CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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miércoles, 17 de junio de 2015

Mitos y falacias de la crianza

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El niño atendido satisfactoria y oportunamente en sus necesidades psicoafectivas a lo largo de su desarrollo, llegado el momento de madurez correspondiente (cada uno a su propio ritmo) logra adquirir por autorregulación, la autonomía en las funciones biológicas o psicológicas. Es un mito, una falacia bastante extendida la idea de que al darles mucho amor, satisfacer su pedidos psicoafectivos (brazos, colecho, mirada, juego, presencia, lactancia materna "prolongada"…) los convertiremos en seres dependientes (nunca lo sacarás de la cama, lo sobreproteges, lo malcrías, etc.)

Las interferencias que impiden madurar a las criaturas no tienen nada que ver con satisfacer sus necesidades afectivas o con prodigarles presencia segurizante toda vez que la piden. Al contrario. Interferimos en el desarrollo de los niños cuando pretendemos frustrar sus necesidades afectivas, o apurarlos para que alcancen etapas madurativas que aún no les corresponde, en el afán de que se hagan "independientes".

Lamentablemente una mayoría de profesionales sanitarios, psicólogos, educadores, basan su criterio sobre doctrinas hostiles a la infancia, tales como la teoría de la frustración y el niño como perverso polimorfo de Freud, que achacan toda conducta no deseada o la dependencia natural de los niños pequeños, a la complacencia afectiva de los padres hacia las criaturas, creando así inseguridad y confusión en los progenitores que desde el sentido común, la sabiduría filogenética y la intuición, perciben el deseo de establecer una crianza natural, conectada y responsiva con las necesidades reales y los pedidos legítimos de los niños a su cargo.

Tal y como afirma la psicóloga y autora Yolanda González, “solo desde el conocimiento de sus procesos evolutivos y desde el respeto y la confianza en su autorregulación, podremos como padres, educadores y profesionales, fomentar vínculos seguros y futuros adultos más solidarios con la vida y el planeta.”


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jueves, 29 de enero de 2015

La cultura del desapego precoz

Desde que el ser humano pobló este mundo, la manera natural de alimentar al bebé de nuestra especie era dando la teta, hasta que surgió la industrialización de la leche y con ella la popularización de los teteros, con lo cual dar el pecho se convirtió en una práctica poco común. 

Los niños han dormido a lo largo de siglos acompañados por sus madres para sentir calor, seguridad y alimentarse a demanda durante las noches, hasta que llegó la pediatría conductista y condenó el colecho y ordenó que los bebés duerman en solitario consolados con un oso de peluche... 

Así mismo los bebés humanos  se calmaban en brazos o se porteaban todo el tiempo en pareos o fulares, pegados al cuerpo de mamá,  hasta que surge la novedad histórica de cochecitos, sillitas eléctricas de esas que vibran o se mecen, entre otros sustitutos del cuerpo materno. 

Siempre había sido el pecho de la madre lo que calmaba la necesidad de succión (por hambre o consuelo) de los niños hasta que se destetaban naturalmente a una edad en que ya no necesitaban llevarse ni dedos ni otros objetos a la boca para sentir seguridad. 

Pero un día se inventa el chupón o “pacifier” (pacificador), que luego pasó a ser tan popular y recomendado por médicos y otros profesionales de salud, como un sustituto del pecho materno. Nos hemos organizado dentro de la cultura del desapego que supone fabulosas ganancias para toda una industria de artilugios plásticos sustitutos del cuerpo materno, una cultura que engendra desamor, carencia afectiva y soledad...

Aclaremos que  no se trata de ser extremistas ni radicales. Usar chupón, coche, un oso de peluche de manera muy puntual no es el problema. Usarlos como sustitutos del cuerpo materno de manera sistemática, sí que lo es. Y es lo que hacemos normalmente en esta cultura del desapego.

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miércoles, 28 de enero de 2015

Los niños son manipuladores: ¿verdad o mito?





Constantemente escucho decir que los niños son manipuladores. Con frecuencia algunos padres me preguntan si esto es real o es un mito.

Por una parte los adultos actuamos a partir de la creencia muy arraigada de que los niños no entienden nada, de que son como animalitos meramente instintivos. Se llega decir incluso que “niño no es gente” y por tanto no se trata de razonar, informar o acordar con la criatura,  si no de eliminar  la “resistencia” de forma mecánica con golpes o reprimendas, castigos o recompensas. Sin embargo al mismo tiempo damos por sentado el hecho de que son lo suficientemente astutos para manipular. Es decir, para hacer operaciones cognitivas avanzadas que permiten detectar la psicología del adulto y manipularlo, el niño si que tiene capacidades, pero para entender explicaciones en lugar de recibir sistemáticamente órdenes, no.  He aquí otra de las innumerables y curiosas contradicciones que desde la mirada adultocentrista se construye sobre la infancia. 

A ver. Usemos el sentido común… El niño carece de autonomía para garantizar su sobrevivencia. El niño tiene muchas necesidades físicas (malestar, hambre, sueño) y muchas necesidades emocionales (afecto, mirada, nutrición epidérmica, consuelo, interacción con un adulto significativo, etc. ) todas naturales, todas legítimas, todas fundamentales para desarrollarse saludablemente, y las expresa a través de las herramientas o recursos con los que cuenta en su momento madurativo y del modo en que consigue ser escuchado o logra entrar en el radar de sus padres (lloran porque es su herramienta más potente de comunicación, gritan si no les atienden, hacen berrinches si sus cuidadores no les han interpretado o atendido oportunamente sus necesidades, malestar o frustración, etc.)  Ahora bien, si eso es manipular, pues me parece lógico que manipulen porque si no lo hacen, siendo tan dependientes de un adulto cuidador que sepa interpretar sus necesidades y cubrirlas para sobrevivir ¿cómo obtendrían lo que necesitan?

La pregunta que deberíamos hacernos los adultos es: ¿el niño es manipulador o somos nosotros los que sistemáticamente desoímos sus pedidos genuinos de atención y vínculo para degradarlos rápidamente a la condición de capricho y mala crianza...?


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miércoles, 28 de octubre de 2009

De las mentiras que se venden en el mercado de las relaciones

Y que pareja abierta...cómo no
--- este sábado---
---10AM---
----en la cita mensual con Teresa Egaña---
---97.7 FM---
--- Cultural de Caracas---
Conoce Mi Mundo

Acompáñanos a develar lo que se esconde tras la superficie de esta forma de relación que hemos dado por llamar Pareja Abierta

Pronto disfrutarás del audio del programa en este blog


Por una educación consciente capaz de transformar al mundo

jueves, 20 de agosto de 2009

Mitos, tabúes y prejuicios, escollos en el camino de la crianza

Teresa Egaña, psicoterapeuta, conferencista y motivadora.
Invitada mensual a Conoce Mi Mundo


Los mitos, tabúes y prejuicios no están creados para que el ser humano se haga más inteligente y pueden dificultar el camino hacia una educación adecuada, consciente que nos permita una vida más feliz y de mejor convivencia. Teresa Egaña, psicoterapeuta, motivadora y conferencista internacional acude a su cita mensual en Conoce Mi Mundo para hablar del tema.

Pulsa aquí para escuchar la entrevista


POR UNA EDUCACIÓN CONSCIENTE CAPAZ DE TRANSFORMAR AL MUNDO
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