CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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miércoles, 10 de junio de 2015

Preparar a los pequeños para ir al médico





Cuando eran pequeñas y tocaba llevar a mis hijas a su chequeo pediátrico, el asunto se complicaba especialmente al momento de hacer los exámenes de laboratorio. Mi hija mayor tenía fobia a las agujas y comenzaba a correr por todas partes, apelando a todo cuanto recurso  encontraba para zafarse del pinchazo. Una vez le increpó a la enfermera que su hermana   tenía  la misma sangre, que  en lugar de pincharla a ella usara la sangre de su hermanita... Hoy, todos -incluida mi hija- nos reímos de su vivaz ocurrencia. Sin embargo, aunque desde el punto de vista del adulto el miedo o el dolor de los peques pudieran asumirse como “tonterías de niños”, en ninguna circunstancia deberíamos trivializarlos. Desde el punto de vista infantil dichas experiencias son vividas con intensidad. Por tanto es nuestro deber ofrecerles el apoyo para prevenir o mitigar el posible trauma vinculado con las visitas al médico, sean planificadas o por emergencia.

La Doctora Aletha Solter, experta en trauma y apego, fundadora y directora del Aware Parenting Institute  en su artículo Making doctor visits a pleasant experience for children explica varias cosas que podemos hacer para mejorar las visitas de los chiquitines al médico. En primer lugar, recomienda leer libros de cuentos sobre ir al médico.  De esta manera podemos ayudar al niño a comprender lo que le espera y motivarle a hacer preguntas para aclarar sus inquietudes y fantasías, mitos o malos entendidos. Días antes de ir a la consulta - en especial si hay que poner vacunas o extraer muestras de sangre- la Doctora Solter  propone hacer juegos con los pequeños, donde nosotros interpretemos el rol del médico y expliquemos al niño lo que vamos a hacerle. Para aligerar tensiones y crear situaciones que permitan aclarar dudas,  la especialista recomienda usar el humor. Por ejemplo, actuando como “médico torpe” que no sabe  hacer bien las cosas. También podemos usar peluches o muñecos, e invitar a los peques a interpretar el rol de médico que pone inyecciones, etc., o hacer nosotros el papel de pacientes, dramatizando o apelando a recursos que hagan reír al pequeño. Solter recomienda jugar con los pequeños todas las veces que lo pidan o necesiten, antes y después de la visita al médico. Esto ayuda a elaborar miedos, inquietudes y posibles traumas.


En situaciones de emergencia cambian las cosas porque no contamos con un tiempo previo de preparación. Sin embargo en todo momento y sin importar la edad que tenga el niño, es recomendable explicar  todo lo que está ocurriendo y lo que haremos. Palabrear al niño constantemente con la verdad, usando un lenguaje adecuado a su edad y evitando detalles angustiantes, es fundamental. En este orden de ideas, debemos explicar que lo llevaremos al médico y lo que probablemente se hará (iremos al doctor y tal vez verá tu garganta, tus oídos, tocará tu pecho, etc.)

La especialista en trauma, explica que debemos tener expectativas realistas. No podemos esperar que los niños menores de cuatro años cooperen o que no se resistan, sobre todo durante situaciones de emergencia cuando se sienten asustados, enfermos e inquietos. Los niños mayores, en cambio, pudieran entender mejor la necesidad de ciertos procedimientos.

Cualquiera que sea la edad, se desaconseja burlarse o banalizar los temores del niño con comentarios como "mira lo grande que eres y todavía con miedo a las agujas…” Por otra parte es fundamental transmitir a nuestro hijo o hija, seguridad con la actitud y con la palabra, así como acompañarles sin presionar u obligar a enfrentar por sí mismos la experiencia que les asusta. Es elemental que criadores, cuidadores y adultos responsables de los niños, siempre   escuchemos con respeto sus temores y emociones (llanto, dolor emocional o físico, miedo, etc.)  permitiendo en todo momento que las expresen,  asintiendo y sin negarlas o censurarlas (dejarles llorar, etc) al tiempo de brindar el apoyo que la criatura necesite para sentirse protegida y segura (sé que duele, está bien que llores, pasará y te sentirás mejor, estaré a tu lado todo el tiempo que me necesites…) Sea que se trate de niños o de niñas, no es recomendable elogiarles por aguantarse el dolor.  

Durante los procedimientos médicos, es neurálgico que los profesionales de salud entiendan la importancia de permitir a los progenitores mantenerse al lado de sus hijos -previniendo ansiedad de separación o miedo al abandono- siempre que sea posible. Así mismo los adultos implicados (padres y profesionales de salud) debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para respetar los tiempos que el niño necesite hasta calmarse, antes de emprender un procedimiento.  

Para mitigar la ansiedad del pequeño, Aletha Solter, recomienda dar opciones,  cuando las circunstancias lo permitan (elegir el brazo en que quiere que le pongan la vacuna, decidir si quieren o no analgésicos, etc.. ) lo cual, sea dicho de paso, es un derecho del niño. 

En cualquier caso es un despropósito y  siempre causa interferencias procurar que el niño nos obedezca provocándole miedo con amenazas del tipo “si no comes o si te portas  mal,  te llevaré al médico para que te ponga una inyección”.


 
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miércoles, 4 de junio de 2014

Mi hijo tiene miedo y no sé que hacer



Recientemente una mamá me comunicaba su inquietud en relación al miedo de su hijo de en edad escolar a meterse  en la piscina. Lo había apuntado en clases de natación pero su hijo se angustiaba mucho toda vez que debía zambullirse en el agua. Algunos opinólogos le recomendaban que el niño asistiera a las clases y se metiera en la piscina en contra de su voluntad. Sin saber qué hacer, la mamá me preguntó por alguna lectura sobre el miedo infantil y recordé un capítulo dedicado a ese tema en el libro "Amar Sin miedo a Malcriar" de la psicóloga y autora española Yolanda González, frecuentemente citada y recomendada en mis divulgaciones sobre crianza respetuosa.

 
González comienza por decir que para apoyar consciente y respetuosamente a nuestros hijos frente a sus experiencias de miedo,  en primer lugar necesitamos revisar nuestras propias emociones en relación a aquello que el niño teme, porque probablemente sea por nosotros que el pequeño lo esté percibiendo y reflejando. Así mismo desaconseja en todo momento burlarse o banalizar sus temores con comentarios como "mira lo grande que eres y todavía con miedo a la oscuridad, ¿no te da vergüenza?, etc.". La especialista en crianza alternativa nos recuerda que sea   real o imaginario, el miedo siempre cumple con la función de auto-protección. De hecho el miedo es un mecanismo evolutivo que nos alerta sobre situaciones peligrosas y se gatilla para que nos protejamos garantizando así la sobrevivencia. Por esa razón es importante que criadores, cuidadores y adultos responsables de los niños, siempre escuchemos con respeto sus temores, asintiendo y sin negarlos, al tiempo de brindar el apoyo que la criatura necesite para sentirse protegida o segura hasta superarlos.

Cuando los niños manifiestan miedo, la autora de Amar Sin Miedo a Malcriar, recomienda transmitir seguridad con la actitud y con la palabra. Igualmente nos recuerda la importancia de acompañar a los pequeños sin presionar, ni obligar a enfrentar por sí mismos la experiencia que les asusta. De manera que si un niño teme ir sólo al baño de noche, lo acompañemos mientras le tranquilizamos diciéndole que estamos seguros de que en algún momento perderá el miedo y lo hará por sí mismo, y que siempre que nos necesite estaremos allí, aclara la psicóloga española.  Para sobrevivir, un niño en total o gran medida, según sea su edad, depende de uno o varios cuidadores significativos con quienes previamente ha establecido un vínculo fuerte y que a la vez sepan interpretar y satisfacer sus necesidades. De manera que cuando un niño se estresa o siente miedo, el apego con su cuidador o adulto significativo le supone encontrar la nutrición afectiva, el consuelo y la seguridad necesarias para regularse hasta sentar las bases para emprender gradualmente la exploración por sí mismo. Más o menos es así como ópera el apego seguro.

Prevenir la exposición a situaciones que provoquen miedo en el niño es algo que podemos hacer los adultos cuidadores, tal y como recomienda la especialista. Con lo cual   no debemos meterles miedo para que nos obedezcan (si no comes o te portas mal vendrá el coco o el hombre del saco, etc) ni tampoco amenazarles con que los dejaremos de querer, siendo que ello conlleva a crearles inseguridad.  En el mismo orden de ideas debemos evitar exponer a los niños a experiencias para las que aún no se encuentran preparados, tales como programas de televisión, películas, o situaciones que sobrepasen el momento evolutivo en el que se encuentra la criatura,  explica Yolanda González.


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