"...hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros..." Octavio Paz. El Cántaro Roto.

CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

jueves, 18 de abril de 2013

Lo que no se dice sobre el posparto o puerperio


A partir del nacimiento de un hijo, las mujeres ingresamos de pronto y sin aviso en un estado físico y psicológico potente, desconocido, perturbador. Un tramo crítico del camino de la crianza que a menudo atravesamos sin preparación ni conciencia de lo que implica en su profunda e inmensa dimensión y del que ni remotamente sospechamos en qué medida viene a transformarnos la propia vida y a determinar la vida de nuestros hijos e hijas.  Me refiero al puerperio.
El instinto materno, se despliega cuando nace nuestro hijo. En la medida en que los nacimientos sean menos intervenidos médicamente -es decir, según sean más respetados-  la oxitocina, la prolactina y otras hormonas responsables de orquestar el parto y la lactancia,  eclosionan también con el propósito de consolidar el vínculo mamá-bebé. Este complejo mecanismo diseñado por la sabia naturaleza, se encargará de que la madre enloquezca de amor por su cría y estreche potentes lazos que le impelen a interpretar y cubrir minuciosa, continua e inmediatamente sus necesidades así como protegerla de amenazas para garantizarle la sobrevivencia. Gracias a ello, hemos sobrevivido como especie. Mamá y bebé funden sus almas.  Aún cuando se separan físicamente después del parto o nacimiento, continúan fusionados emocional y psicológicamente constituyendo una díada que inicia a partir del nacimiento y que se extiende a lo largo de dos a tres años cuando la cría comienza a separarse en la medida que adquiere progresivamente autonomía y   desarrolla sus primeras nociones de individualidad.
Notarán  que hasta ahora describo un escenario completamente diferente al que nos han contado. Nos dicen que el puerperio o posparto -al que también llaman cuarentena- constituye básicamente un período de veda sexual tras el parto o nacimiento, para dar tiempo a que la mujer se “recupere” físicamente.  Y es que con frecuencia, en asuntos del alma femenina,  maternidad,  bebés y  crianza, la realidad resulta muy distante de lo que se aprende en la academia y por ende de lo que nos advierten los “especialistas”, pero también de lo que nos muestran las fotografías de portadas de revistas con bebés rozagantes y felices en los brazos de súper modelos con rostros “impecables” y cuerpos entrenados en gimnasios. En medio de esta construcción social  nos sorprende la realidad del puerperio desde una mirada errónea o estrecha, que conduce a negarlo y pasarlo de largo bajo la presión de retomar en poco tiempo las condiciones anteriores a la gestación, cosa por demás imposible, porque ninguna mujer tras el nacimiento de un hijo volverá a ser física, psicológica o emocionalmente la misma que era antes. Y aquí viene la pregunta a quema ropa: ¿serán la mayoría de los diagnósticos de depresión posparto uno de tantos despropósitos producto de la desnaturalización del puerperio?

Son muy pocos o más bien pocas, diría yo (la autora argentina Laura Gutman entre ellas) quienes advierten que el puerperio no termina a los cuarenta días tras el parto. Ningún obstetra avisa a la mujer puérpera que su alma se rompe tras la ruptura del cuerpo, que ante nuestra cría en brazos, aflora también la niña que fuimos y que se encuentra alojada en la sombra con todas sus memorias de desamparo. Rara vez alguien nos explica como lo hace la Gutman,  que, si el entorno respeta y permite que suceda el proceso natural,  toda la energía, la disponibilidad, el impulso de la madre reciente, su libido se dirigen a atender, proteger, sostener, alimentar al  bebé;  que la percepción se vislumbra a través de los sentidos del bebé, que los ruidos se escuchan más fuertes porque alteran al bebé, que todo tiempo, todo ritmo se acompasa con los del bebé y es por eso que la madre puérpera a menudo tiene la sensación de haber enloquecido… en resumen, que nos mudamos al planeta bebé  y el mundo cotidiano,  el mundo exterior,  se vuelve ajeno, distante,  difícil de digerir, se convierte en una carga muy difícil de sobrellevar que desborda, que satura a la mujer puérpera. 
Durante el puerperio, es imprescindible que las mujeres tengamos apoyo de personas empáticas y altruistas que intermedien entre nosotras y el ámbito fuera de la esfera de la fusión emocional con nuestra cría, el de los asuntos domésticos, el del pago de las cuentas, el trabajo en la oficina o cualquier actividad que entrañe distancia física y emocional con nuestro bebé, las ocupaciones y preocupaciones por proveer lo necesario para la subsistencia y el funcionamiento del hogar, la organización de las rutinas si hay hijos mayores que atender, las relaciones o asuntos familiares… Otra cosa que casi nadie registra es que las mujeres puérperas así como no estamos disponibles para un extendido etcétera que nos saque de la sincronía con nuestra cría, tampoco nos sentimos sexualmente disponibles para el varón,   lo cual no significa que lo hayamos dejado de amar. Esta situación pocas veces se entiende y atiende con madurez, provocando el naufragio de muchas parejas. Pero de este tema me ocuparé con detalles en el próximo post.
En conclusión, la mujer puérpera necesita y debe ser comprendida y sostenida fundamentalmente por su pareja o por la figura cada vez más protagónica de la doula, así como por toda una red que bien pueden entramar familiares, amigos, vecinos, la sociedad, las políticas públicas, las leyes… Pero un apoyo bien entendido no consiste en  saturar a la madre reciente con lo que debe o no debe hacer, ni reside en atender  al bebé por ella, sacarlo de su regazo o darle el biberón para “quitarle un peso”, ni se basa en crear más guarderías para que la madre pueda irse a trabajar lejos de su cría.  Una ayuda genuina supone descargarla de tareas, de ritmos, de tiempos, de sistemas ajenos a los que demanda la díada, para que la madre reciente se dedique enteramente a profundizar el vínculo y descubrir por sí misma con ayuda de su sabio instinto -ahora  a flor de piel- el modo de amar y cuidar a su bebé. Porque es el cuerpo de la madre, su olor, su calor, su mirada, su voz, su leche lo que una cría humana, primate, mamífera, realmente necesita de manera constante durante el período de fusión que no se reduce a cuarenta días,  sino que se extiende a lo largo de dos a tres años durante los cuales ambos nadan dentro de las mismas aguas emocionales. Realidad que la mayoría de los parientes, profesionales de salud y que la sociedad en general no reconoce y por tanto no nos cuenta ni mucho menos nos acompaña a atravesar.   

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Twitter. @conocemimundo

2 comentarios:

  1. Gracias Berna, me ha encantado esta entrada.

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  2. Wao!!!! A medida que iba leyendo tu post era como revivir todos esos momentos después del nacimiento de mi hija, y que todavía, 9 meses después sigo sintiendo. Nadie te dice lo difícil que puede ser emocionalmente hablando esos días, ninguna madre te explica que puedes ser la mas valiente del mundo pero también la mas insegura y temerosa. Nadie te dice que todas las emociones que se viene sobre nosotras pueden llegar a ser abrumadoras y que a veces el único desahogo es sentarse a llorar. Mis amigas no me lo dijeron, y tampoco mi mama. Todo el mundo se sienta a decirte lo maravilloso de ser mama, y no me malinterpreten, lo es!! Pero nadie cuenta esos momentos de angustia cuando es mejor dejar al bebe en su cuna mientras llora inconsolablemente a pesar de haber revisado la lista de todo lo que puede provocar el llanto, y al mismo tiempo llorar con el. No... nadie te lo dice, nadie es sincero.

    Yo por mi parte he vivido tanto todo este proceso, no solo desde el punto de vista de la maternidad sino también desde un punto de vista analítico, seguramente por mi vena científica. Es por ello que cuando hablo con mis amigas futuras mamas soy sincera, no para asustarlas sino para que estén consientes de lo que sentirán y vivirán esos días. Porque entendiendo el proceso estarán mejor preparadas. Habrán días duros, de trasnochos y de agotamiento extremo, donde se sentirán abrumadas, los tendrán, pero también habrán días maravillosos, donde una sonrisa hará olvidar todo.
    Gracias por tu sinceridad Berna, siempre es un placer leerte.

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