"...hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros..." Octavio Paz. El Cántaro Roto.

CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Sobre brujas, inquisidores y otros demonios




“Eppur si muove.” Galileo Galilei

La semana pasada circulaba en redes sociales un video que registra a cierto pediatra realizando examen médico brutal a un bebé de meses. Práctica que además,  el “reputado” profesional, en aclaratoria  ofrecida a  la prensa justificaba en nombre de la ciencia y de la detección oportuna de patologías.

Algunos seguidores y organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos del niño indagaron mi opinión sobre este escándalo mediático. Entonces decidí publicar en mi muro de Facebook  una reflexión donde señalé  lo llamativo que lucía tanto horror, espanto y repudio social causados por dicho video,  en contraste con el silencio y el general encogimiento de hombros respecto a las intervenciones violentas hacia los bebés durante prácticas rutinarias que ni siquiera entrañan patologías o enfermedades, sino procesos naturales, fisiológicos como son el parto o nacimiento, por ejemplo. Es como horrorizarse cuando nos enteramos de una noticia de abuso sexual infantil, pero al mismo tiempo nos parezca normal y lógico pegarle a un niño para disciplinarlo.  Al parecer no somos capaces de registrar   violencia en el hecho de que casi todos los bebés que nacen por parto o cesárea convencional, apenas nacer, entre muchas otras prácticas cuestionables, son pinchados,  se les introducen sondas por el ano,  por la nariz, son manipulados de forma brusca para limpiar, medir, pesar, examinar... Es decir, que durante un momento tan crítico como lo es la llegada al mundo de un ser humano donde lo que más necesita es paz, respeto, silencio, que se proteja el ambiente para consolidar el apego temprano con la madre, éste es separado y expuesto a una ristra de shocks que quedan impresos a fuego en su memoria emocional por el resto de su vida, en nombre de la ciencia. Toda esta violencia y este abuso en los partos y nacimientos  está naturalizado e institucionalizado con el aval de "La Academia" que tanto aplaudimos, reverenciamos y a la cual obedecemossin chistar como autoridad suprema e incuestionable. 

Decir algo así me costó caro. De pronto me sentí como bruja perseguida por la inquisición. Si bien muchas madres  se identificaron con lo dicho y aprovecharon la oportunidad para sacar su dolor y expresar el abuso del que se sintieron víctimas junto a sus bebés durante sus propias experiencias de partos o cesáreas, no se dejaron esperar las expresiones de incredulidad seguidas de ofensas, reclamos e insultos por parte de profesionales de la salud quienes me llamaron a mí y a quienes opinaron como yo,  ignorantes, legas en la materia (como si parir no fuera cosa de mujeres),  irresponsables por pensar como lo hacemos e incitar a otras mujeres a cuestionar y rechazar procedimientos diseñados para “salvar vidas”.  Y es que, ciertamente –tal y como el doctor Michel Odent tituló alegóricamente en el ensayo que invito a leer a propósito del debate sobre uso de rutinas injustificadas durante el parto o nacimiento- nos encontramos ante "La Principal Verdad Incómoda". 

En todo caso el tristemente célebre video del pediatra practicando el examen brutal a un bebé, y que dio origen a este debate, debería tomarse como punto de partida, como un "a propósito de..." para llevarnos a la reflexión sobre la naturalización de infinitas  dosis de violencia durante las prácticas que en nombre de la ciencia y la prevención de patologías,  se ejercen sobre los bebés,  especialmente durante partos y nacimientos masificados. Se trata de un hecho (moleste a quien moleste) que no se puede ocultar. Yo misma he sido una victima de estas rutinas médicas. No necesito ser especialista en la materia para conocer en su justa dimensión, cuán violenta fue la experiencia y cuán honda la herida para mí y para mis hijas. Todavía después de más de veinte  años  lloro por ello y me duele no haber contado con la información para elegir otra forma de traerlas al mundo. Y aclaro que no se trata de satanizar la medicalización de los nacimientos cuando estas son realmente necesarias para salvar vidas. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con la patologización sistemática de procesos fisiológicos como son los partos y las consecuentes intervenciones violentas que estas entrañan  para madre y bebé.  Y es que incluso cuando resulta indispensable intervenir medicamente se podría hacer de un modo mucho más amable y más respetuoso.

Formarse como profesional de salud no puede limitarse a repetir lo que se aprende de los profesores en la universidad. Es importante pensar por sí mismos,  ser autocríticos,  bajarse del pedestal, escuchar a los pacientes,  ser capaces de cuestionar el sistema y  emprender los cambios necesarios para ofrecer un servicio profesional humanizado, basado en el respeto y la sensibilidad.

La buena noticia es que desde hace más o menos dos décadas, ha surgido un movimiento importante que demanda un cambio encaminado hacia la humanización de los nacimientos. Son núcleos de personas vanguardistas, que como el mismo Michel Odent ha dicho,  “tienen la capacidad especial de llegar a una nueva conciencia antes que los demás y cuya  responsabilidad consiste en ayudar a través de la iniciación y la divulgación de nuevas conciencias.”  Frente a este escenario, los profesionales de la salud identificados con el sistema tradicional hegemónico, en lugar de reaccionar cual inquisidores y emprender una cacería de brujas sobre quienes se dedican a la tarea de señalar "La Principal Verdad Incómoda", podrían desautomatizarse,  ser capaces de dejar de repetir lo aprendido en la academia como si se tratara de verdades reveladas  y hacer el esfuerzo de observar, investigar, indagar más allá.  

Mientras tanto, suscribo cada palabra de mi querida amiga y psicóloga Alicia Núñez, quien durante el debate en mi muro de Facebook agregó: “violencias invisibles hay muchas, nuestra tarea es que se evidencien y dejen de ejercerse”.  Pues así lo he hecho y seguiré haciendo… y si se presenta la necesidad,  no tengo ningún problema en montarme en mi escoba para escapar de la hoguera.

 
Twitter. @conocemimundo

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