CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

lunes, 3 de octubre de 2016

Educación sexual consciente

 


La sexualidad es más que genitalidad, reproducción o control de natalidad. Cuando hablamos de sexualidad nos referimos a aspectos que atraviesan múltiples dimensiones de la vida. La sexualidad comienza cuando somos concebidos. Somos seres inherentemente sexuales. Partimos de dos células sexuales que se unen y multiplican para constituir el cuerpo que tenemos. La sexualidad se manifiesta y desarrolla en todas las facetas y edades. El parto es una experiencia sexual. Desde que se produce el contacto placentero del recién nacido con el cuerpo de la madre o cuando se alimenta de su pecho, se tranquiliza con su olor y el contacto con su piel, ya estamos frente a experiencias sexuales. La educación sexual también se vincula con el modo en que asumimos culturalmente los roles según sea el sexo (mujer o varón).

La manera de encarar todas estas experiencias es parte fundamental de la educación sexual. La educación sexual es un proceso, que seamos conscientes de ello o no, estamos impartiendo desde el nacimiento. Los niños y jóvenes perciben cuando algo nos incomoda o resulta un tema tabú, con lo cual pueden inhibirse de hacer preguntas o de establecer comunicación con sus adultos cuidadores para pedir orientación o respuesta a preguntas que surgen fruto de su curiosidad natural en la medida en que van descubriendo experiencias.

Nuestra actitud como criadores y educadores transmite información sobre la valoración de la sexualidad. Por ello es importante el acompañamiento y la comunicación abierta de forma continua con los hijos e hijas. Pero para entablar una aproximación saludable con nuestros hijos frente a su desarrollo sexual, lo primero que necesitamos hacer los padres es revisar y superar nuestras propias represiones,  miedos e inhibiciones. Es poco lo que podemos hacer en beneficio de un despliegue consciente de la sexualidad de nuestros hijos e hijas, sin antes revisar los propios prejuicios, mitologías, así como el grado de rigidez y de autoritarismo que hemos internalizado.



Comparto a continuación algunos aspectos importantes a tomar en cuenta recogidos de distintos expertos en el tema:

-Conviene usar términos fisiológicos correctos, desde el principio, cuando hablemos sobre sexo con los niños, niñas y adolescentes (óvulo, esperma, pene, vagina, nalga).
-Se desaconseja responder con mentiras (los bebés nacen en un repollito o los trae la cigüeña) Si no nos sentimos preparados para responder a una pregunta que surja  en el momento, podemos explicar al niño/a, o adolescente que no tenemos la respuesta pero que cuando la tengamos se la daremos. Es importante cumplir con la promesa de responder.
-Usando un lenguaje que el niño/a pueda entender según su momento evolutivo y con explicaciones sencillas y concretas, vamos respondiendo cada pregunta en la medida en que la planteen. Si preguntan de dónde vienen los niños, podemos decir de la barriguita de mamá, si luego  preguntan cómo se hacen, le podemos decir un papá y una mamá se besan, se abrazan se quitan la ropa y el papá pone el pene en la vagina de la mamá, del pene del papá sale un líquido que tiene muchos espermatozoides, el más rápido y fuerte se encuentra con un óvulo de la mamá y así es como empieza a crecer y a formarse el bebé en la barriga de la mamá. Si preguntan cómo salí de la barriga podemos comenzar explicando que las mujeres tienen tres orificios, uno para hacer caca, otro para orinar  y otro para que salgan los bebés. Si piden más explicaciones podemos ayudarnos con las ilustraciones de un cuento o un libro infantil sobre el tema.
-La curiosidad sobre la diferencia entre los cuerpos según el sexo aparece en torno a los dos o tres años de edad. Puede aprovecharse la oportunidad cuando el niño o niña vea el cuerpo desnudo de mamá, de papá o de una amiguita o hermanito y comience a hacer preguntas. Les podemos responder que los hombres y las mujeres tienen cuerpos diferentes. “Mamá tiene dos senos o tetas o pechos porque las mujeres damos la leche a los bebés, tú no los tienes porque eres varón”.
Los niños y niñas alrededor de los tres a cuatro años, en algunos casos, descubren que sus genitales producen placer por lo que comienzan a estimularse o masturbarse. Frente a esta evidencia los padres o adultos cuidadores tienden a regañar, reprimir, inhibir. Lo saludable es abordar la situación de un modo natural, respetuoso, sin castigar ni regañar, evitando que el niño o la niña sienta culpa, vergüenza, malestar o sienta que está haciendo algo malo. Si nos preocupa que lo haga en público podemos decir yo sé que te sientes bien rozándote así, pero es algo que se hace en privado cuando estés sola en tu cuarto o en el baño. Puede recordársele con gentileza que hay cosas, como hurgarse la nariz o eructar, que es mejor a veces, no hacer frente a otros.
-Aprovechemos las oportunidades que traen las experiencias cotidianas para hablar sobre sexo de acuerdo a la edad de cada niño o adolescente (un embarazo en la familia, alguna escena de parejas besándose o acariciándose en la televisión, alguna controversia sobre el aborto en el noticiero) Podemos introducir la conversación con una pregunta: ¿qué te parece cómo se trata esta pareja?,  ¿qué crees que hacen? y aprovechar para hablarles sobre la cópula o la relación sexual, si el niño o niña ha hecho la pregunta.

-Explora cuánto sabe el niño, niña o adolescente sobre el tema antes de adelantarte a darle explicaciones. Pero también conviene reflexionar sobre el hecho de que no siempre hay que esperar a que el niño o adolescente  pregunte para hablarle sobre sexo. Es un tema muy importante como para ignorarlo o creer que si no preguntan,  no se habla de ello  porque nada está pasando que lo amerite.  Hay que partir del principio de que están pasando muchas cosas por la  mente, las emociones y las experiencias de los niños y adolescentes, debido por una lado a que la sexualidad es parte de la vida diaria y además porque hay un gran bombardeo de mensajes sexuales rodeándolos todo el tiempo. Con lo cual es mejor que seamos los padres y adultos responsables de su crianza, quienes acompañemos con información oportuna y veraz.






martes, 27 de septiembre de 2016

Confiar es la consigna



Una metáfora que remite a la importancia de respetar los tiempos que necesitan nuestros niños para adquirir por sí mismos los hitos de madurez biológica, psicológica y social (comer sentado en la mesa más tranquilo, dejar atrás los berrinches, dormir sin despertares nocturnos frecuentes o en habitación distinta de los padres, dejar los pañales, dejar de tocar todos los adornos, y un extendido etcétera) en lugar de empujarlos desde la presión externa para complacer nuestras expectativas y apuros de "independencia" dinamitando sus pulsiones vitales, su confianza básica y el contacto con su brújula interior. 
 
Foto tomada del FB de Fundacion Educación Emocional




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Premios, castigos, amenazas, recompensas; ¿para qué sirven?





Para adiestrar, pero no para educar. Los métodos punitivos como el castigo físico y psicológico puede que detengan una conducta en el momento, pero siempre generan repercusiones como la sumisión y la victimización o la rebeldía, porque siempre humillan y son percibidos por el niño como una experiencia violenta. No educan, no enseñan al niño por qué se hacen o no las cosas. Solo condicionan a reaccionar por estímulos externos, no ayudan a construir desde adentro una ética genuina y sostenible. Luego vemos a seres humanos que no se saben autorregular. Si no hay inminencia de un castigo o de recompensas no respetan las leyes o no cumplen con su deber. O se pliegan a órdenes y mandatos irracionales porque aprenden a obedecer ciegamente...  Vemos entonces cómo las personas irrespetan la luz roja del semáforo si no hay un policía que multe. No desarrollan el genuino deseo de cooperar porque no lograron comprender, no sienten que respetando la luz del semáforo contribuyen a mejorar la calidad de vida o porque quieren vivir en un entorno amable y hacen algo al respecto. O vemos personas que siguen ciegamente a líderes violentos u órdenes absurdas porque no desarrollaron la capacidad de pensar por sí mismas.

 Los premios, además, se me parecen mucho a un soborno: Si haces lo que te pido te lo doy, de lo contrario te lo quito. Entonces los niños estudian para sacar buenas notas y no por el placer o la satisfacción de aprender. Más adelante, cuando un compañero de la escuela les ofrezca una recompensa que consideren más atractiva para vender drogas, y la acepten, que no nos extrañe, porque para eso los condicionamos.

En conclusión, no puedo estar de acuerdo con métodos de adiestramiento canino para educar a seres humanos, porque a diferencia de los animales, los seres humanos contamos con el don de la razón, y en la medida en que la ejercitemos más, y desde más temprano, actuaremos razonablemente, con criterio propio, sentido común, en lugar de terminar robotizados, condicionados, adiestrados, inseguros, dependientes de la valoración exterior.

Dicho lo dicho, muchos se preguntarán: si no castigo ni premio ¿cómo educo?. Ciertamente la mayoría de los terrícolas procedemos de crianzas basadas en el adiestramiento y la obediencia donde los límites se asocian con el no constante, la represión y las estrategias punitivas con lo cual a la hora de criar o educar a los niños a nuestro cargo, no encontramos de dónde sacar otros referentes.  

Lamentablemente no existen recetas. Cada niño es único, cada vínculo es único y debe comprenderse desde la especificidad que lo define. Es necesario comprender que la conducta del niño nunca es mero capricho, siempre se explica por su relación con el adulto cuidador, su edad o momento evolutivo y las circunstancias que le rodean. Indaguemos tras la superficie para atender la causa y así redirigir la conducta.  Cuando comprendemos qué esperar o no en cada






Es de mala educación obligar a los niños a saludar






A propósito de obligar a los niños a saludar o besar a los demás. Es un contrasentido pretender transmitir buenos modales forzando, provocando miedo, dolor,  humillación, censurando y desconectando con el humor de las criaturas. Hacer algo así es de muy mala educación. 


Es importante tener clara la diferencia entre una orden y una invitación amable, respetuosa con los ritmos y las procesos emocionales del niño. Si quieres transmitir valores de respeto y empatía, comienza por dar el ejemplo tratando a los niños con la consideración y el respeto que merecen. 




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"El modelo de crianza en general es autoritario": Berna Iskandar


Entrevista en El Heraldo de Barranquilla


martes, 9 de agosto de 2016

Confianza básica y autoprotección

En una civilización que mayoritariamente basa la educación sobre las premisas del adiestramiento y la obediencia, muchos padres y adultos ven una amenaza cuando deberían ver una bendición en la expresión del deseo, las necesidades, la disconformidad y la iniciativas de acción, exploración y movimiento de los niños, manifestada de manera pura y total desde la raíz de su ser.  Fruto de patrones insanos de crianza transgeneracionales, hemos perdido de vista la conexión que existe entre esta habilidad natural, instintiva de las criaturas y el despliegue y fortaleza de sus  capacidades de autoprotección y su iniciativa de acción en sintonía consciente  con sus necesidades.

La prevención de las distintas formas de abuso a las que puede exponerse un ser humano durante su niñez, adolescencia y por el resto de su vida, se establece en la primera infancia, cuando los adultos cuidadores nos hacemos sensibles y nos mantenemos disponibles para prodigar la respuesta segurizante inmediata que el bebé/niño necesita y que pide instintivamente a través de mecanismos naturales de autoprotección como el llanto y otras formas de expresión de disconformidad. Cuando permitimos que  las criaturas desarrollen y fortalezcan la capacidad innata de manifestar sus deseos, emociones, lo que les gusta o no, así como la confianza de recurrir a sus adultos significativos para pedir ayuda.  Cuando los adultos permitimos o facilitamos al niño la posibilidad de autorregular sus biorritmos de hambre y saciedad, descanso, movimiento y acción exploratoria... en sintonía con su propia brújula interior, sintiéndose protagonista de los logros progresivos de autonomía que adquiere en su desarrollo.

De allí la enorme importancia de responder siempre al llanto del niño, validar sus emociones, su molestia, su disconformidad ofreciendo contención, alivio y seguridad. De establecer un vínculo robusto de apego seguro que permita al adulto cuidador interpretar sus necesidades físicas y emocionales, exploratorias y cubrirlas o facilitarlas de inmediato respetando sus ritmos sin imponerlos desde afuera porque ello se traduciría en el alejamiento de su contacto consigo mismo. Es así como haremos sentir y saber al niño que cuenta con personas de confianza a quienes recurrir frente a potenciales situaciones de riesgo o amenaza de abuso en su vida presente y futura. Es así como permitiremos que el niño desarrolle el autoconocimiento de su cuerpo, sus emociones, sus necesidades y la  propia iniciativa para responsabilizarse de ellas.

Respetar, siempre que sea posible, los gustos, deseos, elecciones, decisiones de las criaturas, permitir, validar la expresión de sus emociones, reconocerlas, nombrarlas sin juzgar —sean agradables o desagradables— acompañar respetuosamente sus procesos de afirmación de la individualidad, sus propias ideas aunque lo hagan desde la inmadurez propia de la edad mediante berrinches, etc.; abrir espacios para que manifieste su disconformidad siempre y cuando no constituya daño para sí mismos o para otros, permitirles decir NO, respetar sus ritmos madurativos, son las vías naturales para la consolidación de la seguridad, la autoconfianza, la conexión con la propia sabiduría intuitiva, el control sobre su propio cuerpo, sus deseos, sus necesidades y emociones. Es así como progresivamente las criaturas se van  haciendo conscientes de su cuerpo, deseos, emociones y de los factores internos y externos que lo alteran o equilibran, al tiempo que establecen acciones desde la propia iniciativa para intervenirlas y modificarlas, desarrollando progresivamente la propia sensación de capacidad y eficacia. 
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Todo esto permite a las criaturas integrar el hecho de que mediante su propia acción ejercen un efecto positivo para modificar condiciones que les generan insatisfacción, estableciendo la confianza básica que es lo contrario a la indefensión aprendida. Y este es el cimiento  de la autoestima, de la seguridad y la fortaleza emocional que le protegerá de los abusos en su vida presente y futura.