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CRIANZA EN CULTURA DE PAZ
Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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lunes, 30 de mayo de 2016
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Cuando los niños no quieren saludar
He escrito en general sobre la importancia de informar, comunicar, acordar, con los niños de un modo respetuoso y empático, en lugar de imponer y dar sistemáticamente órdenes. Se trata de un principio ético que debería orientar nuestra aproximación hacia los pequeños. En ese sentido, el tema de obligarlos a saludar no constituye una excepción. Forzar a un niño a saludar o besar a los demás equivale a entrenarlo para someter su propio deseo y su propio cuerpo ante el deseo de otros. En este sentido coincido con los expertos de la conducta que establecen esta y otras prácticas autoritarias hacia los niños, como factor de riesgo ante el potencial abuso infantil en distintas gradaciones, incluido el abuso sexual. Sin darnos cuenta, repitiendo sin cuestionar el orden autoritario en el cual hemos sido educados, en lugar de inculcar a nuestros hijos valores de respeto hacia la integridad de su cuerpo y sus propios deseos -aunque suene fuerte - terminamos por convertirnos en padres entregadores.
Cabe aquí la indagación acerca de lo que nos induce a desoír a nuestro hijo o hija cuando le forzamos a saludar y besar a otras personas, ¿lo hacemos porque necesitamos dar la impresión de ser padres ejemplares que han sabido educar “correctamente”?, ¿nos preocupa más lo que el otro pueda pensar de nosotros que lo que nuestro propio hijo o hija siente o desea?, ¿queremos que el niño responda ciegamente a nuestras expectativas sin considerar que posiblemente el pequeño sienta timidez o que probablemente en ese momento no esté de ánimo o tal vez esa persona no le inspira confianza?... Recordemos que los niños están menos intervenidos por los condicionamientos sociales y aún son capaces de registrar intuitivamente lo que les encaja o no. No perdamos de vista que los pequeños son honestos y espontáneos a la hora de expresar sus sentimientos. Cuando besan o saludan a alguien lo hacen de corazón a diferencia de los adultos quienes la mayoría de las veces lo hacemos por conveniencia o por obligación.
Vale la pena usar esos lentes especiales que yo llamo “del darse cuenta” y observar el mensaje encapsulado dentro de la orden que fuerza a un pequeño a saludar o besar a otros. En primer lugar, como ya he aclarado, le enseñamos al niño que no tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y que su deseo no es digno de respeto, que los mismos no les pertenecen, que debe supeditarlos a las demandas de quienes reconozca como superiores. Por otro lado, cuando juzgamos al niño de malo o mal educado por no saludar o besar a quien le indiquemos, el pequeño aprende que para complacer, para ser amado y aprobado por sus padres, debe reprimir y ocultar sus sentimientos genuinos, es decir, les enseñamos a mentir y alejarse de sus propias emociones, a perder contacto con sus intuiciones y con su propia esencia.
Ciertamente como adultos responsables de nuestros chiquitines, queremos que desarrollen la capacidad de ser gentiles y ser empáticos con las demás personas, lo cual es perfectamente válido y deseable. Para ello existen formas respetuosas de orientar y educar a los pequeños. Pero forzar, imponer o usar el amor y la aceptación como monedas de cambio según el niño haga o no lo que esperamos de él, no es un camino ni consciente, ni respetuoso de socialización o educación. Tampoco constituye una forma coherente de inculcar el valor de la empatía y la cortesía que son los que se supone deberían dar sentido al hecho de saludar a los demás.
Para beneficio de nuestros pequeños es bueno que aclaremos conceptos: Una cosa es un niño obediente y sumiso, y otra muy distinta es un niño consciente, respetuoso y empático.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Abuso sexual infantil: qué es, cómo prevenir, cómo actuar
Ternura, amor, necesidad de protegerlos, son emociones que nos inspiran los niños y niñas. Por eso cuando vemos que existen situaciones de daño como el abuso sexual nos preguntamos cómo es posible que haya seres humanos capaces de hacerles algo así, sale de nuestra capacidad de comprensión que algo así pueda ocurrir. Sin embargo, lamentablemente ocurre con más frecuencia de la que imaginamos o queremos aceptar. Los adultos significativos para los niños, niñas y adolescentes que hemos desarrollado el vínculo de amor hacia ellos y sentimos la necesidad de protegerlos, necesitamos mantener un vínculo amoros, empáyico y sólido con ellos además de brindarles una educación sexual oportuna y adecuada. Desde muy pequeños, tenemos que educarlos con respeto a la integridad de sus cuerpos y sus emociones, y es nuestra obligación informarnos e informarles sobre los riesgos y el modo de prevenirlos.
Escuha aquí la entrevista sobre abuso sexual infantil hecha a Angelita López, psicóloga de la Oficina Nacional de Denuncia del Niño Maltratado (FONDENIMA)
Algunos datos importantes que debemos conocer sobre el abuso sexual infantil
• El abuso sexual infantil ocurre con más frecuencia de lo que imaginamos en todas las culturas, todas las clases sociales y sus consecuencias son devastadoras.
• El abuso sexual en menores de edad incluye cualquier conducta a través de la cual el niño, niña o adolescente es usado para la estimulación sexual de un adulto e incluso de un adolescente, con hechos que van desde actos lascivos como caricias y manoseos, hasta la penetración, así como exponerlos a la pornografía o a escenas sexuales no aptas para su edad.
• El abusador puede usar fuerza física, soborno, intimidación, trucos o aprovechar la falta de conocimiento del niño para manipularlo.
• El que abusa sexualmente de los niños frecuentemente resulta ser una persona de autoridad en la que el niño confía y ama. Puede ser una persona aparentemente respetable y normal. En el noventa y cinco por ciento de los casos el abusador es hombre. En el cinco por ciento de los casos el abusador es mujer.
• Por lo general el abuso no constituye un hecho aislado y pasa desapercibido. Bajo la perniciosa protección del silencio, el abuso sexual infantil puede sostenerse a lo largo de los años.
• Los lugares donde estos abusos ocurren con mayor frecuencia suelen ser donde más seguros creemos que pueden estar los niños, niñas y adolescentes, como la casa, la escuela, centros deportivos, la iglesia.
• Aunque en el noventa y ocho por ciento de los casos de abuso sexual infantil la víctima conoce a su agresor (maestro, maestra, madrastra, padre, padrastro, hermano, hermana, tío, tía, primo o prima, abuelo, vecino…) también existen casos de abuso donde el victimario es una persona desconocida, por lo que siempre se les debe advertir a los niños, niñas y adolescentes que no deben aceptar conversaciones con extraños, ni regalos ni invitaciones a paseos, ni en persona, ni por internet.
• De la misma manera en que enseñas a los niños, niñas y adolescentes a evitar accidentes, o les explicas cómo cruzar la calle, también debes enseñarles cómo protegerse contra el abuso sexual.
• Explícale al niño, niña o adolescente qué es el abuso sexual infantil del modo más sencillo y concreto posible. Infórmale que algunos adultos o personas mayores que él o ella por muy de confianza que parezcan, podrían forzarlo a tener contacto físico incómodo o que los asuste. Explícale que nadie tiene por qué tocarle su cuerpo de un modo que le incomode. Enséñale a decir “no” y a pedir ayuda en caso de que eso ocurra.
• Explícale al niño, niña o adolescente que posiblemente esta clase de adultos le diga que lo que hagan debe quedar como un secreto entre ellos o le amenace con hecerle daño si revela el secreto. Aclárale que eso no es verdad, que esas amenazas no se cumplirán y que debe romper el silencio y hablar con un adulto de confianza que realmente los proteja.
• En muchos casos, adultos de la familia (madre, tios, parientes cercanos) conocen o intuyen el abuso sexual y no hacen nada para proteger al niño o la niña ni denuncian el caso.
• Los niños, niñas y adolescentes nunca mienten o inventan sobre experiencias de abuso sexual. Siempre debes creerles y protegerlos de inmediato.
• Los niños, niñas y adolescentes no son responsables ni tienen la culpa ni pueden evitar por sí solos el abuso sexual. Ellos necesitan la protección de los adultos que lo cuidan.
• Los síntomas de abuso sexual pueden ser: trastornos intestinales, orinarse o hacerse pupú encima, síntomas rectales o genitales como dolor al orinar o defecar, prurito o secreción vaginal (infecciones de transmisión sexual), trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa, dolores de cabeza repetitivos, pesadillas y problemas para dormir, dolores de estómago, rechazo a estar con la persona que abusa o de permanecer en el lugar donde es abusado, expresarse en un lenguaje referido al sexo o mostrar conductas sexuales precoces o anormales para su edad, presentar miedos excesivos, retraimiento, aislamiento de las actividades normales.
• Si detectas síntomas o el niño, niña o adolescente te cuenta sobre alguna situación de abuso sexual, nunca lo culpes o responsabilices por esta situación. Dale confianza y tranquilidad para que hable. Conserva la calma y haz frente al problema. Busca orientación y atención médica inmediata y reporta el caso a las autoridades.
• Evitar el castigo físico y humillante, fortalecer el vínculo a través de la disposición y compromiso emocional con nuestros hijos e hijas, hacer seguimiento constante y mantenerse conectados y disponibles para cubrir las necesidades de los niños niñas y adolescentes, fomentar una adecuada comunicación y una apropiada educación sexual desde temprana edad, son las mejores vías de prevención contra el abuso sexual infantil.
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