CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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martes, 25 de junio de 2019

Bienvenidos los que agradecen el cable a tierra

El cambio de paradigmas provoca fuertes resistencias. Abandonar viejos esquemas entraña uno de los mayores retos de la evolución y la expansión de la consciencia. Promover espacios reflexivos para cambiar la actitud hacia la infancia no es hablar de métodos, técnicas o tips, es un trabajo profundo de transformación de paradigma y ampliación de consciencia. 

Es por eso que hablar sobre las reales necesidades de los niños, desmontar creencias falsas y limitantes respecto a la real naturaleza de la infancia, en un mundo adultocentrista, a menudo resulta como darle con un palo al avispero... Creo que cuando hablamos sobre verdades incómodas es inevitable ser políticamente incorrectos. Digamos que me considero miembro vitalicio del club de los políticamente incorrectos y que lamento si piso callos, porque realmente no es mi intención pisar callos, al menos no mi intención premeditada. Mi intención consciente es hablar por los más pequeños. Que ya los adultos tenemos de sobra recursos, poder, espacios para defender nuestros puntos de vista, nuestros derechos... Que mi invitación permanente consiste en hacer pausas reflexivas para redirigir el foco a interpretar adecuadamente la vivencia infantil, sus puntos de vista, comprender la lógica del niño. Que no disfruto pisando callos, pero sí estoy convencida de que los niños necesitan más adultos que se pongan de su parte. Ellos no pueden tomar la palabra en una conferencia, en redes sociales o salir con carteles a hacer protestas frente a las instancias correspondientes para reclamar su derecho a dormir o escolarizarse sin pasar angustia, a recibir buenos tratos, para que respeten su derecho a ser niños, el derecho inalienable a preservar su ser esencial. Los niños dependen de los adultos para ser validados, amados, cuidados, protegidos, tal y como esperan y necesitan. Entonces mi objetivo es servir a los niños como portavoz. Lo de pisar callos es un efecto colateral.

Siempre hay personas que quieren que les digan lo que esperan escuchar, y también personas que agradecen el cable a tierra. Si eres de las que agradecen el cable a tierra, en mis espacios puedes encontrar oportunidades de transformación. 


Berna Iskandar @conocemimundo

conocemimundo@gmail.com

jueves, 12 de julio de 2018

Madres que amamantan en espacios públicos


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Ante la polémica que aún en pleno siglo XXI provocan las escenas de madres que amamantan en público o amamantan a niños mayores de seis meses o un año, siempre recuerdo que podemos desde nuestras limitaciones, inhibiciones, rigidez moral o sexual, opinar lo que nos parezca. Somos libres de opinar, claro que sí, mientras tengamos el criterio suficiente de guardarnos dichas opiniones frente a una mamá que amamanta o frente a su hijo, causando incomodidad, vergüenza y culpa en el pequeño o la madre, por una función propia y vital de nuestra especie que antes de que existiera la industria de sucedáneos de la leche materna se practicaba hasta los 4 a 7 años de vida de las criaturas de un modo natural y público.... Tenemos memoria muy frágil. Cualquier multinacional con campañas agresivas nos puede hacer olvidar la verdad y hacernos creer y hacer cualquier cosa que les suponga enormes réditos.

Es desconcertante encontrase en todas partes del mundo no solo opinólogos de oficio, pero sobre todo profesionales de salud como pediatras, odontopediatras, enfermeras ... orquestados con estas multinacionales, torpedeando sistemáticamente la salud pública con cientos de falaces y rocambolescos argumentos para desaconsejar la lactancia materna. Incluso publicados en artículos de revistas pediátricas que circulan dentro de los centros de salud.
Por favor futuras mamás o mamás recientes, lean las recomendaciones de la OMS, busquen apoyo con asesoras de lactancia.

Nota: La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan lactancia materna exclusiva (sin otros alimentos ni agua) hasta 6 meses y lactancia materna complementada hasta 2 años O MÁS (hasta cuando madre y niño decidan)

Berna Iskandar @conocemimundo 
Fotografía gabyriva.com


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martes, 27 de septiembre de 2016

Es de mala educación obligar a los niños a saludar






A propósito de obligar a los niños a saludar o besar a los demás. Es un contrasentido pretender transmitir buenos modales forzando, provocando miedo, dolor,  humillación, censurando y desconectando con el humor de las criaturas. Hacer algo así es de muy mala educación. 


Es importante tener clara la diferencia entre una orden y una invitación amable, respetuosa con los ritmos y las procesos emocionales del niño. Si quieres transmitir valores de respeto y empatía, comienza por dar el ejemplo tratando a los niños con la consideración y el respeto que merecen. 




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martes, 19 de julio de 2016

Nuestros recursos emocionales para amar y criar





Los niños nacen con capacidad plena de amar. Esperan, merecen, necesitan recibir amor incondicional para nutrir dicha capacidad innata y desplegarla en todo su esplendor. 

Para un bebé o niño pequeño la ecuación es sencilla.  Las experiencias de placer, la satisfacción inmediata de sus necesidades de contacto, nutrición epidérmica, cuerpo materno, leche y succión tranquilizante del pecho a demanda, estimulación, mirada, presencia segurizante y amparo constantes -en resumen, el vínculo de apego seguro-  equivale a sentirse amado incondicionalmente. Cuando no obtiene lo que necesita la experiencia subjetiva de un niño  -mientras más pequeño y vulnerable, más intensa- es de miedo, abandono, soledad, hostilidad, es decir, violencia.  

Sin embargo nuestra civilización atravesada por doctrinas hostiles a la infancia, condiciona una mirada ajena a la esencia infantil, a sus necesidades legítimas.  Sobre estos idearios se han establecido y mantenido durante milenios modelos de crianza insanos que imponen una demoledora distancia entre lo que una criatura humana, mamífera, altricial espera o necesita y lo que recibe.  En la medida en que el niño no recibe lo que espera o necesita, atraviesa experiencias sufrientes, miedo, soledad, hostilidad y se ve ante la necesidad de desplegar mecanismos de salvataje o de sobrevivencia para obtener seguridad. Se establece el devastador sismo original de la herida primal que luego hace réplica el resto de la vida. Neurosis, adicciones, depresión, ansiedad, hambre de poder, indefensión, sometimiento, consumos excesivos, accidentes emocionales, enfermedades, conflictos violentos, discapacidad para amar, empatizar y cuidar a los niños a nuestro cargo cuando devenimos padres… son algunas de tantas secuelas del modelo de crianza mayoritario basado en el desamor, la rigidez y el autoritarismo. 

Los adultos necesitamos reaprender a amar a los niños tal y como ellos esperan y necesitan ser amados. Para ello primero hay que estar dispuestos a registrar en qué medida fuimos realmente amados o desamparados, y cómo desde la propia experiencia de hostilidad en nuestra infancia que no somos capaces de reconocer o de nombrar ahora,  terminamos actuando desde un lugar inconsciente, desnutridos de recursos emocionales para amar y cuidar a los niños presentes a nuestro cargo, tal y como ellos esperan y necesitan. 

Si no logramos encontrar un lugar emocional desde donde validar, comprender, empatizar, acompañar, atender con paciencia los pedidos del niño presente a nuestro cargo, su soledad, sus miedos, sus llantos, sus gritos, sus berrinches, sus expresiones de disconformidad, su carácter inquieto, movedizo, explorador, su alma de niño… muy probablemente estamos respondiendo al resultado de nuestra propio miedo y soledad no atendidos oportunamente, de nuestras propias emociones y necesidades legítimas no validadas, nombradas ni satisfechas oportunamente y que ahora se actualizan perpetuando la transmisión de la herida primal a las nuevas generaciones. 

Es nuestra responsabilidad convertirnos en adultos capaces de criar a niños y niñas felices en lugar de niños y niñas que "nos hagan felices".  Niños y niñas en libertad para desplegarse en sintonía con su sí mismo, que permanezcan en contacto con su brújula interior, con su capacidad natural de amar, que mantengan intactos su valor, creatividad y pasión originales, el poder de pensar por sí mismos, para atreverse a explotar, crear y perseguir sus propios sueños. Impidamos que estas virtudes innatas sean cercenadas por nuestras propias necesidades narcisistas, nuestra desnutrición afectiva, soledad y miedos infantiles no acompañados oportunamente y no elaborados hasta ahora. Sanemos nuestras heridas primales  para evitar heredarlas a las nuevas generaciones. Amar incondicionalmente a las criaturas es urgente, es la única esperanza para la especie humana.  Encontremos nuestros recursos emocionales para amar y criar.




lunes, 7 de marzo de 2016

Los niños se convierten en lo que creemos que son




Los niños se convierten en aquello que creemos sobre ellos. Los niños construyen su auto imagen y su personalidad, según sea el discurso y trato, creencias, expectativas y mitologías psicológicas de sus padres o adultos cuidadores. Si asumimos que son pequeños tiranos, inherentemente malos, que nacen con el pecado original, etc., si nos basamos en doctrinas hostiles  religiosas, psicológicas y educativas asumiendo que son perversos polimorfos a quienes hay que frustrar para que no se conviertan en seres asociales, si partimos del principio de que no merecen que les expliquemos, informemos, relatemos constantemente la experiencia que les acontece, que les escuchemos y tomemos en cuenta su opinión o punto de vista, porque no confiamos en el desarrollo constante y progresivo de su capacidad de comprensión, si les  impedimos moverse, explorar, expresar disconformidad porque subestimamos su capacidad de inteligencia, instinto de supervivencia, de iniciativa, de sentido común, con lo cual nos centramos en reprimirlos sistemáticamente para supeditarlos  a nuestro control... entonces en eso se convertirán, porque les habremos cercenado las oportunidades, confianza y trato necesarios para florecer y haremos de estas creencias una profecía autocumplida.
Berna Iskandar 
 @conocemimundo

miércoles, 29 de abril de 2015

Ya sabe caminar pero quiere que lo cargue

Foto pixabay.com

“¡Andrea, te dije que no te voy a cargar, ya estás grande... o caminas o te dejo aquí!”, amenaza  su madre a la pequeña de casi 3 años. Andrea intenta seguirla, da unos cuantos pasos, se detiene, se desvía, queda rezagada, se cansa y se echa en el piso. Entonces la mamá la reprende, la agarra por un brazo y la arrastra. Una escena frecuente  protagonizada por familias en sitios públicos, con peques de 2 a 4 años que ya caminan, pero que piden que los carguen. Tendemos a creer que, por ser capaces de desplazarse solos, el pedido de los pequeños no es más que una señal de capricho y que no hay que dejarse manipular. Entonces se entabla una guerra para obligarlos, incluso apelando a recursos bastante cuestionables como llevarlos  arrastrados a la fuerza.  

¿Y será verdad eso de que sólo quieren que los carguen por capricho? Veamos qué nos dicen la observación, el sentido común y expertos como el pediatra y autor Carlos Gonzáles en su bestseller Bésame Mucho, Cómo Criar a Tus Hijos con Amor:

·    Investigaciones de Bowlby y Anderson (Inglaterra) y  Rheingold y Keene (Estados Unidos) demuestran que dicha conducta es universal en los niños y niñas de hasta 3 años de edad. Es decir, se trata de un rasgo evolutivo que responde a una razón vinculada a la madurez del niño. Un niño menor  de 3 años no está preparado aún para caminar al lado nuestro con el mismo ritmo y durante el mismo tiempo que es capaz de caminar un adulto. Si lo quieres comprobar, observa y compara la marcha de un niño pequeño con la del adulto que lo acompaña. Por cada paso que da el adulto, el pequeño necesita dar 2 o 3, además de la inversión de esfuerzo para mantener el equilibrio, orientación, coordinación, etc., necesaria para desplazarse.

·      El hecho de que el niño o niña ya sepa caminar no quiere decir que puede y tiene que hacerlo en cualquier circunstancia. Algo parecido ocurre con un adulto que sabe caminar e incluso correr pero no puede completar un maratón de 20 kilómetros sin que previamente haya desarrollado las capacidades para lograrlo. Los niños y niñas menores de 3 años todavía necesitan madurar algunas funciones físicas y psicológicas para caminar solos durante períodos largos. Son adquisiciones paulatinas que llevan tiempo y que, llegado el momento evolutivo, van a suceder de modo automático y con poca estimulación. Por lo tanto es un proceso que se logra por autorregulación y no con adiestramiento. Es decir: no hace falta enseñar, entrenar ni mucho menos empujar u obligarlos.

·      Algunas veces sí y otras veces no, puede ser que un niño o una niña  hasta los 3 años muestre, a ratos,más ganas o disposición de caminar. Esto no quiere decir que esté manipulando, sólo quiere decir que el pequeño pudiera estar temporalmente de buen humor o motivado por algo que le llama la atención

En conclusión, si queremos actuar con respeto hacia sus necesidades e integridad como personas, cuando salimos con niños pequeños al parque, de paseo, hacer diligencias, de compras, etc.,   aunque ya sepan caminar, debemos anticiparnos para atenderlos con paciencia y respeto en el momento que expresen cansancio o el deseo de ser llevados en brazos o en un cochecito.

Si todavía con toda esta explicación nos cuesta encontrar un lugar emocional desde donde sentir que un pequeño se cansa y pide brazos por razones legítimas y no por capricho, imaginemos si estuviéramos muy cansados, desorientados o aturdidos y una persona con más tamaño y más fuerza nos sometiera y arrastrara por el piso para llevarnos a otro lugar en contra de nuestra voluntad.

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miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Tienen que aprender a socializar?



Es común escuchar a las personas opinando sobre la necesidad de llevar a los niños  a guarderías o preescolares porque deben aprender a socializar. Así mismo algunos progenitores expresan preocupación frente al hecho de que los niños pequeños no se mantienen por más de diez minutos jugando con otros niños o sin pelearse por los juguetes.

Siempre hago hincapié en que necesitamos comprender cada etapa evolutiva de los niños, para saber cuándo se encuentran preparados para digerir determinados procesos o funciones y cuándo no. Es así como podremos basarnos sobre expectativas reales y evitar someterlos a exigencias desmedidas que provoquen interferencias en su desarrollo.
Antes de los tres años, un pequeño fundamentalmente necesita de la presencia e interacción constante con una figura vincular que sepa interpretar sus necesidades y cubrirlas de inmediato para nutrir un apego seguro. Un bebé hasta los tres años no ha desarrollado aún funciones complejas requeridas para interactuar o socializar con otros niños o personas distintas a sus figuras vinculares.  Sin embargo, como en otros aspectos del desarrollo infantil, alrededor del tema de la socialización y del juego, circulan falsas creencias y opiniones que, en el afán por educar según el orden social establecido, rara vez nos detenemos a cuestionar. 
Según coinciden distintos especialistas y lo explica la psicopediatra  y autora Rosa Jové en entrevista para pequemundo.es, los niños hasta alrededor de los tres o cuatro años  “no juegan con, sino al lado de”.  Jové usa el ejemplo de un grupo de niños de dos años en un arenal con cubos y palas.  Veríamos cómo cada uno juega por su cuenta haciendo lo suyo, aclara. A lo sumo un niño eventualmente le quitaría la pala al que tiene al lado…  o tal vez al ver cómo éste lanza una piedra, si le gusta, lo imitaría pero sin mantener interacción porque son muy pequeños para entender las reglas de juego. Agrega Rosa Jové, que los niños pequeños aprenden a socializar viendo cómo saludan sus padres, cómo hablan con los demás. La psicóloga infanto juvenil Yolanda González por su parte en su libro, Amar sin miedo a malcriar, explica que los niños antes de los tres años no tienen clara la noción de propiedad de los objetos porque se encuentran en una edad egocéntrica (lo que ven  y les llama la atención lo asumen como propio)  
Estos y otros rasgos evolutivos explican porqué los chiquitines de ese rango etario juegan en paralelo y no con otros niños. Así mismo podemos observar que los peques a partir de los tres o cuatro años sí que interactúan durante períodos mayores de tiempo, juegan juntos, intercambian, socializan. No hay más que observar a los pequeños. Ellos son como un libro abierto. Nos van arrojando las pistas en la medida en que adquieren la madurez cognitiva y psicológica para lograr determinadas funciones dentro de los tiempos propios de los hitos del desarrollo.
No es necesario empujar, forzar ni entrenar para que maduren. Todo llega en su momento. El hecho de pretender que un niño menor de tres a cuatro años socialice o aprenda a jugar con otros niños o preocuparse porque no lo hace y apuntarlos al preescolar o a la guardería para que lo consiga, se arraiga en expectativas irreales establecidas a partir de falacias y desinformación sobre las etapas evolutivas de los niños y sus necesidades legítimas.   

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