorno, la casa y nuestras expectativas a las particulares necesidades del momento evolutivo que atraviesa nuestro hijo?  A fin de cuentas se trata de una transición. Los niños crecen y llegará el día en que podremos organizarnos y organizar la casa en “modo adulto”.  Mientras tanto,  como decía Miguelito, uno de los personajes de la emblemática Mafalda, ¿de que les sirve ser niños si no les dejamos ejercer su niñez?

Usemos otro ejemplo: así como llega el período madurativo en el que brota la primera dentición necesaria para comenzar a incorporar alimentos sólidos, también llega el momento evolutivo en el que brotan las hormonas y el despertar sexual - entre otras razones-  nada más ni nada menos que para perpetuar la especie humana.   Pero, ¿qué nos pasa cuando nuestra hija o hijo adolescente comienza a tener novios o novias?, ¿le ayudamos a aceptar y hacerse consciente de lo que está ocurriendo en su cuerpo, de la eclosión de sensaciones y deseos que experimenta? En una civilización cada vez más alejada de los instintos y que conduce a la evasión y la desconexión con el propio cuerpo, ¿estamos preparados para aceptar y ayudar a nuestro hijo o hija adolescente a asimilar que ahora, además de sentir el impulso, también es capaz de engendrar y procrear nueva vida?, ¿le hablamos sobre sexo seguro?, ¿le damos apoyo, confianza, información y opciones para que disfrute, desde su libre y consciente elección, de una vida sexual activa sana y sin riesgos, previniendo embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual?...

Aunque parezca una tarea compleja,  para reconocer las necesidades reales y particulares de nuestros hijos según la etapa evolutiva que transitan, no es necesario convertirnos en psicólogos o especialistas. Claro que puede ayudarnos escuchar charlas, acudir a talleres, leer libros y posts de crianza respetuosa. Sin embargo, como bien lo dice la frecuentemente citada y recomendada autora argentina Laura Gutman, bastaría con que dejáramos a un lado nuestras opiniones sobre lo correcto o incorrecto y entendiéramos que los niños están más cerca de su propio ser esencial y en mejor capacidad de registrar aquello que necesitan o aquello que no les encaja. De modo que “si nos dejamos guiar por nuestros hijos, difícilmente nos equivoquemos”.


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