CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Serie de videos sobre Crianza Respetuosa para Mujeres en 3D

Comparto  serie de videos sobre crianza respetuosa realizados  para el programa Mujeres en 3D 

Medellín, Colombia 






COLECHO
  





CONTROL DE ESFINTERES O DESPAÑALIZACIÓN  




  ESTILOS DE CRIANZA  



  SEIS PRINCIPIOS DE LA CRIANZA RESPETUOSA







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viernes, 19 de mayo de 2017

Crianza libre de castigos: En lugar de ordenar, estimula el deseo del niño a cooperar



Cuando un niño está pasándola bien haciendo lo que le gusta, y le decimos o le ordenamos desde la cocina o desde otra habitación que interrumpa su actividad para que cumpla con una obligación como ir a bañarse, a comer, a hacer las tareas, etc., es muy probable que no responda de buena gana o no sienta el deseo de cooperar. A nadie le agrada que le interrumpan cuando la está pasando bien y menos con una orden ¿cierto? 

En esos casos es más efectivo acercarnos, empatizar con el niño y comunicarle el evento por venir. Con niños menores de 3 a 4 años podemos usar el juego, la imaginación, la distracción y otros recursos creativos para redirigir su atención e interés hacia la tarea que toque realizar.

Con niños a partir de los 3 años, pero sobre todo en torno a los 4 a 5 años, podemos  además negociar y establecer un acuerdo sobre el tiempo que necesite para terminar con la actividad que están realizando (juego, pintar, ver la tele…) y pasar a la siguiente.

Si en lugar de orientarnos por el viejo vicio de intervenir con posturas educativas arrogantes, nos habituamos a comunicar  mediante un tono cercano y cómplice, si lo hacemos de forma clara, firme y coherente, si los niños se sienten escuchados, respetados, si perciben un clima que les genera confianza, si lo hacemos cuando no están cansados, con sueño o con hambre (recuerda anticiparte evitando llegar a ese momento) lo cual predispone a la alteración emocional de las criaturas impidiendo la comunicación activa… es muy probable que los pequeños respondan y acepten con naturalidad el diálogo y los acuerdos.


Es preciso aclarar algunos tópicos importantes sobre este tema. Los acuerdos no son instrucciones u órdenes, son negociaciones donde cada uno está dispuesto a ceder algo para llegar a un lugar común de ganancia mutua. A menudo los padres creemos que negociamos cuando en realidad estamos imponiendo o usando recursos punitivos: "Si quieres ir al parque, primero haces la tarea", “si quieres comer galletas, primero debes bañarte"... Esto no es negociación, es imposición mediante castigos y recompensas, es decir, usando el chantaje.

Por otra parte a los niños les toma tiempo interiorizar los acuerdos. Y no porque intencionalmente se nieguen a mantenerlos, sino porque debido a su inmadurez evolutiva los regula el principio del placer (leer mi post: los niños pequeños están en el placer)  Para integrar hasta donde sus posibilidades  madurativas lo permiten la responsabilidad que implica mantener un acuerdo apropiado y viable para su edad, necesitan tiempo, repetición, coherencia y paciencia.  Tengamos presente la importancia de hacer recordatorios amables una vez establecido el acuerdo. A los niños  les cuesta centrarse en un objetivo distinto al que sus mentes diseñadas para imaginar y jugar, les orienta.  Como aclaramos antes, puede ocurrir que el niño se encuentre  cansado, con hambre, alterado por exceso de consumo de azúcar, exposición a pantallas… lo cual provoca que se desborden las emociones y resulte inútil intentar que convenga o cumpla un acuerdo en ese momento. Recordemos que son niños, no podemos esperar que se comporten como adultos. Ya crecerán y alcanzarán la madurez racional necesaria para adaptarse mejor a las pautas adultas.

Muchos padres esperando resultados instantáneos, se impacientan al usar estrategias no punitivas para lograr que sus hijos cooperen, y terminan recayendo o validando las viejas estrategias basadas en la imposición, la obediencia y el adiestramiento. Llevamos tan integrados los propios automatismos educativos que no vemos el modo en que cotidianamente estos interfieren en la interacción con los pequeños a nuestro cargo dinamitando el establecimiento progresivo de un vínculo basado en la confianza y la comunicación activa con ellos. Es necesario repensar el objetivo de la educación  que desde la orientación ética del modelo democrático es elevar la consciencia del ser humano, y no robotizar o condicionar a través de métodos de entrenamiento canino. Esto toma tiempo, exige paciencia y compromiso emocional. Educar sin violencia, orientados por valores democráticos, exige robustecer nuestros propios recursos emocionales tales como la empatía,  la confianza en los niños y su capacidad de alcanzar los hitos madurativos biológicos, psicológicos y sociales, oportunamente, cada uno a su propio ritmo. Practicar la auto observación es fundamental para que nuestro propósito de educar sin castigos, sin condicionar con el miedo mediante gritos, amenazas, o usando chantajes como premios y recompensas, resulte sostenible.


Fuente Yolanda González Vara, Educar sin miedo a escuchar






martes, 22 de diciembre de 2015

¿Cuánto desoimos a los niños?


Observo mucho a los niños, y cuando interactúan con sus padres o adultos cuidadores, observo con más atención.  Es francamente impresionante la naturalidad con la que los adultos desoímos a las criaturas. Ellos hablan, expresan sus sentires, necesidades, opiniones, mientras los adultos permanecen en otro planeta, conversando con otros adultos o haciendo sus cosas,  y las voces de los peques se convierten en una especie de ruido de ambiente, un ruido sordo.

Rara vez se interrumpe una conversación entre adultos para mirar al niño y escuchar lo que nos quiere decir con la misma amabilidad y atención que brindaríamos a otro adulto. A menudo, cuando por fin se les atiende, es para mandarlos a callar. Luego nos preguntamos por qué hacen tantos berrinches, o por qué piden todo llorando, o por qué se vuelven demasiado inquietos o agresivos. ¿Podemos dimensionar la sensación de impotencia de cualquier persona cuando casi siempre que intenta comunicarse y ser escuchada recibe por respuesta la indiferencia o la represión?

Tengo la fortuna de compartir con familias orientadas por la crianza respetuosa, y me doy cuenta de  la enorme diferencia en la calidad de comunicación entre niños y adultos. Familias con padres responsivos, atentos, que piden permiso a otro adulto para interrumpir una conversación, escuchar y atender lo que sus peques intentan decir.

Padres que explican en todo momento a sus peques lo que acontece, los hacen partícipes de la toma de decisiones cotidianas, padres que se toman el tiempo para entablar el modo de comunicación activa y lograr en sus peques el deseo de cooperar en lugar de dar sistemáticamente órdenes. Padres que se esfuerzan en dar opciones en lugar de reprimir. Padres que establecen una conexión robusta y se toman el tiempo necesario para acompasarse con el ritmo propio de los peques sin empujarlos. Rara vez he visto a estos pequeñines haciendo un berrinche, y si los hacen es porque han tenido un día difícil, pero les dura muy poco. Niños respetuosos porque se sienten respetados, contenidos, comprendidos, escuchados.


"Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da." Jorge Drexler