CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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martes, 30 de julio de 2019

¿Cómo le pedimos a nuestros hijos lo que esperamos de ellos?


Madre nerviosa le grita a su hija pequeña en medio de un tumulto de gente en los torniquetes de salida de la estación de tren: ¡No te alejes, no te alejes, no te alejes, QUE TE VAN A RAPTAR!
A menudo no somos conscientes de la carga de miedo o de culpa que transmitimos a los niños con nuestra manera de comunicarnos, y mucho menos la asociamos con conductas como pesadillas recurrentes, comerse las uñas, agresividad y otros comportamientos que denotan ansiedad, pérdida de la confianza, la seguridad y autoestima, que por cierto, son motivo de consulta frecuente por parte de progenitores, en general atribuyéndolas a factores externos a la interacción del niño o niña con ellos (igualito a su papá, debe ser genético , es por lo que le dicen los compañeritos del jardín, es que me salió así ...)
No me queda duda de que la genuina intención de esta madre ha sido la de proteger a su hija y que muy probablemente en medio de una situación estresante se activaron automatismos del propio patrón instalado en su infancia a través de las interacciones con sus adultos de referencia.
También es cierto que ante algunos escenarios de peligro inminente -como escaparse y atravesar solos la calle con el semáforo peatonal en rojo- un grito de salvataje puede ser necesario además de correr y detener físicamente al niño. Pero en la mayoría de los casos podemos evitar transmitir ansiedad, miedo, culpa para conseguir que nuestros hijos hagan lo que esperamos o cooperen. Sin embargo es común escuchar en espacios públicos y privados a adultos decir cosas como, "si no comes tu comida te llevo al médico para que te inyecte", " te estás portando mal, te va a llevar ese policía", "no llores que te pones fea", "mamá se va a poner muy triste y enfadada si no saludas a la abuela", "siempre estás pensando en ti mismo, eres un egoísta, no me respetas"... sin contar con los gritos, órdenes e insultos que constantemente reciben tantos niños y niñas por parte de sus adultos de referencia.
También es cierto que al no contar con referentes, se hace difícil encontrar otras formas de comunicación más saludables, especialmente con los niños a nuestro cargo donde la relación de poder inherente, lamentablemente, deviene en factor de riesgo de abuso y terminamos diciendo y haciendo cosas que jamás se nos ocurriría hacer a un adulto o a una persona en las mismas o superiores condiciones de poder que la nuestra.
Sin duda es fundamental replantearnos el modo en que hemos aprendido a pedir a los niños lo que esperamos y necesitamos de ellos. Tal vez anticipándonos a este tipo de escenarios como el de la estación, explicando a la niña o al niño lo que nos espera y el comportamiento que debemos tener frente a tales circunstancias. Ponernos a su altura física mirándole a los ojos, con un tono cómplice, claro y firme decirle:
- Cariño, pronto bajaremos del tren, hay mucha gente desconocida y es importante que te mantengas cerca de mamá. Yo sé que puede ser molesto para ti, pero solo será por un rato. Luego podrás corretear tranquila.

Hacer amables recordatorios:
- Cariño recuerda que debes mantenerte cerca de mamá. Yo estaré atenta y voy a tomarte de la mano o te voy a llevar en brazos. No me siento tranquila con tanta gente aquí ahora. Es peligroso que te alejes. Ahora necesito que estés donde podamos tomarnos de la mano en todo momento. Cuando lleguemos a ... podrás corretear, etc. etc.

Esto no quiere decir que le ocultaremos al niño la verdad sobre el riesgo de rapto, por ejemplo. Siempre explico que es deseable hablarles a los niños con la verdad, entre otras razones porque ellos captan todo a su nivel de compresión, tal vez emocional o inconsciente, y necesitan de un discurso que les acompañe a ordenar esa percepción de un modo coherente con la realidad para desplegar su capacidad cognitiva y su organización psíquica.  En este caso, sobre los riesgos reales  que existen en distintos escenarios (la posibilidad de un robo o rapto, etc.) podemos explicarles de la manera oportuna e indicada. Responder a sus preguntas siempre hablando con la verdad mediante un lenguaje claro y adaptado a su edad, evitando los detalles escabrosos. Ej., si el niño pregunta ¿por qué es peligroso?, podemos responderle, "porque te puedes perder, porque hay muchos desconocidos y aunque la mayoría  pueden  ser buenas personas,  también puede haber alguien que haga daño a los niños, por eso mamá tiene que estar cerca de ti para cuidarte. Y si  pregunta ¿qué daño hacen a los niños?, responder que pueden llevárselos lejos de su mamá y tratarlos mal, etc.


Berna Iskandar 

@conocemimundo

conocemimundo@gmail.com


lunes, 11 de septiembre de 2017

El amor que doy y el que mi hijo recibe





Cada vez que se nos revela alguna necesidad legítima e incuestionable desde el punto de vista del niño, pero que es desatendida o descalificada sistemáticamente por nuestra parte, podemos elegir sentirnos atacadas, señaladas y por ende reaccionar con justificaciones y un arsenal de opiniones en nuestra defensa como madres, padres o adultos a cargo de niños. Pero también podemos elegir detenernos, hacer una pausa reflexiva, repensar, revisar, atrevernos a percibir con valentía el grado de conexión real que tenemos con nuestros hijos. Al margen de que estemos con ellos todo el día o solo parte del día, sea que nos apuntemos al colecho, lactancia materna a término y otras prácticas de la crianza natural o llevemos un estilo de crianza tradicional, lo importante es preguntarnos, ¿realmente los estamos sintiendo? ¿estoy percibiendo las señales de mi hijo o mi hija, interpretando su lenguaje emocional, soy capaz de responder sensible y oportunamente a sus necesidades? Sin poner en tela de juicio las buenas intenciones que toda madre o padre siempre tiene para sus hijos,  ¿podemos  con honestidad registrar nuestros propios recursos emocionales para amar y criar en lugar de juzgar a los pequeños, su conducta, su carácter, sus demandas, y exigencias...?  Todas estas oportunidades  vienen de la mano con la Maternidad y la Paternidad. Una escuela de aprendizaje diario sobre nosotros mismos, una prueba del grado real de nuestra madurez emocional y nuestra capacidad de amar y cuidar a otro ser con verdadero altruismo.



Berna Iskandar @conocemimundo



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