CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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jueves, 14 de junio de 2018

Las emociones: aparecen, se desarrollan y desaparecen


Las emociones son movimientos intensos de adentro hacia afuera que se detonan para cumplir con una función necesaria en la regulación humana. Aparecen, se desarrollan y desaparecen.  

Cuando las inhibimos o reprimimos se pervierten en la sombra y luego se manifiestan multiplicadas y empeoradas. No hay emociones buenas o malas, positivas o negativas. Las hay agradables y desagradables pero todas son necesarias, cada una cumple con una función adaptativa. No hay emociones de hombres y emociones de mujeres. Todas las emociones son humanas y las sentimos porque ¡estamos vivos!.

Necesitamos reconciliarnos con las emociones y vivirlas con menos tabúes o juicios de valor, expresándolas de forma oportuna e inocua, es decir, saludablemente. Inhibir o reprimir las emociones propias o de los niños a nuestro cargo pensando que con ello las suprimimos, es como pretender enterrar la basura radioactiva para desaparecerla. Si queremos promover un desarrollo saludable en los niños, es preciso comprender, aceptar y navegar con sus emociones y con las nuestras.

Los seres humano no somos pura lógica, razón, pensamiento. Para desarrollarnos de forma plena e  íntegra es importante reconocer, reconciliarnos  e integrar la dimensión animal, instintiva, emocional que emana de nuestro cerebro reptiliano y mamífero, que por sus características madurativas se mantiene viva en el niño a quienes constantemente criminalizamos, censuramos, inhibimos, como explica el Maestro Claudio Naranjo, ignorando que las emociones y los deseos o pedidos instintivos son manifestaciones que deberíamos honrar como indicadores de necesidades al igual que las raíces de un árbol se expanden buscando el agua para nutrirse y no por capricho o porque desea demasiado o desmedidamente.


Berna Iskandar 

jueves, 7 de junio de 2018

¿Cómo nos sentimos cuando nuestro hijo “se porta mal”?





Cuando un niño a nuestro cargo o nuestro propio hijo manifiesta un comportamiento que valoramos como indeseable, antes de reaccionar es recomendable hacer una pausa reflexiva y preguntarnos: ¿cómo nos hace sentir?, ¿por qué esto que hace nuestro hijo o hija molesta tanto y perdemos la paciencia?, ¿fuimos niños que con la sola mirada de los padres teníamos que callar lo que pensábamos y dejar de pedir o hacer lo que necesitábamos?, ¿cómo repercute en el trato hacia los niños actuales a nuestro cargo, la propia infancia, cuando nos dolía más expresar nuestras emociones o necesidades, que callarlas?

Son las vivencias de nuestro propio niño interno herido, ignorado, reprimido, abusado, quien a menudo nos hace perder la paciencia ante las expresiones de enojo, demandas de atención, otros pedidos y emociones de nuestro hijo. 

Los adultos solemos reaccionar frente a los pequeños a nuestro cargo a partir de la propia impronta infantil fruto de autoritarismo y exigencias desmedidas.

Desarmar la lealtad hacia los padres para registrar conscientemente la verdad de esta experiencia es muy duro, con lo cual tendemos a minimizar o desplazar al inconsciente lo que nos pasó. Pero eso que nos pasó sigue operando desde las sombras, creando interferencias en nuestra interacción con el niño presente, real, que ahora está a nuestro cargo, y nos pide o expresa lo que legítimamente necesita.

A menudo esto explica la razón por la cual tantos adultos expresamos nuestra incapacidad de tolerar el llanto de un niño, o de aguantar a niños inquietos, movedizos, que exploran, que hacen ruido, que juegan o se enojan, que defienden sus propias ideas, que demandan ir a su propio ritmo infantil.

El solo hecho de darnos cuenta equivale a encontrar recursos emocionales para mejorar las competencias parentales, acompañar desde un lugar más consciente, libre de violencia de manera coherente y sostenible. 

Berna Iskandar 

viernes, 1 de junio de 2018

¿Quién tiene que aprender a tolerar frustración? ¿El niño o el adulto?






Tanto que hablamos y nos preocupamos los adultos sobre la necesidad de que los niños aprendan a tolerar frustración. Incluso las provocamos intencionalmente para que “aprendan a manejarlas”… y sin embargo los adultos no somos capaces de darnos cuenta de nuestra baja tolerancia a la frustración, especialmente cuando de criar a niños se trata. Nos frustramos bastante cuando nos toca adaptarnos a los ritmos y necesidades madurativas del niño. Se frustran nuestros deseos de comodidad y autonomía ante la exigencia de acompasar nuestras rutinas a las de un bebé recién nacido o niños pequeños. Nos frustramos frente al niño que no nos hace caso de inmediato, que no hace lo que le pedimos, cómo y cuándo se lo pedimos. Nos agobiamos con el niño que quiere ser niño y por tanto no se adapta al orden de la casa, de la escuela, de las rutinas organizadas en función de las prioridades adultas… y gritamos, castigamos, nos sentimos abrumados, estallamos. Perdemos de vista que los adultos somos nosotros y lo lógico es que tengamos mayor capacidad para adaptarnos a la realidad de las exigencias que supone criar o educar a los niños. La pregunta bien formulada sería entonces: ¿hay que frustrar a los niños para evitar la frustración que atenderlos debidamente provoca a los adultos, o somos los adultos los que necesitamos aprender a manejar nuestras frustraciones?

Berna Iskandar @conocemimundo



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domingo, 31 de diciembre de 2017

¿por qué mi hijo lo pide todo gritando o llorando?



Un día cualquiera lo vi otra vez como tantas veces, mientras comía en un restaurante. Padre, madre e hija de más o menos cinco años en la cola para hacer el pedido. El papá, un hombre alto, ocupado mirando los letreros del menú. La niña levanta su cabeza y su voz para llegar hasta los ojos y oídos de su padre situados a metro y medio de distancia física y a un planeta de distancia emocional. Con el entusiasmo de compartir con alguien de confianza, le cuenta algo que le había causado risa, sin lograr respuesta. Luego cambia la anécdota por una demanda: “vamos a comer en el piso de arriba”, insiste como tres o cuatro veces. Levanta más la voz pero el papá sigue absorto viendo los letreros del menú en la pared... entonces la pequeña se dirige a la madre intentando conectar a través de la misma demanda con la que posiblemente siente que será escuchada, pero la respuesta de la madre es la misma indiferencia. Arrecia sus intentos mediante el contacto físico halando el brazo de su mamá, aumentando el volumen de voz, pero sólo consigue que la madre voltee a mirarla, desde arriba, para reprenderla... y se queda sola en el planeta niña...

Y sí, queridos mamás y papás, los niños, sobre todo pequeños, necesitan mucha interacción con ustedes, triangular sus experiencias con ustedes, transmitirles sus necesidades porque son escasamente autónomos para procurárselas por sí mismos. No lo hacen por capricho o por malcriados. No es que sean demasiado demandantes. Es que nosotros los adultos somos bajo tolerantes y limitadamente disponibles emocionalmente...
Otra cosa: Estoy segura de que ese papá o mamá no tratarían de tal modo a otro adulto aunque les fastidiara que les hablase en ese momento. Solo por un tema de buenos modales, se tomarían el tiempo y la molestia de responder. A las personas en general, incluido los niños, debe tratárseles como personas, no como muebles.
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Berna Iskandar @conocemimundo



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lunes, 2 de octubre de 2017

El Valle del Cauca Vive La Crianza Respetuosa


GIRA EN EL VALLE DEL CAUCA,
COLOMBIA: BUGA, CALI Y TULUÁ
 24 AL 30 DE OCTUBRE
INSCRIPCIONES ABIERTAS



25 AL 30 DE OCTUBRE
Informa e inscribe Gina Arango
giracrianza@gmail.com
315 4437393 
INSCRIPCIONES ABIERTAS

Ciclo de seminarios y conferencias para promover la crianza libre de violencia  con Berna Iskandar @conocemimundo  autora de Conoce Mi Mundo periodista, madre, blogger, conferencista, divulgadora de temas de crianza alternativa, paternidad, maternidad y derechos de infancia y adolescencia enmarcados en la prevención y el desarrollo humano sustentable (más de 100 talleres, conferencias, seminarios presenciales/online).  Primer premio concurso de Bloggers 2013 sobre Desarrollo Infantil, otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Influencer digital.  Conductora y productora del programa Conoce Mi Mundo  en la Emisora Cultural de Caracas, pionero y único en los medios venezolanos  enteramente dedicado a promover crianza en cultura de paz, desde el 2006. 

BUGA

MARTES 24 DE OCTUBRE 5PM: CONFERENCIA CRIANZA Y AUTOCUIDADO DEL CUIDADOR 
DOMINGO 29 DE OCTUBRE 9AM: SEMINARIO LÍMITES Y DISCIPLINA HUMANIZADA
LUNES 30 DE OCTUBRE 8AM: TALLER COMPRENDER Y ACOMPAÑAR LA ADOLESCENCIA 

PALMIRA
JUEVES 26 DE OCTUBRE 9AM: CONFERENCIA AUTORREGULACIÓN Y APEGO SEGURO, DOS PILARES DE LA CRIANZA RESPETUOSA.
JUEVES 26 DE OCTUBRE 2PM: CONFERENCIA RASGOS EVOLUTIVOS DE LA PRIMERA INFANCIA. 

TULUÁ
VIERNES 27 DE OCTUBRE 9AM: SEMINARIO CRIANZA RESPETUOSA 

CALI
SABADO 28 DE OCTUBRE 9AM: SEMINARIO LÍMITES Y DISCIPLINA HUMANIZADA

Informa e inscribe Gina Arango @gigiarango 
giracrianza@gmail.com
315 443 7393

jueves, 13 de julio de 2017

Modelos de crianza ¿dónde te ubicas y hacia dónde quieres orientarte?


Históricamente el estudio de los modelos de crianza o de estilos parentales, así como su impacto en el desarrollo de los niños y por añadidura en la sociedad, ha supuesto un tema de interés para las ciencias humanas. 

Comencemos por decir que coexisten tantas formas de criar como familias hay en el mundo. No hay un modelo puro, siempre existirán los matices que definen la particularidad de cada vínculo o dinámica familiar, pero en general, para efectos pedagógicos, esquematizaremos hablando de tres estilos paradigmáticos. 

El modelo tradicional mayoritario que orienta a los terrícolas desde hace más de cinco mil años, al margen de la  época, religión, raza o lugar del planeta donde habitemos es el autoritario. Un modelo adultocentrista, basado en el adiestramiento y la obediencia. El orden normativo,  las rutinas y horarios, los ritmos vitales, las costumbres, expectativas, incluso el diseño del espacio, etc.,  se rigen según las prioridades, comodidad y necesidades adultas. Se organiza sobre el binomio dominio-sumisión del fuerte sobre el débil. El niño como eslabón más débil de la cadena se convierte en depositario de las mayores cuotas de imposición y dominio ejercida por los adultos, sean hombres o mujeres. En el modelo tradicional autoritario se parte del principio de que el niño no sabe nada, los padres o adultos responsables lo saben todo y el niño debe plegarse al mandato adulto. La consigna es obedecer sin protestar. La autoridad se impone a través del miedo, usando recursos punitivos como amenazas,  castigos y recompensas... El resultado son seres humanos adiestrados, resentidos, sumisos o violentos, personas alejadas del contacto con su sí mismo,  que no saben autorregularse.  Individuos que aprendieron solo a responder a los estímulos externos (te quiero si haces lo que te digo, te expulso de mi territorio emocional, te provoco dolor o te retiro mi aprobación y mi amor, si no lo haces). Que cumplen  con el deber solo si obtienen recompensas o que solo respetan las leyes cuando hay una amenaza inminente de castigo.  El sentido común, la iniciativa de responsabilidad, la creatividad y pensamiento crítico son cercenados en distintos grados y formas.   
El modelo que se ubica en el extremo contrario del autoritario y que yo llamo anárquico, es aquel donde hay ausencia casi absoluta de límites o de marcos de referencia para acompañar, orientar y contener a los niños durante el proceso de socialización. Se establece probablemente como  respuesta reactiva de personas, que a partir de sus propias experiencias infantiles desarrolladas en crianzas muy represivas, al devenir padres o madres, oscilan hasta el polo opuesto. El resultado de este modelo parental pueden ser niños sin marcos sólidos de referencia, ni sostén ni estructura, lo cual genera sensación de abandono,  caos, inseguridad y miedo, lo cual supone maltrato por negligencia.

El modelo que se ubica entre ambos extremos, proponiendo el camino del equilibrio, es el democrático, basado en la horizontalidad, la empatía.  Invita a ponernos a la altura emocional y física del niño para comprenderlo y acompañarlo desde dicha comprensión en lugar de juzgar y someter a las criaturas. El propósito ético de la educación desde la mirada democrática. es elevar la consciencia, no condicionar a seres humanos con métodos de entrenamiento canino para encajar en determinados parámetros impuestos unilateralmente por el criterio adulto. Sí que existe el ejercicio de autoridad, porque los progenitores tienen la experiencia, la madurez y la responsabilidad de corregular durante su proceso de socialización de sus hijos.  Pero en este caso la autoridad no se impone,  se gana. El niño otorga la autoridad cuando los progenitores demuestran  que lo respetan, que saben de lo que hablan, que lo escuchan, cuando dan un buen ejemplo, cuando piden cosas razonables,  estableciendo un vínculo robusto y ganando su confianza. Los adultos acompañan a incorporar  los límites y las normas, reconociendo la integridad como persona del niño, sin violentar sus ritmos madurativos,  respetando sus derechos humanos.   

Reflexionar, hacernos preguntas sobre la orientación ética de la crianza que queremos brindar a nuestros hijos, así como comprometernos y prepararnos para elegir conscientemente caminos orientados por una ética coherente con los Derechos Humanos, que nutra relaciones de paridad, más saludables, comporta una enorme responsabilidad. Continuar respondiendo por inercia o tomar decisiones conscientes e informadas es nuestra elección.


Berna Iskandar @conocemimundo



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jueves, 18 de mayo de 2017

¿Por qué a los niños les cuesta enfocarse en un objetivo?

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Cuántas veces escucho a mamás, papás y adultos en general quejándose de que los niños dan muchas vueltas, se distraen, tardan un montón cuando les piden que coman, se alisten para salir, se vistan, lleven su abrigo, lonchera, mochila, es decir, se enfoquen en un objetivo. "Cada día lo mismo, se lo tengo que repetir cien veces y no hace caso, siempre está como en otro planeta hasta que le grito, porque sino, llegamos tarde"... cuentan algunos progenitores. Y es que como explica la doctora Alison Gopnik, autora de El filósofo en pañales, niños y adultos somos dos formas diferentes de Homo sapiens. Ambos "tenemos mentes, cerebros y formas de consciencia muy diferentes aunque igual de complejas y poderosas".

La infancia es un prolongado período de inmadurez que hace al ser humano muy dependiente de sus adultos cuidadores y que está íntimamente relacionado con nuestra capacidad humana de cambiar. La imaginación y el aprendizaje se relacionan y tienen muchas ventajas porque son funciones que   permite a los seres humanos  adaptarnos a entornos más variados que cualquier otra especie. Además de transformarlos como ningún animal puede hacerlo. Esta capacidad se desarrolla durante la infancia cuando el cerebro está configurado para que la exploración y la imaginación sean protagónicas. Esta es la razón por la cual a los niños les cuesta mucho más enfocarse en un objetivo. Enfocarse es trabajo diseñado para el cerebro adulto ya maduro después de haber establecido el aprendizaje que le permitirá gestionar la capacidad de exploración y transformación establecidas a lo largo de la infancia. Gopnik explica que allí radica la razón por la que el juego constituye el rasgo distintivo de la infancia siendo la manifestación viva e invisible de la imaginación y el aprendizaje en funcionamiento. "La inutilidad paradójicamente útil de la inmadurez".

Para usar la imaginación hay que disponer de tiempo y los niños están muy ocupados imaginando. Tal vez por esa razón los adultos deberíamos aceptar la necesidad de hacer amables recordatorios para sacarlos de su trabajo más importante y mantenerlos temporalmente enfocados en lo que les exigimos cada día.