"...hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros..." Octavio Paz. El Cántaro Roto.

CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

domingo, 17 de marzo de 2019

Conflicto de nuestras necesidades con la de los niños



En un territorio emocional, donde solo hay cabida para el deseo de una de las partes, hay violencia. Este concepto de la autora Laura Gutman, me parece uno de los más claros y abarcadores para definir la violencia en todas sus formas, sutiles y concretas. Imaginemos entonces la cantidad de veces que somos violentos con nuestros hijos e hijas sin necesidad de llegar a pegarles, gritarles, amenazarles o insultarles.

Antes de continuar, aclaro que empatizo con el agotamiento de las madres, y padres,  durante la crianza, sobre todo con hijos pequeños, demandantes, con tiempos propios que no condicen con nuestros tiempos ni con nuestras necesidades de descanso y organización, haciéndonos sentir desbordados.

Nuestra vida da un vuelco. Nos enfrentamos a cantidad de situaciones que no podemos manejar y sobre las cuales queremos volver a tener el control,  dominado al niño. Controlando los biorritmos del niño, de sueño y vigilia, de hambre y saciedad, de movimiento y exploración, de expresión emocional, para que se adapte a nuestras  necesidades o deseos  porque otra cosa nos supone un desgaste enorme.

Y comienza la búsqueda de especialistas y de información que nos indique qué hacer, pero esperando que la solución vaya en dirección hacia controlar al niño: Qué hago para que el niño cambie y yo pueda recobrar mi equilibrio, mi orden, mis  prioridades, mi deseo… 

Mi hijo no duerme todas las horas seguidas que yo necesito para poder descansar, mi hijo  no come en los horarios, cantidades y con los modales en la mesa que yo necesito para sentirme tranquila... necesito, deseo, quiero hacer otras cosas pero mi hijo insiste en moverse constantemente, no se queda tranquilo, quiere caminar, correr, treparse en todas partes, en la mesa del comedor, en los muebles donde no quiero que se trepe… mi hijo no quiere saludar a los demás cuando yo quiero y del modo en que yo quiero que lo haga, me hace pasar vergüenza,  me hace ver  como una madre que educa mal… mi hijo expresa emociones intensas constantemente, llora, grita,  se frustra cuando le niego un deseo y eso me altera… ¿cómo hago para que mi hijo deje de pedirme las cosas llorando, para que deje de gritar, para que no tenga miedo de estar solo, para que no manifieste enojo o disconformidad, para que deje de incomodarme con sus emociones constantes e intensas, para que no me altere a mi, para que se ajuste a mis expectativas de confort y todo regrese de inmediato al orden y al equilibrio que deseo y necesito.

La respuesta es que no existe un decálogo de tips o recetas. No hay un manual a seguir en cuatro fáciles pasos capaz de ser respetuoso  y atender el problema desde la raíz del problema, porque la raíz del problema no es el niño, es nuestra discapacidad de conectar con el niño real a nuestro cargo, es nuestra imposibilidad de sentirlo y entender que los pedidos de la criatura son legítimos e incuestionables. Que para acompañarlos desde un lugar empático, necesitamos  entender su lógica infantil en lugar de forzar al niño a comprender y ajustarse a nuestra lógica adulta.  Que nuestro deber como adultos maduros, responsables del correcto desarrollo de la salud mental de nuestros hijos, es encontrar los recursos emocionales propios, las competencias parentales necesarias para interpretar adecuadamente, validar, acompañar, permanecer,  satisfacer sus necesidades y ayudar al niño a retornar al equilibrio. No al revés. Exigiendo al niño  que se responsabilice de mantenernos a nosotros en calma, mediante la represión de sus pulsiones vitales, la inhibición de la manifestación de sus emociones, de sus necesidades, de sus deseos, porque su esencia de niño protagónicamente emocional, movediza, madurativamente egocéntrica y demandante “nos hace perder el control”.

Que exista un conflicto entre los deseos y las necesidades de los niños y las de sus padres u otros adultos, no significa que los pedidos de los niños sean meros caprichos. Los niños piden clara, transparente y legítimamente lo que necesitan. Los adultos funcionales a las relaciones de poder verticalistas, basadas en el autoritarismo actuamos por inercia conquistando el deseo y el confort del niño a nuestro favor.   El deseo del más fuerte  se impone y no deja espacio para  el deseo del más débil.  Los niños  como eslabón más débil de la cadena, siempre devienen en las principales víctimas de violencias sutiles y concretas.

Comprendamos por favor que los niños no son productos fabricados en serie con manual de instrucciones para programar a nuestro antojo.

Los adultos estamos en el momento vital de estar aptos para dar,  en el momento madurativio de saber esperar, de autogestionar la satisfacción de nuestros deseos. Los niños están en el momento madurativo de dependencia en el que necesitan recibir, en el que les cuesta esperar. Para los niños la espera duele, la soledad asusta, la falta de conexión con un adulto que los  sepa interpretar y satisfaga sus necesidades comporta una experiencia de amenaza a la sobrevivencia.

No se trata de invalidar el agotamiento de las madres, pero la gestión de nuestro cansancio debería  pasar por soluciones respetuosas, maduras,  pensadas a la medida de cada caso,  hasta encontrar salidas que permitan acompasar nuestras necesidades con las de las criaturas sin negarlas o violentarlas. En este sentido cabe hacer un llamado de consciencia sobre la importancia de  apoyar a las madres, porque su capacidad y disposición de maternar es directamente proporcional al desarrollo de la salud mental de la humanidad, por tanto responsabilidad de todos, seamos  o no padres.

-->





Berna Iskandar @conocemimundo

conocemimundo@gmail.com

sábado, 23 de febrero de 2019

¿Por qué la crianza nos agota?



Permítanme  repasar algunas causas que dificultan sostener y además disfrutar la función biológica y social más importante para la humanidad. Me refiero a la crianza propia de nuestra especie. La crianza que responde a las necesidades naturales de nuestro diseño filogenético mamífero, altricial, primate. La crianza de una especie nacida  del vientre y alimentada del pecho materno. La crianza de criaturas que llegan a este mundo completamente desprovistas de autonomía para sobrevivir. De todo el reino animal las más dependientes,  durante mayor tiempo,  de la inversión de energía, atención y de los minuciosos cuidados parentales, físicos y emocionales, hasta alcanzar la madurez propia de la adultez.   Una crianza en la que la nutrición afectiva, la presencia y el vínculo seguro proporcionados por la figura meternante comportan la base para desplegar el sistema empático inscrito en nuestros genes, perfectamente pensado por la naturaleza para asegurar la convivencia gregaria de ayuda mutua y cooperación como dinámica de preservación y desarrollo de los seres humanos en equilibrio con su entorno.  

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué siendo la empatía un sistema inscrito en nuestro diseño filogenético, nos cuesta conectar con los niños y niñas a nuestro cargo, sentirlos y satisfacer minuciosamente sus necesidades?. ¿Cómo algo que nos es propio y debería suceder espontáneamente, nos cuesta tanto?.


El reto de conectar y permanecer con nuestras crías


Sin ser conscientes del origen, la crianza a menudo duele, nos quema por dentro. Desde la sombra, nuestra propia infancia herida de soledad y miedo grabado a fuego a partir de la falta de respuesta sensible a nuestras necesidades y deseos; a partir del malestar por la falta de respeto a nuestros ritmos y pulsiones, se manifiesta. La vivencia que no ha sido nombrada, validada, satisfecha por nuestros adultos de referencia y por tanto tampoco ordenada en nuestra consciencia,  se activa constantemente y sin que seamos  capaces de distinguir su origen, frente a las demandas de necesidades incuestionables de las criaturas presentes a nuestro cargo. 

En el marco de nuestro escenario subjetivo, supone una de las causas más importantes de cara a la discapacidad como adultos cuidadores para permanecer con los niños a nuestro cargo. Queremos salir corriendo a hacer cosas fuera del vínculo (profesión, negocios, estudios, vida social…) con los niños y niñas.  Sus lloros, la manifestación de disconformidad ante lo que no les encaja o los aleja del equilibrio vital, sus pedidos de pecho, de cuerpo materno, de mirada, sus pulsiones vitales, su potente despliegue de energía y movimiento,  nos remiten a la criatura conectada con su esencia infantil que un día teníamos que haber sido y en cambio terminamos crónica y dolorosamente apagadas, reprimidas, inhibidas con amenazas, falsos juicios sobre nuestras necesidades, exiliadas del territorio emocional de nuestros amados padres, sintiéndonos muy solas, asustadas y llenas de culpa sembrada con el autoritarismo, la desconexión y la distancia afectiva de adultos empeñados en conquistar nuestras necesidades incuestionables,  nuestro confort a favor de su comodidad. Adultos que con el afán de calmar su dolor infantil no registrado, su cansancio, su desesperación, su incomodidad, su molestia, nos obligaron a callar, aguantar, complacer, alejándonos de la propia esencia, apagándonos como hicieron los tatarabuelos a los bisabuelos y estos a los abuelos y estos a nuestros padres y estos a nosotros y nosotros a nuestros hijos e hijas y estos a los suyos… .   

¿Cuándo y cómo dejamos de responder a nuestras sabiduría ancestral para sustituir la crianza mamífera por mandatos culturales basados en creencias alejadas de la naturaleza y las necesidades reales de las criaturas humanas?, ¿cuáles son esas creencias o constructos falsos que nos mantienes alejados de la posibilidad de cuidar a las criaturas como esperan y necesitan?. Un par de buenas preguntas sobre las que todos deberíamos indagar y que dan de sí para el desarrollo de un libro entero. Sin embargo, frente a la evidencia empírica no hacen falta muchos libros, ni el desarrollo de teorías ni parámetros científicos complejos.   Observando al niño como referencia no hay mucho que explicar para darse cuenta de que están conectados con su esencia vital, sus pulsiones, siempre reclamando lo que necesitan. Que cuando lo reciben se calman, están tranquilos, satisfechos, en equilibrio. Cuando no, lo reclaman una y otra vez con los medios de expresión a su alcance a su corta edad. Que son inherentemente inmaduros, escasamente autónomos y no pueden, no saben, no tienen psiquismo para esperar a ser satisfechos en sus necesidades incuestionables. Los adultos sí que deberíamos poder hacerlo. Desde un lugar emocional y mental maduro, estaríamos en condiciones para gestionar nuestras prioridades a favor de la atención de los niños a nuestro cargo. Pero lo que nos pasó cuando fuimos niños, nos deja discapacitados emocionalmente para sentir, comprender  y actuar espontáneamente tal y como nos corresponde en armonía con el orden natural.     Cuando somos niños dependientes e inmaduros es el momento de recibir y cuando devenimos adultos, es el momento de dar. Un niño satisfecho en sus necesidades lo demuestra con su conducta. Es feliz, se siente amado, está en armonía. Si hemos sido colmados del amor y el cuidado que esperábamos en la infancia, más tarde en la adultez, estaremos listos para dar tanto como hemos recibido.  


La sobrecarga de las madres


El hecho de que ambas ocurran dentro de un mismo ámbito, no significa que crianza y labores domésticas sean una misma cosa. Por tanto, que una madre se encargue también de la casa cuando necesita principalmente volcarse casi por entero a la crianza -sobre todo de niños pequeños muy dependientes de sus cuidados- comporta un factor de agotamiento perfectamente evitable que dinamita la posibilidad de establecer un vínculo de calidad mamá- bebé. 

Suponer que por suceder en el hogar, la crianza equivale también a limpiar, ordenar, lavar, planchar, cocinar para toda la familia, hacer el mercado, planificar las gestiones domésticas, dejando a las madres solas y sobrecargadas con responsabilidades añadidas en una repartición desigual de obligaciones o tareas, socava la salud mental no solo de la mujer sino de los seres humanos a su cargo en un periodo delicado y definitivo de formación en el cual la presencia y la conexión emocional de las madres con sus hijos, es prioritaria y fundamental. 



Todos, seamos o no progenitores, estamos llamados a apoyar una crianza amorosa

Para criar a un niño hace falta la tribu entera, reza sabiamente un dicho Africano. Sin embargo  la forma en que nos hemos organizado en la civilización occidental moderna, se aleja considerablemente de nuestro formato original de especie gregaria, cuyo desarrollo y bienestar depende de la ayuda mutua y la cooperación del grupo, sociedad, tribu, red de apoyo.

En el mejor de los casos vivimos en hogares nucleares aislados donde mamá y papá cuando no mamá sola se hace cargo de la crianza. Hemos perdido la tribu conformada por la familia extensa (abuelos, tíos, vecinos, amigos…)  que coparticipaba en el cuidado de la manada de niños, una tarea bastante demandante que se hace más leve, sostenible y saludable con la participación amorosa y altruista de todos los miembros de la sociedad.

¿Y quienes son los responsables y pueden cambiar este orden patológico social en aras de recuperar la armonía?, nosotros mismos. El sistema no es un entramado ajeno a nuestro escenario personal,  cada uno de nosotros hace parte de él, lo construye, lo aceita y lo mantiene funcionando. ¿Cómo lo cambiamos?, dándonos cuenta del modo en que lo hemos montado o somos funcionales a este. Actuando para dejar de retroalimentarlo.  Cuestionando lo naturalizado, ampliado miradas, repensando, proponiendo entre todos nuevos escenarios y posibilidades. ¿Es fácil?, no, pero tampoco imposible. De lo que no cabe duda es que urge comenzar con el cambio.


Berna Iskandar @conocemimundo

conocemimundo@gmail.com

martes, 5 de febrero de 2019

Los discursos engañados





Mientras tomaba un café con una coca de forner de piñones (pan dulce catalán), escuchaba con atención a un grupo de tres mujeres conversando sobre hijos adolescentes, en la mesa contigua. Una de las madres parafraseaba las indicaciones de la psicóloga que la asistía en las dificultades con su hijo adolescente. Muy convencida y aliviada decía que los adolescentes necesariamente experimentan sufrimiento por razones inherentes a la edad: les perturba el acné, la implosión social, los cambios de humor, las responsabilidades del instituto... y que en ningún caso los padres deben sentir que han causado tales malestares o son responsables por ello. Que son los adolescentes quienes deben hacerse responsables de encarar dichas secuelas propias de la edad y superarlas. Un discurso impecable, explicado con una precisión lógica casi geométrica, pero falso, engañado, desplegado sobre una mirada sesgada por el prejuicio, basado en teorías hostiles hacia la infancia y la adolescencia que no guardan relación alguna con la realidad ni las evidencias. 

La edad, los genes, el signo del zodíaco, el karma... Un campeonato de disparates llevamos los adultos -incluidos los llamados especialistas-  para explicar el desencuentros con los adolescentes.
  
Los modelos autoritarios de crianza, la distancia afectiva, las experiencias habituales de abuso, desamparo, desconexión emocional, imposición, de quiebre de la voluntad y de las pulsiones vitales durante la infancia, la escuela obsoleta, aburrida, represiva que predomina en nuestro sistema educativo... nada de eso fue nombrado ni incluido en ningún momento dentro del escenario. Ni siquiera se registran como formas patológicas en nuestra interacción e influencia sobre niños, y mucho menos se asocian con el resultado de adolescentes que ahora sufren, se rebelan y protestan desesperados buscando la reconexión perdida con su ser esencial claramente sentido y manifestado, pero crónicamente reprimido y desoído por sus adultos de referencia desde la temprana infancia.

No hay que ir muy lejos ni hacer denodados esfuerzos, basta con poner un poco de atención consciente  para ver la manera sistemática en  que se les ordena, amenaza, miente, grita, no se les escucha a los niños. Luego crecen y nos extrañamos de los resultados, como si nada tuviera que ver con nuestra interacción previa con ellos.

Sin duda los progenitores siempre hacemos lo mejor que podemos desde el lugar de consciencia en el que nos encontramos y los recursos con los que contamos, pero a menudo entre el amor y el cuidado que creemos que damos y el que nuestros hijos esperan y necesitan, existe un abismo de diferencia. 

En esta civilización adultocéntrica,  hay una necesidad acuciante de adultos capaces de ponernos de parte de los niños y adolescentes, sentirlos y darles las razón. 


Por ahora veo el negacionismo y los discursos engañados en cualquier  parte, como el chico de Sixth Sense que veía "dead people"  




Berna Iskandar @conocemimundo
Email: conocemimundo@gmail.com 
Twitter. @conocemimundo


viernes, 1 de febrero de 2019

Taller Crianza Respetuosa Edición Online Internacional

 Taller Crianza Respetuosa Online INTERNACIONAL
Inicia el 21 de marzo del 2019
INSCRIPCIONES ABIERTAS
Puedes realizar la compra directamente en este enlace
 http://www.mujermandala.com/producto/taller-online-crianza-respetuosa-vip
 
Informa e inscribe  
cursos@mujermandala.com  
www.mujermandala.com/crianzarespetuosa

La más querida, mejor acogida, recorrida por el mundo, ampliada y completa formación de mi portafolio

Berna Iskandar

La guía de este taller es Berna Iskandar, autora de Conoce mi Mundo, periodista, madre, blogger, divulgadora de temas de crianza, paternidad, maternidad y derechos de infancia y adolescencia enmarcados en la prevención y el desarrollo humano sustentable. Primer premio concurso de bloggers 2013 sobre Desarrollo Infantil, otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Conductora y productora del programa Conoce Mi Mundo en la Emisora Cultural de Caracas, único en los medios venezolanos enteramente dedicado a promover crianza en cultura de paz, desde el 2006.



Taller Crianza Respetuosa, versión online, formación intensiva Inicia el 21 de marzo del 2018. 
La organización encargada de administrar esta actividad de Berna Iskandar es Academia Online Mujer Mandala. 
Para más información e inscripciones escribir a cursos@mujermandala.com 

La dinámica
Experiencia de aprendizaje online, con 10 horas de sesiones en vivo, divididas en 5 encuentros. Entre clases: trabajo de lectura y apropiación de contenidos por parte de los participantes. Tendrás materiales adicionales a ser comentados y gozarás de un video extra para estrategias de autorregulación e higiene emocional del cuidador. Atención semipersonalizada. Grupo pequeño.

Dirigido a: Padres, madres, educadores y profesionales vinculados con atención a la infancia así como cualquier persona interesada o sensibilizada con el tema o interesada en mejorar competencias como promotor de Crianza Respetuosa.

Agenda de contenidos:
Sesión 1 Apertura. Las etapas en el proceso evolutivo y sus distintas necesidades
Sesión 2  Modelos de crianza. Comunicación activa. Limites y Disciplina no punitiva
Sesión 3 Autorregulación (control de esfínteres, sueño infantil, y otras funciones biológicas y psicológicas). Apego seguro
Sesión 4 Crianza. Violencia sutiles y concretas registrar prevenir sanar – Conclusiones
Sesión 5 Gestión del estrés e higiene emocional de cuidador


INCLUYE

5 sesiones en vivo con contenidos básicos de taller
3 vídeo clases
4 ebooks


FECHAS SESIONES EN VIVO
25, 30 de abril, 2, 7, 9 de mayo


HORARIO SESIONES EN VIVO
20:00 hrs Madrid
15:00 hrs Miami  
14:00 hrs Bogotá, Lima, Quito, Ciudad de México, Ciudad de Panamá
16:00 hrs Santiago de Chile, Buenos Aires.

PRECIO ACTUALIZADO SEGÚN LA EXISTENCIA DE OFERTAS Y FORMAS DE PAGO: 
  
Puedes hacerlo desde cualquier lugar del mundo. Requieres contar con computadora, ordenador o dispositivo (tableta o móvil) con cámara y conexión a internet.

Taller online creado e impartido por Berna Iskandar y organizado por Academia Online Mujer Mandala.

Puedes ver la tarifa actualizada (según las promociones o preventas) y realizar la compra directamente en este enlace.

Informa e inscribe


Porque los niños son el tesoro de la nación
Berna Iskandar @conocemimundo
Email: conocemimundo@gmail.com 
 Twitter. @conocemimundo
Instagram: @conocemimundo
FB: Conoce Mi Mundo