CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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sábado, 23 de febrero de 2019

¿Por qué la crianza nos agota?



Permítanme  repasar algunas causas que dificultan sostener y además disfrutar la función biológica y social más importante para la humanidad. Me refiero a la crianza propia de nuestra especie. La crianza que responde a las necesidades naturales de nuestro diseño filogenético mamífero, altricial, primate. La crianza de una especie nacida  del vientre y alimentada del pecho materno. La crianza de criaturas que llegan a este mundo completamente desprovistas de autonomía para sobrevivir. De todo el reino animal las más dependientes,  durante mayor tiempo,  de la inversión de energía, atención y de los minuciosos cuidados parentales, físicos y emocionales, hasta alcanzar la madurez propia de la adultez.   Una crianza en la que la nutrición afectiva, la presencia y el vínculo seguro proporcionados por la figura meternante comportan la base para desplegar el sistema empático inscrito en nuestros genes, perfectamente pensado por la naturaleza para asegurar la convivencia gregaria de ayuda mutua y cooperación como dinámica de preservación y desarrollo de los seres humanos en equilibrio con su entorno.  

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué siendo la empatía un sistema inscrito en nuestro diseño filogenético, nos cuesta conectar con los niños y niñas a nuestro cargo, sentirlos y satisfacer minuciosamente sus necesidades?. ¿Cómo algo que nos es propio y debería suceder espontáneamente, nos cuesta tanto?.


El reto de conectar y permanecer con nuestras crías


Sin ser conscientes del origen, la crianza a menudo duele, nos quema por dentro. Desde la sombra, nuestra propia infancia herida de soledad y miedo grabado a fuego a partir de la falta de respuesta sensible a nuestras necesidades y deseos; a partir del malestar por la falta de respeto a nuestros ritmos y pulsiones, se manifiesta. La vivencia que no ha sido nombrada, validada, satisfecha por nuestros adultos de referencia y por tanto tampoco ordenada en nuestra consciencia,  se activa constantemente y sin que seamos  capaces de distinguir su origen, frente a las demandas de necesidades incuestionables de las criaturas presentes a nuestro cargo. 

En el marco de nuestro escenario subjetivo, supone una de las causas más importantes de cara a la discapacidad como adultos cuidadores para permanecer con los niños a nuestro cargo. Queremos salir corriendo a hacer cosas fuera del vínculo (profesión, negocios, estudios, vida social…) con los niños y niñas.  Sus lloros, la manifestación de disconformidad ante lo que no les encaja o los aleja del equilibrio vital, sus pedidos de pecho, de cuerpo materno, de mirada, sus pulsiones vitales, su potente despliegue de energía y movimiento,  nos remiten a la criatura conectada con su esencia infantil que un día teníamos que haber sido y en cambio terminamos crónica y dolorosamente apagadas, reprimidas, inhibidas con amenazas, falsos juicios sobre nuestras necesidades, exiliadas del territorio emocional de nuestros amados padres, sintiéndonos muy solas, asustadas y llenas de culpa sembrada con el autoritarismo, la desconexión y la distancia afectiva de adultos empeñados en conquistar nuestras necesidades incuestionables,  nuestro confort a favor de su comodidad. Adultos que con el afán de calmar su dolor infantil no registrado, su cansancio, su desesperación, su incomodidad, su molestia, nos obligaron a callar, aguantar, complacer, alejándonos de la propia esencia, apagándonos como hicieron los tatarabuelos a los bisabuelos y estos a los abuelos y estos a nuestros padres y estos a nosotros y nosotros a nuestros hijos e hijas y estos a los suyos… .   

¿Cuándo y cómo dejamos de responder a nuestras sabiduría ancestral para sustituir la crianza mamífera por mandatos culturales basados en creencias alejadas de la naturaleza y las necesidades reales de las criaturas humanas?, ¿cuáles son esas creencias o constructos falsos que nos mantienes alejados de la posibilidad de cuidar a las criaturas como esperan y necesitan?. Un par de buenas preguntas sobre las que todos deberíamos indagar y que dan de sí para el desarrollo de un libro entero. Sin embargo, frente a la evidencia empírica no hacen falta muchos libros, ni el desarrollo de teorías ni parámetros científicos complejos.   Observando al niño como referencia no hay mucho que explicar para darse cuenta de que están conectados con su esencia vital, sus pulsiones, siempre reclamando lo que necesitan. Que cuando lo reciben se calman, están tranquilos, satisfechos, en equilibrio. Cuando no, lo reclaman una y otra vez con los medios de expresión a su alcance a su corta edad. Que son inherentemente inmaduros, escasamente autónomos y no pueden, no saben, no tienen psiquismo para esperar a ser satisfechos en sus necesidades incuestionables. Los adultos sí que deberíamos poder hacerlo. Desde un lugar emocional y mental maduro, estaríamos en condiciones para gestionar nuestras prioridades a favor de la atención de los niños a nuestro cargo. Pero lo que nos pasó cuando fuimos niños, nos deja discapacitados emocionalmente para sentir, comprender  y actuar espontáneamente tal y como nos corresponde en armonía con el orden natural.     Cuando somos niños dependientes e inmaduros es el momento de recibir y cuando devenimos adultos, es el momento de dar. Un niño satisfecho en sus necesidades lo demuestra con su conducta. Es feliz, se siente amado, está en armonía. Si hemos sido colmados del amor y el cuidado que esperábamos en la infancia, más tarde en la adultez, estaremos listos para dar tanto como hemos recibido.  


La sobrecarga de las madres


El hecho de que ambas ocurran dentro de un mismo ámbito, no significa que crianza y labores domésticas sean una misma cosa. Por tanto, que una madre se encargue también de la casa cuando necesita principalmente volcarse casi por entero a la crianza -sobre todo de niños pequeños muy dependientes de sus cuidados- comporta un factor de agotamiento perfectamente evitable que dinamita la posibilidad de establecer un vínculo de calidad mamá- bebé. 

Suponer que por suceder en el hogar, la crianza equivale también a limpiar, ordenar, lavar, planchar, cocinar para toda la familia, hacer el mercado, planificar las gestiones domésticas, dejando a las madres solas y sobrecargadas con responsabilidades añadidas en una repartición desigual de obligaciones o tareas, socava la salud mental no solo de la mujer sino de los seres humanos a su cargo en un periodo delicado y definitivo de formación en el cual la presencia y la conexión emocional de las madres con sus hijos, es prioritaria y fundamental. 



Todos, seamos o no progenitores, estamos llamados a apoyar una crianza amorosa

Para criar a un niño hace falta la tribu entera, reza sabiamente un dicho Africano. Sin embargo  la forma en que nos hemos organizado en la civilización occidental moderna, se aleja considerablemente de nuestro formato original de especie gregaria, cuyo desarrollo y bienestar depende de la ayuda mutua y la cooperación del grupo, sociedad, tribu, red de apoyo.

En el mejor de los casos vivimos en hogares nucleares aislados donde mamá y papá cuando no mamá sola se hace cargo de la crianza. Hemos perdido la tribu conformada por la familia extensa (abuelos, tíos, vecinos, amigos…)  que coparticipaba en el cuidado de la manada de niños, una tarea bastante demandante que se hace más leve, sostenible y saludable con la participación amorosa y altruista de todos los miembros de la sociedad.

¿Y quienes son los responsables y pueden cambiar este orden patológico social en aras de recuperar la armonía?, nosotros mismos. El sistema no es un entramado ajeno a nuestro escenario personal,  cada uno de nosotros hace parte de él, lo construye, lo aceita y lo mantiene funcionando. ¿Cómo lo cambiamos?, dándonos cuenta del modo en que lo hemos montado o somos funcionales a este. Actuando para dejar de retroalimentarlo.  Cuestionando lo naturalizado, ampliado miradas, repensando, proponiendo entre todos nuevos escenarios y posibilidades. ¿Es fácil?, no, pero tampoco imposible. De lo que no cabe duda es que urge comenzar con el cambio.


Berna Iskandar @conocemimundo

conocemimundo@gmail.com

jueves, 12 de julio de 2018

Madres que amamantan en espacios públicos


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Ante la polémica que aún en pleno siglo XXI provocan las escenas de madres que amamantan en público o amamantan a niños mayores de seis meses o un año, siempre recuerdo que podemos desde nuestras limitaciones, inhibiciones, rigidez moral o sexual, opinar lo que nos parezca. Somos libres de opinar, claro que sí, mientras tengamos el criterio suficiente de guardarnos dichas opiniones frente a una mamá que amamanta o frente a su hijo, causando incomodidad, vergüenza y culpa en el pequeño o la madre, por una función propia y vital de nuestra especie que antes de que existiera la industria de sucedáneos de la leche materna se practicaba hasta los 4 a 7 años de vida de las criaturas de un modo natural y público.... Tenemos memoria muy frágil. Cualquier multinacional con campañas agresivas nos puede hacer olvidar la verdad y hacernos creer y hacer cualquier cosa que les suponga enormes réditos.

Es desconcertante encontrase en todas partes del mundo no solo opinólogos de oficio, pero sobre todo profesionales de salud como pediatras, odontopediatras, enfermeras ... orquestados con estas multinacionales, torpedeando sistemáticamente la salud pública con cientos de falaces y rocambolescos argumentos para desaconsejar la lactancia materna. Incluso publicados en artículos de revistas pediátricas que circulan dentro de los centros de salud.
Por favor futuras mamás o mamás recientes, lean las recomendaciones de la OMS, busquen apoyo con asesoras de lactancia.

Nota: La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan lactancia materna exclusiva (sin otros alimentos ni agua) hasta 6 meses y lactancia materna complementada hasta 2 años O MÁS (hasta cuando madre y niño decidan)

Berna Iskandar @conocemimundo 
Fotografía gabyriva.com


Twitter. @conocemimundo
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martes, 14 de enero de 2014

Una madre siempre sabe

Autor: Dementi Shmarinov (1907-1999)
Fecha: 1957 Tomada del blog http://el-arte-de-ser-madre.blogspot.com/
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Una madre siempre sabe lo que su hijo necesita. Una madre sí que sabe qué es lo correcto para su hijo cuando permite  que su instinto y su corazón actúen al margen de los mandatos de la puericultura autoritaria imperante, organizada principalmente para satisfacer la comodidad del adulto.  Una madre sabría  responder intuitivamente a los pedidos de su hijo o hija, de no encontrarse presa tras los condicionamientos de una pedagogía anacrónica presente a lo largo y ancho del planeta, que veta todo intento de ponerse en el lugar del niño, que censura todo esfuerzo por empatizar, comprender sus necesidades legítimas para satisfacerlas de un modo inmediato, altruista, desinteresado.

Tengo la convicción de  que ninguna madre con el permiso suficiente para mantenerse conectada con su instinto, podría sentirse tranquila
si dejara a un hijo llorando en la cuna o pasando miedo en solitario dentro de su habitación, para que "no se malcríe" o aprenda a tolerar frustraciones, como pretende establecer la conseja popular. Tengo la convicción de que una madre conectada con su instinto sería capaz de sacar todo su poder para defender a su cría de tales opiniones predadoras.

Es inconmensurable el daño que, muchas veces con buenas intenciones, causan profesionales de salud,  familiares, sociedad, empujando constantemente  a las mamás en dirección contraria a las pulsiones  naturales de apegarse a sus crías y responder a sus pedidos de consuelo, presencia, nutrición afectiva. Puedo dar fe de ello. Casi a diario recibo inquietudes de nuevas mamás confundidas, divididas entre el llamado que su instinto reclama y las voces de familiares, de pediatras y opinólogos diciendo: no cargues tanto a ese muchacho que lo vas a mal acostumbrar; déjalo que llore para que aprenda a quedarse sólo; para qué le das pecho si eso te cansa demasiado y no lo llena, complétale con tetero; no seas permisiva, dale una nalgada para que aprenda a  respetar los límites”…  Duele aún más ver cuando una madre pierde la batalla y entrega a sus hijos haciéndolos presas de un orden  social patológico basado en creencias absurdas, cuestionables. Madres aturdidas por el abrumador parloteo  que impide escuchar, valorar, respetar al sabio llamado del instinto.

Yo también tengo un sueño. Ojalá llegue el día en que el instinto materno sea resignificado y respetado por todos, hombres y mujeres, desde la conciencia que comporta este sagrado e invalorable regalo de la naturaleza para la creación de la vida y la preservación de nuestra especie en perfecta armonía con su entorno. Espero que ese día no esté muy lejos.
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viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Autorregulación o entrenamiento?


Decía John Stuart Mill, que la presión social constituye una amenaza mucho más grande para la libertad, que los decretos de cualquier tirano.  Y es precisamente  la presión social, la que a menudo, nos induce a violentar los propios ritmos madurativos de nuestros hijos durante la crianza. Lo hacemos de infinitas maneras que pasan desapercibidas. Para darnos cuenta necesitamos usar unos lentes muy especiales.
Veamos. Así como nadie tiene que enseñar a un recién nacido a respirar, ni a llorar,   tampoco hay que enseñar a un niño pequeño cómo o cuántas veces pegarse al pecho de la madre. Tampoco hay que enseñarlo a dormir, orinar o hacer caca,  ni a comer, ni a caminar. Para que cualquier individuo de la especie animal -incluido el humano-  adquiera y desarrolle las conductas naturales de su especie, no es necesario forzar ni entrenar.  Si el individuo es sano y no presenta patologías, consolidará dichas conductas por autorregulación. Escribir o tocar el piano, por ejemplo, pueden ser habilidades que requieran ser aprendidas con uno u otro método. Pero al igual que un pez comienza a nadar y un ciervo recién nacido comienza a andar,  las actividades naturales de los humanos surgen y se consolidan por autorregulación y no por entrenamiento.
El sueño y la alimentación infantil, así como el control de esfínteres o retirada del pañal, son los aspectos de la crianza donde con más frecuencia es violentado el proceso  de autorregulación de los pequeños. Y esto lo hacemos respondiendo a la presión social, que intenta imponer pautas externas creadas por una cultura o civilización  cada vez más desconectada con los ritmos y procesos naturales.
Amamantar con horarios o tiempos preestablecidos que no responden a las demandas del bebé, garantiza el fracaso de la lactancia materna y con ello arrancar al niño de la fuente óptima para construir aspectos neurálgicos de su salud emocional y física, presente y futura. 
Queremos que los pequeños duerman toda la noche de un tirón para que se acoplen con nuestra rutina adulta, pero un niño no puede tener el mismo comportamiento para dormir que tiene un adulto, porque aún no ha adquirido las mismas etapas de sueño. Un pequeño hasta los cinco años, se despierta con frecuencia por razones de sobrevivencia. De hecho los adultos experimentamos micro despertares nocturnos, entre otras razones, para reconocer las amenazas del ambiente, pero ya estamos aptos para volvernos a dormir solos, incluso sin darnos cuenta. En cambio los niños pequeños, que aún no han adquirido la capacidad de conciliar de nuevo el sueño por ellos mismos, necesitan llamar a sus padres toda vez que se despiertan. ¿Por qué?: para no morir de una hipoglucemia o asfixiados  o porque no cuentan con los recursos psicológicos para gestionar por sí solos el miedo y el desamparo que experimentan alejados del cuerpo que les da calor y seguridad.
Con el control de esfínteres pasa otro tanto. Los pequeños necesitan alcanzar la madurez fisiológica y psicológica que, según los expertos  -tomando en cuenta las diferencias interindividuales- se consolida alrededor de los dos a los cinco años.  Forzar la retirada del pañal cuando el niño no está preparado para ello neurológica, fisiológica o psicológicamente, equivale a violentarlo y seguramente traerá secuelas.
Criar sin violencia no significa únicamente proscribir los gritos o el castigo físico. También significa respetar el ritmo evolutivo individual de cada niño, preservándolo de la presión social con sus ritmos inyectados desde afuera,  que nada tienen que ver con las genuinas necesidades de desarrollo de los pequeños. Si desde niños somos forzados a divorciarnos de nuestros ritmos naturales y a desoír nuestro cuerpo,  el resultado será la pérdida de conexión con la propia sabiduría e intuición.  




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@conocemimundo

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Soy lactivista


¿Sabían que según declaraciones de UNICEF  un millón de muertes de niños menores de 5 años en el mundo son evitables con lactancia materna? 


¿Sabían que según cifras de UNICEF, un niño que no es amamantado, tiene 14 veces más probabilidades de morir durante los 6 primeros meses?  


¿Sabían que OMS advierte que sólo un tercio de los bebés en todo el mundo reciben lactancia durante los primeros 6 meses? 


¿Sabían que según UNICEF el principal obstáculo para la difusión de la #lactancia materna es la comercialización de sucedáneos de la leche? 


 ¿Sabían que altos representantes de UNICEF han declarado públicamente que si se protegiera a las mujeres de la comercialización agresiva de los sustitutos de la leche materna, más niños sobrevivirían?... 


Por eso y más, soy lactivista, y no quiero ni autorizo que vinculen mi nombre ni mi trabajo o publicaciones, con teteros , biberones, fórmulas,  ni empresas, laboratorios, etc., que no se apegan al Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna establecido por la OMS y UNICEF



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sábado, 22 de octubre de 2011

La Liga de La Leche Venezuela en Conoce Mi Mundo



Dice el doctor Carlos González, pediatra español, en su libro “Un regalo para toda la vida”, que la lactancia no es una delicada flor de invernadero sino una de las funciones más robustas del ser humano. Dice que el hecho de que una madre realmente  no pueda amamantar, debería ser una rara excepción al igual que el caso de un riñón que deja de funcionar. Dice que las abuelas, tatarabuelas y bisabuelas en épocas de guerra, vivían el estrés permanente de no saber si tendrían para comer al día siguiente y sin embargo, la mayoría de ellas, seguía amamantando a sus hijos e hijas a lo largo de los primeros años de vida. Hoy, para que una madre logre una lactancia exitosa y durante el mayor tiempo posible (OMS recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva y luego hasta los dos años o más complementada con otros alimentos), tiene que enfrentarse a una enorme cantidad de presiones y dificultades impuestas por la familia y la sociedad que las empuja  a despegarse a sus bebés del pecho, incluso, apenas nacen. En casi todos las maternidades y centros de salud, en lugar de favorecer que el recién nacido se prenda del pecho materno, inmediatamente después del parto o nacimiento, le enchufan un tetero con leche de vaca (fórmula), sin preguntarle a los padres si están o no de acuerdo.
Es así que en este  mundo patas arriba,  como si hubiera algo que explicar, como si hubiera algo de que convencer a los humanos quienes somos mamíferos por definición, ha surgido la necesidad de  organizaciones y personas dedicadas a promover, proteger y defender la lactancia materna. Lactivistas  que han tenido que dedicarse a la tarea de promover la lactancia y apoyar a las madres para que hagan lo que por naturaleza han sabido hacer y han hecho sin problemas a lo largo de cientos de miles de generaciones, porque es lo natural y porque es lo que necesitan los pequeños para alcanzar un desarrollo físico y emocional sano, pero que lamentablemente desde hace poco más de medio siglo para acá, desde que al mundo se le dice “moderno”, se ha convertido en una ruta plagada de obstáculos, mitos, falsas creencias y por lo tanto poco transitada en la crianza.

Hoy nos acompañan dos mujeres dedicadas a este trabajo tan importante para la humanidad como lo es promover la lactancia materna y asistir a las madres para favorecer una lactancia exitosa. Ellas son Carolina Tredinick y Sharon Taurel, líderes voluntarias  de La Liga De La Leche de Venezuela.  Carolina y Sharon llenan el estudio de la Emisora Cultural de Caracas con su magnífica presencia y la de Erik, el bebé de tres meses de Sharon, que se mantuvo tranquilo y feliz a lo largo del programa (por estar donde todo bebé necesita estar: pegado al cuerpo y prendido al pecho de su madre...) y así, relajados todos y felices, nos contaron cuáles son las actividades en Venezuela de la organización que representan y nos hablaron  de las Primeras Jornadas Internacionales de Lactancia Materna, Alimentación Infantil y Crianza a celebrarse el sábado 29 y domingo 30 de octubre del 2011 en Caracas y que además de una gama de invitados nacionales de lujo, tendrá como invitado internacional nada menos que al mismísimo doctor Carlos González, a quien citamos al principio de esta entrada y a lo largo de más de cinco años de divulgación sobre temas de crianza respetuosa desde Conoce Mi Mundo, autor también de "Mi niño no me come" y del bestseller “Bésame Mucho”, entre otros fabulosos libros, y quien por primera vez visita Venezuela para asistir a estas jornadas.

Pulsa el player y entérate de los detalles en nuestro podcast de esta emisión ampliada

Enlaces y contactos
Página Web de la Liga de la Leche Venezuela e información sobre Jornadas del 29 y 30

Correos electrónicos de La Liga de la Leche Venezuela:


Télefono de La Liga de la Leche Venezuela:
58- 212-5801250