CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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miércoles, 13 de mayo de 2020

Mantener el buen trato encerrados en casa: primera prioridad



De un momento a otro nos vemos todos viviendo, jugando, estudiando, trabajando, enfrentando miedos, incertidumbres, emociones intensas 24/7 dentro de casa. Los niños y adolescentes con sobrecarga emocional, privados de jugar e intercambiar físicamente con sus compañeros y amigos, algo tan importante para su bienestar y desarrollo. Los padres y adultos desprovistos de redes de apoyo imprescindibles para el sostén en la tarea tan demandante que supone la crianza, encima con labores domésticas aumentadas ahora que todos juntos usamos y habitamos la casa durante todo el día, más las obligaciones de trabajo y escolares trasladadas a nuestro hogar... Aumentan los conflictos de pareja y entre los miembros de la familia cohabitante, el precario equilibrio con el que contábamos para mantener con alfileres el buen trato hacia los niños se pierde constantemente, se disparan de manera espeluznante los índices de maltrato físico y psicológico infantil en todo el mundo... Siempre los niños acaban siendo los depositarios de las mayores dosis de violencia implícitas y explícitas transportadas por la civilización adultocentrista que todos hemos generado. ¿Quieres que esto cambie? ¿Sientes que necesitas recursos para gestionar patrones automáticos e insanos recrudecidos ahora por la crisis global del confinamiento?


Te invito a revisar las opciones de formación  y acompañamiento online de mi portafolio y apuntarte en la actividad que te haga resonancia. Si necesitas ayuda para aclarar mejor una selección comunícate conmigo mediante los datos de contacto que encontrarás en la página de cada actividad listada en el enlace 

https://www.conocemimundo.com/p/berna-iskanda-conocemimundo.html


Estamos llamados a ser los guardianes del bienestar y el desarrollo saludable de nuestros niños, niñas y adolescentes. El buen trato hacia la infancia es la primera prioridad. Que abunde siempre en la crianza es una posibilidad que está en tus manos.


Berna Iskandar @conocemimundo


jueves, 29 de agosto de 2019

Grabar videos para modificar conducta

Si te parece que va siendo hora de hablar por los más pequeños en lugar de atascarse en debates de opiniones adultas sobre lo que está bien o mal para los niños, este post es para ti.

He observado con inquietud una nueva práctica de modificación de conducta infantil no deseada que me   parece intrusiva, irrespetuosa y humillante para los niños. Se trata de la intervención con el uso de cámaras de vídeo para grabar y analizar comportamientos infantiles durante la vida privada de los niños en las dinámicas familiares y otros escenarios.

Algunos progenitores o adultos encargados del cuidado de menores me han referido que lo hacen para luego mostrar al niño su propio berrinche o conducta “disruptiva” con el objetivo de que modifiquen dichas conductas.

Entre otras consideraciones me parece que la decisión de recurrir a estas intervenciones habla mucho sobre la discapacidad del adulto para establecer conexión e intimidad emocional con las criaturas, demuestra la falta de recursos para crear un canal de comunicación basado en la confianza y la empatía, en resumen la falta de habilidades para establecer una corregulación emocional respetuosa, sin duda éticas y que claramente requieren tiempo, permanencia, trabajo personal y compromiso afectivo para su despliegue robusto y sostenible.

Otro tanto ocurre con la intervención de especialistas que se valen de esta técnica de grabaciones de vídeos para registrar, observar, diagnosticar dinámicas de la vida privada de los menores. Tal vez sea lo más fácil y cómodo para el adulto o adultos que persiguen un determinado objetivo o resultado rápido y “efectivo”, pero no me parece ético cuando hay niños involucrados que además no están dando autorización, o no tienen la capacidad de dimensionar lo que implica que se hagan registros de vídeos sobre su vida íntima, y que tampoco pueden tener el control sobre dichos registros.

Como siempre, lamentablemente llevamos el adultocentrismo tan integrado que no somos capaces de registrar las distintas formas sutiles y concretas en que, incluso con las mejores intenciones, abusamos con nuestro poder de la condición de vulnerabilidad de los niños en aras de satisfacer nuestro deseo, prioridad o confort.

Que una técnica resulte efectiva no significa necesariamente que sea ética. La tortura es efectiva, humillar, pegar, chantajear, amedrentar, manipular para que otros hagan lo que queremos es muy efectivo, pero no es ético.

Pongámonos la mano en el corazón y preguntemos : ¿esto que voy a hacerle a mi hijo ahora o que le estoy haciendo a mi hija ahora, me gustaría que me lo hicieran a mi? Me gustaría que mi pareja me tomara vídeos sin mi consentimiento en un momento de nuestra vida privada cuando discutimos y yo me exalto, para luego mostrarme el registro haciéndome ver lo “desquiciada” que soy o que estaba? ¿Me gustaría que se los mostrara a su psicólogo o terapeuta para que le de una opinión o diagnóstico sobre mi comportamiento o la relación de pareja? ¿Qué trato me gustaría recibir en tales circunstancias?

El fin no justifica los medios.

“Trata a los pequeños como te gustaría ser tratado por los grandes”.

Berna Iskandar 

@conocemimundo


conocemimundo@gmail.com

jueves, 30 de agosto de 2018

¿Cómo enseñar a los hijos a protegerse de la violencia?








¿Cómo enseñar a nuestros hijos e hijas a protegerse de la agresión y la violencia de terceros, el bullying, el acoso, la violencia física, el abuso sexual...? Esta pregunta la hacen los progenitores con muchísima frecuencia, visto que la violencia está presente en todo ámbito y que no siempre podemos estar con ellos para protegerlos.


La tarea de ayudar a nuestros hijos a desplegar su poder personal, su fuerza interior, su capacidad de auto protección comienza desde el momento en que nacen. 
Y ¿cómo se logra esto?



El llanto, los gritos, los gestos, la agitación motriz son las herramientas de comunicación de los bebés. Ellos perciben claramente lo que les encaja o no. Cuando experimentan molestia, miedo, falta de confort, lo manifiestan instintivamente a través de sus herramientas de comunicación. 
Si los adultos de referencia validamos ese llamado de auxilio vital de la criatura y hacemos lo necesario para que retorne al equilibrio, favorecemos el despliegue de su capacidad natural de auto protección. El niño reconoce a través de sus padres que su malestar es válido y que usando los recursos con los que cuenta a su corta edad logra modificar positivamente el entorno para volver al equilibrio. 

Si ignoramos o censuramos la expresión del llanto, el malestar, incluso en un momento dado la agresividad del niño cuando se siente amenazado, vulnerado, valorándola como capricho, grosería o malacrianza, generándole culpa por sus emociones o sensaciones, la criatura inhibirá sus pulsiones vitales, se alejará de la percepción sobre lo que le perturba o incómoda, y aprenderá que de nada vale la pena esforzarse por pedir ayuda porque nada pasará, nadie acudirá y nada cambiará.



Así cercenamos su confianza básica, y se instala la indefensión aprendida. Luego más adelante frente a alguien que amenace su integridad y le genere malestar, habrá perdido la capacidad de reconocer y validar sus propias señales emocionales o corporales de incomododidad o malestar y no podrá activar sus propios mecanismos de autodefensa, transmitiendo claramente su fuerza y su poder personal para detener una agresión o buscar ayuda. 



Berna Iskandar @conocemimundo

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jueves, 19 de julio de 2018

Nuestros hijos siempre nos esperan.


Durante nuestras ajetreadas y agobiadas vidas, todo el tiempo que permanecemos distantes física o emocionalmente de nuestros peques, ellos nos están esperando, ellos siempre nos esperan, porque nos quieren y nos necesitan como al alimento y al aire para vivir.

Criar es estar. Pero lamentablemente vivimos en los tiempos de andar sin tiempo para estar, sobre todo para permanecer con los hijos. Nunca antes en la historia de la humanidad se dejaba a los niños incluso desde meses de nacidos en una guardería al cuidado de terceros, luego de lo cual se les apunta en actividades extras para aumentarles el horario mientras los padres somos tragados por el mundo exterior, social, laboral... Pero lo más preocupante es que a menudo la ausencia no se zanja aún con la presencia física de los padres. Llegamos a casa para continuar abrumados con las responsabilidades domésticas y otras prioridades, cansados con ganas de acostar a los niños para que duerman lo antes posible y poder dedicarnos a ver nuestra serie favorita... Los niños de ahora tienen escasa interacción con los padres pero no sólo por la distancia física sino también por la distancia afectiva.



Aún en presencia, ignoramos las necesidades emocionales de los niños. Por lo regular sí que nos preocupamos por su comportamiento, por encontrar la manera de que nos obedezcan, imponer límites y disciplina efectiva para que nos hagan caso y se bañen, coman, hagan la tarea, se duerman, despierten, se vistan, cuándo y cómo les decimos... Pero olvidamos que los niños tienen necesidades afectivas, olvidamos que requieren conectar con sus padres, interactuar con ellos desde el intercambio de afecto, mirada, juego, comunicación con escucha activa, abrazos, besos, nutrición epidérmica. Los niños necesitan sentir la seguridad de que su papá y su mamá comprenden y responden sensiblemente a sus inquietudes, miedos y anhelos. Necesidades que quedan a la espera sin ser atendidas a lo largo de días, meses, años de prisas y exigencias del mundo adulto. 



Berna Iskandar @conocemimundo
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viernes, 19 de mayo de 2017

Crianza libre de castigos: En lugar de ordenar, estimula el deseo del niño a cooperar



Cuando un niño está pasándola bien haciendo lo que le gusta, y le decimos o le ordenamos desde la cocina o desde otra habitación que interrumpa su actividad para que cumpla con una obligación como ir a bañarse, a comer, a hacer las tareas, etc., es muy probable que no responda de buena gana o no sienta el deseo de cooperar. A nadie le agrada que le interrumpan cuando la está pasando bien y menos con una orden ¿cierto? 

En esos casos es más efectivo acercarnos, empatizar con el niño y comunicarle el evento por venir. Con niños menores de 3 a 4 años podemos usar el juego, la imaginación, la distracción y otros recursos creativos para redirigir su atención e interés hacia la tarea que toque realizar.

Con niños a partir de los 3 años, pero sobre todo en torno a los 4 a 5 años, podemos  además negociar y establecer un acuerdo sobre el tiempo que necesite para terminar con la actividad que están realizando (juego, pintar, ver la tele…) y pasar a la siguiente.

Si en lugar de orientarnos por el viejo vicio de intervenir con posturas educativas arrogantes, nos habituamos a comunicar  mediante un tono cercano y cómplice, si lo hacemos de forma clara, firme y coherente, si los niños se sienten escuchados, respetados, si perciben un clima que les genera confianza, si lo hacemos cuando no están cansados, con sueño o con hambre (recuerda anticiparte evitando llegar a ese momento) lo cual predispone a la alteración emocional de las criaturas impidiendo la comunicación activa… es muy probable que los pequeños respondan y acepten con naturalidad el diálogo y los acuerdos.


Es preciso aclarar algunos tópicos importantes sobre este tema. Los acuerdos no son instrucciones u órdenes, son negociaciones donde cada uno está dispuesto a ceder algo para llegar a un lugar común de ganancia mutua. A menudo los padres creemos que negociamos cuando en realidad estamos imponiendo o usando recursos punitivos: "Si quieres ir al parque, primero haces la tarea", “si quieres comer galletas, primero debes bañarte"... Esto no es negociación, es imposición mediante castigos y recompensas, es decir, usando el chantaje.

Por otra parte a los niños les toma tiempo interiorizar los acuerdos. Y no porque intencionalmente se nieguen a mantenerlos, sino porque debido a su inmadurez evolutiva los regula el principio del placer (leer mi post: los niños pequeños están en el placer)  Para integrar hasta donde sus posibilidades  madurativas lo permiten la responsabilidad que implica mantener un acuerdo apropiado y viable para su edad, necesitan tiempo, repetición, coherencia y paciencia.  Tengamos presente la importancia de hacer recordatorios amables una vez establecido el acuerdo. A los niños  les cuesta centrarse en un objetivo distinto al que sus mentes diseñadas para imaginar y jugar, les orienta.  Como aclaramos antes, puede ocurrir que el niño se encuentre  cansado, con hambre, alterado por exceso de consumo de azúcar, exposición a pantallas… lo cual provoca que se desborden las emociones y resulte inútil intentar que convenga o cumpla un acuerdo en ese momento. Recordemos que son niños, no podemos esperar que se comporten como adultos. Ya crecerán y alcanzarán la madurez racional necesaria para adaptarse mejor a las pautas adultas.

Muchos padres esperando resultados instantáneos, se impacientan al usar estrategias no punitivas para lograr que sus hijos cooperen, y terminan recayendo o validando las viejas estrategias basadas en la imposición, la obediencia y el adiestramiento. Llevamos tan integrados los propios automatismos educativos que no vemos el modo en que cotidianamente estos interfieren en la interacción con los pequeños a nuestro cargo dinamitando el establecimiento progresivo de un vínculo basado en la confianza y la comunicación activa con ellos. Es necesario repensar el objetivo de la educación  que desde la orientación ética del modelo democrático es elevar la consciencia del ser humano, y no robotizar o condicionar a través de métodos de entrenamiento canino. Esto toma tiempo, exige paciencia y compromiso emocional. Educar sin violencia, orientados por valores democráticos, exige robustecer nuestros propios recursos emocionales tales como la empatía,  la confianza en los niños y su capacidad de alcanzar los hitos madurativos biológicos, psicológicos y sociales, oportunamente, cada uno a su propio ritmo. Practicar la auto observación es fundamental para que nuestro propósito de educar sin castigos, sin condicionar con el miedo mediante gritos, amenazas, o usando chantajes como premios y recompensas, resulte sostenible.


Fuente Yolanda González Vara, Educar sin miedo a escuchar






jueves, 12 de enero de 2017

Los niños pequeños están en el placer





Durante la primera infancia (0 a 7 años) los niños están en el placer. Por razones de madurez evolutiva aún les cuesta integrar el concepto de deber. Se trata de una etapa egocéntrica (que no egoísta) debido a que ciertas funciones racionales aún están en proceso de maduración y que cada niño o niña alcanzará, por autogestión, llegado el momento correspondiente sin forzar, ni empujar exigiendo comportamientos que no corresponden con su edad. 


Por ejemplo, la conexión espacio temporal con la experiencia es inmediata. Están en el presente. Ayer y mañana son conceptos complejos para un niño pequeño. Con lo cual les resulta complicado esperar hasta satisfacer una necesidad o deseo. Desde el momento en que un niño pequeño siente una necesidad o deseo hasta que este es satisfecho, sufre, se impacienta. No sabe que hay un después. Ellos están básicamente en el presente y su deseo o necesidad son puros y totales. Por eso cuando les decimos ahora no, en otro momento, dentro de un rato o mañana vamos al parque o te doy tal objeto más tarde, protestan, se molestan, hacen berrinches o si ya dominan el lenguaje preguntan a cada rato ¿ya?, ¿ahora sí? Y no lo hacen para fastidiar o manipular. 


Desde el nivel de comprensión de un niño pequeño, el presente es lo que existe. Por esta misma razón entre otras características madurativas de la edad,hacer entender a un niño -por ejemplo- que debe cepillarse los dientes para que en un mes no le salgan caries (concepto de deber con implicaciones a mediano o largo plazo) es poco o nada efectivo. En cambio jugar a cepillarse los dientes, es decir, el juego, la creatividad, el placer, lo estimulará a cooperar. 


La anticipación y la distracción también son recursos que ayudan a prevenir o desviar la atención del niño hacia un foco de interés distinto, evitando el conflicto. Nos anticipamos cuando prevenimos las situaciones que pueden desencadenar frustración en el niño. Ejemplo clásico, pasar por al acera de enfrente de la juguetería para que no la vea y quiera satisfacer su deseo urgente de quedarse o comprar juguetes. Distracción, cuando proponemos una actividad o un objeto interesante para llevar su atención presente hacia un foco distinto de aquello que  provoca su frustración (mira esta muñeca tan bonita, que tal si jugamos un ratito tú y yo...) 


Otro recurso que fortalece la capacidad de integrar progresivamente la experiencia presente y futura en los pequeñines, es hablarles constantemente de lo que está ocurriendo, y explicarles lo que vendrá. Por ejemplo, ahora vamos a casa de los abuelos, te vas a quedar con ellos un ratito mientras mamá sale a hacer algunas cosas. Despedirnos antes de salir, explicarles a donde vamos cuando regresamos. En la medida en que pongamos palabras coherentes con la realidad a la experiencia que circunda a la criatura, le ayudamos a organizar su percepción y construir progresivamente la experiencia.




Una vez que el niño madura, por autorregulación, deja atrás la etapa egocéntrica y comprende mejor el concepto de deber, siempre que no hayamos causado interferencias con aproximaciones represivas o empujando prematuramente hacia comportamientos que no corresponden con su edad. 


Berna Iskandar @conocemimundo





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martes, 27 de septiembre de 2016

Es de mala educación obligar a los niños a saludar






A propósito de obligar a los niños a saludar o besar a los demás. Es un contrasentido pretender transmitir buenos modales forzando, provocando miedo, dolor,  humillación, censurando y desconectando con el humor de las criaturas. Hacer algo así es de muy mala educación. 


Es importante tener clara la diferencia entre una orden y una invitación amable, respetuosa con los ritmos y las procesos emocionales del niño. Si quieres transmitir valores de respeto y empatía, comienza por dar el ejemplo tratando a los niños con la consideración y el respeto que merecen. 




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miércoles, 29 de abril de 2015

Ya sabe caminar pero quiere que lo cargue

Foto pixabay.com

“¡Andrea, te dije que no te voy a cargar, ya estás grande... o caminas o te dejo aquí!”, amenaza  su madre a la pequeña de casi 3 años. Andrea intenta seguirla, da unos cuantos pasos, se detiene, se desvía, queda rezagada, se cansa y se echa en el piso. Entonces la mamá la reprende, la agarra por un brazo y la arrastra. Una escena frecuente  protagonizada por familias en sitios públicos, con peques de 2 a 4 años que ya caminan, pero que piden que los carguen. Tendemos a creer que, por ser capaces de desplazarse solos, el pedido de los pequeños no es más que una señal de capricho y que no hay que dejarse manipular. Entonces se entabla una guerra para obligarlos, incluso apelando a recursos bastante cuestionables como llevarlos  arrastrados a la fuerza.  

¿Y será verdad eso de que sólo quieren que los carguen por capricho? Veamos qué nos dicen la observación, el sentido común y expertos como el pediatra y autor Carlos Gonzáles en su bestseller Bésame Mucho, Cómo Criar a Tus Hijos con Amor:

·    Investigaciones de Bowlby y Anderson (Inglaterra) y  Rheingold y Keene (Estados Unidos) demuestran que dicha conducta es universal en los niños y niñas de hasta 3 años de edad. Es decir, se trata de un rasgo evolutivo que responde a una razón vinculada a la madurez del niño. Un niño menor  de 3 años no está preparado aún para caminar al lado nuestro con el mismo ritmo y durante el mismo tiempo que es capaz de caminar un adulto. Si lo quieres comprobar, observa y compara la marcha de un niño pequeño con la del adulto que lo acompaña. Por cada paso que da el adulto, el pequeño necesita dar 2 o 3, además de la inversión de esfuerzo para mantener el equilibrio, orientación, coordinación, etc., necesaria para desplazarse.

·      El hecho de que el niño o niña ya sepa caminar no quiere decir que puede y tiene que hacerlo en cualquier circunstancia. Algo parecido ocurre con un adulto que sabe caminar e incluso correr pero no puede completar un maratón de 20 kilómetros sin que previamente haya desarrollado las capacidades para lograrlo. Los niños y niñas menores de 3 años todavía necesitan madurar algunas funciones físicas y psicológicas para caminar solos durante períodos largos. Son adquisiciones paulatinas que llevan tiempo y que, llegado el momento evolutivo, van a suceder de modo automático y con poca estimulación. Por lo tanto es un proceso que se logra por autorregulación y no con adiestramiento. Es decir: no hace falta enseñar, entrenar ni mucho menos empujar u obligarlos.

·      Algunas veces sí y otras veces no, puede ser que un niño o una niña  hasta los 3 años muestre, a ratos,más ganas o disposición de caminar. Esto no quiere decir que esté manipulando, sólo quiere decir que el pequeño pudiera estar temporalmente de buen humor o motivado por algo que le llama la atención

En conclusión, si queremos actuar con respeto hacia sus necesidades e integridad como personas, cuando salimos con niños pequeños al parque, de paseo, hacer diligencias, de compras, etc.,   aunque ya sepan caminar, debemos anticiparnos para atenderlos con paciencia y respeto en el momento que expresen cansancio o el deseo de ser llevados en brazos o en un cochecito.

Si todavía con toda esta explicación nos cuesta encontrar un lugar emocional desde donde sentir que un pequeño se cansa y pide brazos por razones legítimas y no por capricho, imaginemos si estuviéramos muy cansados, desorientados o aturdidos y una persona con más tamaño y más fuerza nos sometiera y arrastrara por el piso para llevarnos a otro lugar en contra de nuestra voluntad.

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuando las opiniones, creencias y costumbres se convierten en interferencias

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Trata a los pequeños como te gustaría ser tratado por los grandes. Proverbio

Andamos tan ensimismados dentro de nuestro propio punto de vista que en lugar de observar y dejarnos guiar por los niños, a menudo nos perdemos en debates de opiniones sobre el modo correcto o incorrecto de criarlos. Que si está bien o no que duerma en solitario, que si está bien o no retirar los pañales a los 2 años o cuando el chiquitín lo deje por sí solo, que si está bien o no forzarlo a comer con horarios o dejar que coma a libre demanda, que si está bien o no mandarlo a la guardería o al rincón de pensar, que si está bien o mal que el niño juegue con muñecas, cocinitas y la niña con carritos o viceversa, que si a una bebé no le molesta o si le molesta “aprender” a llevar lazos, cintillos y adornos en la cabeza para complacer  mi deseo de lucir bonita...  Incesantemente desde un planeta paralelo, mirando al niño desde arriba o desde la distancia emocional, nos enfrascamos en defender nuestras opiniones y perdemos de vista que el asunto realmente importante no es la opinión  o el debate entre  adultos  sobre si está bien o está mal cualquier interacción con los niños a nuestro cargo.  Si realmente queremos actuar en beneficio del sano desarrollo de nuestros peques, la pregunta importante a formularnos es ¿qué siente el niño, cuál es su punto de vista? De lo que se trata es de sintonizar con la criatura,  y estar dispuestos a respetar su integridad como persona, comprender sus reales necesidades y deseos, procurando satisfacerlos. 

Otra interferencia muy común en la crianza se arraiga en la necesidad de mantenernos en la zona de confort sin disposición de preguntarnos porqué seguimos haciendo las cosas del mismo modo y cerrándonos al cambio. La psicopediatra y autora Rosa Jové en su libro "Todo es posible" nos recuerda que si no existieran personas capaces de cuestionar los idearios y condicionamientos sociales, aún estaríamos en la Edad Media. Jové relata la anécdota de una mujer que había hecho durante años la receta de rollo de carne asada exactamente como aprendió con su madre: adobaba, maceraba, amarraba y cortaba las dos puntas en ambos extremos del rollo de carne antes de meterla al horno. Un buen día se cuestionó las razones de cortar las puntas del rollo de carne y llamó a su mamá para indagar. Su madre le respondió que cortaba las puntas porque el molde donde iba la carne era muy pequeño y tenía que hacerlo así para que cupiera dentro... Vale la pena preguntarse cuántas de nuestras creencias, idearios y costumbres actuales siguen teniendo alguna utilidad o sentido, vale la pena atreverse a cuestionar lo naturalizado y hacer las cosas de un modo distinto al que lo hemos hecho siempre. La vida es cambio constante, busquemos nuevos referentes para educar a nuestros hijos y alumnos o corremos el riesgo de atascarnos en esquemas vencidos. Hay que atreverse a romper con la consistencia, a “pensar fuera de la caja”.






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