CRIANZA EN CULTURA DE PAZ

Conocer , comprender y respetar cada etapa evolutiva y necesidades legítimas de los niños y adolescentes. Reconectar con lo mejor de nosotros mismos. Transitar hacia el lindo horizonte de un mundo más humanizado.
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jueves, 7 de junio de 2018

¿Cómo nos sentimos cuando nuestro hijo “se porta mal”?





Cuando un niño a nuestro cargo o nuestro propio hijo manifiesta un comportamiento que valoramos como indeseable, antes de reaccionar es recomendable hacer una pausa reflexiva y preguntarnos: ¿cómo nos hace sentir?, ¿por qué esto que hace nuestro hijo o hija molesta tanto y perdemos la paciencia?, ¿fuimos niños que con la sola mirada de los padres teníamos que callar lo que pensábamos y dejar de pedir o hacer lo que necesitábamos?, ¿cómo repercute en el trato hacia los niños actuales a nuestro cargo, la propia infancia, cuando nos dolía más expresar nuestras emociones o necesidades, que callarlas?

Son las vivencias de nuestro propio niño interno herido, ignorado, reprimido, abusado, quien a menudo nos hace perder la paciencia ante las expresiones de enojo, demandas de atención, otros pedidos y emociones de nuestro hijo. 

Los adultos solemos reaccionar frente a los pequeños a nuestro cargo a partir de la propia impronta infantil fruto de autoritarismo y exigencias desmedidas.

Desarmar la lealtad hacia los padres para registrar conscientemente la verdad de esta experiencia es muy duro, con lo cual tendemos a minimizar o desplazar al inconsciente lo que nos pasó. Pero eso que nos pasó sigue operando desde las sombras, creando interferencias en nuestra interacción con el niño presente, real, que ahora está a nuestro cargo, y nos pide o expresa lo que legítimamente necesita.

A menudo esto explica la razón por la cual tantos adultos expresamos nuestra incapacidad de tolerar el llanto de un niño, o de aguantar a niños inquietos, movedizos, que exploran, que hacen ruido, que juegan o se enojan, que defienden sus propias ideas, que demandan ir a su propio ritmo infantil.

El solo hecho de darnos cuenta equivale a encontrar recursos emocionales para mejorar las competencias parentales, acompañar desde un lugar más consciente, libre de violencia de manera coherente y sostenible. 

Berna Iskandar 

viernes, 1 de junio de 2018

¿Quién tiene que aprender a tolerar frustración? ¿El niño o el adulto?






Tanto que hablamos y nos preocupamos los adultos sobre la necesidad de que los niños aprendan a tolerar frustración. Incluso las provocamos intencionalmente para que “aprendan a manejarlas”… y sin embargo los adultos no somos capaces de darnos cuenta de nuestra baja tolerancia a la frustración, especialmente cuando de criar a niños se trata. Nos frustramos bastante cuando nos toca adaptarnos a los ritmos y necesidades madurativas del niño. Se frustran nuestros deseos de comodidad y autonomía ante la exigencia de acompasar nuestras rutinas a las de un bebé recién nacido o niños pequeños. Nos frustramos frente al niño que no nos hace caso de inmediato, que no hace lo que le pedimos, cómo y cuándo se lo pedimos. Nos agobiamos con el niño que quiere ser niño y por tanto no se adapta al orden de la casa, de la escuela, de las rutinas organizadas en función de las prioridades adultas… y gritamos, castigamos, nos sentimos abrumados, estallamos. Perdemos de vista que los adultos somos nosotros y lo lógico es que tengamos mayor capacidad para adaptarnos a la realidad de las exigencias que supone criar o educar a los niños. La pregunta bien formulada sería entonces: ¿hay que frustrar a los niños para evitar la frustración que atenderlos debidamente provoca a los adultos, o somos los adultos los que necesitamos aprender a manejar nuestras frustraciones?

Berna Iskandar @conocemimundo



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domingo, 10 de mayo de 2015

Maternidad consciente y empoderada





Lo que creemos saber sobre asuntos del alma femenina, sobre la maternidad y la crianza, habitualmente dista mucho de la realidad.  Las fotografías de portadas de revistas muestran versiones edulcoradas de la experiencia, con imágenes de bebés rozagantes y felices en los brazos de súper modelos con rostros luminosos y cuerpos delgados, entrenados en gimnasios. La cultura occidental ha impuesto un arquetipo desnaturalizado sobre la maternidad vendiéndonos a la madre eficiente, que también puede y debe ser súper esposa/amante y súper profesional, (todo al mismo tiempo sincronizado)

En medio de esta construcción social falsificada, aterrizamos a la maternidad la mayoría de las mujeres con las consecuentes dificultades para encarar los desafíos reales que trae consigo una de las experiencias más exigentes y transformadoras para el alma femenina y en la que a su vez se arraiga, nada menos que el desarrollo de la humanidad.  Partamos del principio de que la calidad de la crianza no es tema menor, sino el epicentro de los problemas humanos y sociales, y de que el vínculo primario madre-hijo es la base de todo vínculo posterior. Las investigaciones de las neurociencias, la antropología de la crianza y la etnopediatría, entre otras, han demostrado profusamente lo que ya sabemos desde la intuición y la sabiduría ancestral:   somos las madres, durante los primeros años de vida, el hábitat natural, deseable y necesario para la formación saludable de las criaturas, con lo cual podríamos decir, sin temor a exagerar, que la maternidad es la más importante y delicada función biológica y social de la humanidad. 

En los umbrales del siglo XXI, tiempo de mujeres autónomas, exitosas, inteligentes, profesionales, informadas… las madres nos sentimos seguras y muy capaces de tomar decisiones y acciones complejas en nuestro desempeño profesional o social, pero ante el hecho materno -algo inherente a nuestra propia biología y feminidad- a menudo nos encontramos perdidas, infantilizadas, inseguras, con ganas de salir corriendo para regresar al exterior donde sí encontramos refugio e identidad.

Las mujeres consolidamos visibilidad, remuneración económica, reconocimiento e “independencia” en el ámbito exterior (negocios, profesión, estudios, trabajo, deporte, política…) En el interior del hogar, dedicadas al cuidado de la familia y a la crianza de los hijos, perdemos autonomía y nos volvemos invisibles. Según la autora argentina, Laura Gutman, esto en parte explica la razón por la cual no logramos ubicar el lugar desde donde sentirnos disponibles cuando se trata de atender las demandas legítimas de tiempo y atención que exigen nuestros hijos y por lo tanto nos desbordamos, sentimos que enloquecemos. 

Es este uno de los mayores desafíos a encarar hoy, no solo por las propias mujeres sino también por cualquier individuo medianamente consciente, así como empresas, sociedad, gobiernos corresponsables de cerrar filas para proteger la calidad de la crianza.  

Es hora ya de plantearnos que la conquista de una genuina liberación femenina exige la posibilidad real del ejercicio pleno de la maternidad como tarea apoyada, protegida, respetada, valorada y reconocida socialmente. Este sería el escenario de una auténtica liberación femenina. Las mujeres necesitamos salirnos de la trampa de vernos obligadas a renunciar a la maternidad plena o a la decisión de dedicarnos a criar a nuestros hijos con mayor presencia y disposición corporal y emocional para poder ser profesionales remuneradas y visibles socialmente, o viceversa.

Honremos a nuestras ancestras feministas por impulsar el movimiento de los derechos civiles de la mujer y a quienes debemos el hecho de que hoy votemos, vayamos a la universidad y disfrutemos del acceso a espacios antes reservados exclusivamente a los varones. Pero llegó el momento de abrirnos a la comprensión y búsqueda de una nueva conciencia sobre liberación femenina concebida en un orden social alternativo, fuera de la estructura jerárquica y competitiva  basada en la productividad diseñada por y para hombres que no condice con los ritmos femeninos cíclicos, ni con las necesidades de la mujer que concibe, que pare, que amamanta y que cría a sus hijos.  Nuestro reto ahora, es construir un nuevo paradigma que acoja la maternidad como una experiencia de disfrute y empoderamiento consciente, en lugar de una fuente de tensiones, agobios,  depresión o necesidad rabiosa de huida, fruto de vivir inmersos en sociedades incapaces de acompañar el hecho materno con genuino respeto, apoyo y reconocimiento.


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jueves, 18 de septiembre de 2014

El NO: adminístrese en pequeñas dosis

Que no te subas al sofá, no camines descalzo, no se toca, no te comas eso, no molestes, eso no se díce, no, no, no, te dije que no... Cuando de criar a niños se trata el NO se convierte en moneda corriente.

Abusamos del NO, en el afán de reprimir o inhibir conductas de los niños a nuestro cargo consideradas indeseables, sin observar que a menudo dichas conductas son naturales y saludables por ser niños o que en caso de ser necesario podemos redirigirlas sin recurrir al NO. ¿Cómo?, usando estrategias como ofrecer alternativas, distraer al niño con propuestas más atractivas y juguetonas, negociando con las criaturas cuando ya están más grandes, o detenernos para evaluar si el NO es realmente necesario, eligiendo sólo las batallas que sean importantes o que valgan la pena. 

El NO debe administrarse en dosis pequeñas,  de lo contrario dejará de funcionar. El uso indiscriminado del NO para detener la conducta de un niño provoca  que pierda su efecto. La prueba está en que necesitamos repetirlo todo el santo día... sin éxito.
 
Reservemos el NO para ocasiones o circunstancias que realmente lo ameriten, tales como aquellas en las que el niño ponga en riesgo su integridad o la de otros (pegar al hermano, agarrar el cuchillo, soltarse para cruzar la calle solo, meter la mano en el ventilador...) Administremos el NO en pequeñas dosis.
 

Fuentes:
Laura Gutman, terapeuta y autora
Yolanda González, psicóloga especialista en prevención infantojuvenil y autora
Carlos González Pediatra y autor de bestsellers

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miércoles, 2 de octubre de 2013

No te vayas a escondidas, despídete de tus peques


Dejar a otro sin acceso a saber qué es lo que pasa equivale a tenerlo prisionero. Porque el otro no puede tomar decisiones respecto de nada. Laura Gutman.


He escrito acerca de la importancia de hablar con claridad a nuestros pequeños, al margen de que estén o no en capacidad de manejar el lenguaje verbal. De cómo un niño puede elaborar mucho mejor la experiencia, darle estructura y asimilarla progresivamente, cuando nombramos y explicamos con palabras, de un modo transparente,  todo lo que acontece. El momento de salir y dejar a nuestros niños al cuidado de otras personas no es la excepción. Sea que los dejemos en casa, en la escuela o en otro lugar, siempre es necesario y es deseable despedirnos de nuestros pequeños, en lugar de irnos sin explicación alguna o a escondidas cuando estén descuidados o mientras alguien los distrae. De hecho, los adultos esperamos  que  nos avisen o se despidan de nosotros antes de que la pareja, algún miembro de la familia o un amigo se marche ¿cierto?.

Los adultos hemos perdido memoria factual de nuestras historias infantiles y solemos interpretar como tonterías o como asuntos insignificantes, vivencias que para un niño suponen algo muy grande y en las que pasan por mucho miedo o angustia. La separación de un niño pequeño de su madre, padre o figura de apego principal, es una de estas experiencias. Un niño pequeño alejado de su cuidador, sufre. Para un peque o una peque, su madre o padre son las personas más importantes, sin las cuales no sabe si va a sobrevivir o no. Por otra parte, un niño pequeño no tiene la misma capacidad para discernir la noción del tiempo ni del espacio que tiene un adulto. Ellos no reconocen la diferencia entre una hora, un día o una eternidad. Los niños pequeños tampoco tienen noción de “permanencia del objeto”, es decir, si no lo tienen delante, si no lo pueden oír, oler o tocar,  no pueden inferir que dicho objeto o persona aún existe, aunque se encuentre en otra parte. Cuando mamá o papá desaparecen del campo visual de un pequeño, éste no sabe si va a regresar, sólo percibe  que no está y siente incertidumbre.

Es importante ayudar a los pequeños a crear progresivamente la noción de espacio y tiempo a través de la experiencia. Es por ello que antes de irnos y aunque lloren,  siempre es mucho más sano y lógico despedirnos de los niños, contenerlos y explicarles a dónde vamos, qué haremos, cuándo regresáremos, con quién o quiénes los dejaremos, etc.. Realizar un ritual de despedida, relatar lo que está ocurriendo y lo que vendrá, ayuda al niño a  dar estructura a la experiencia. Siempre es más sano, tanto para padres  e hijos, adultos y niños,  permitirnos conectar conscientemente y nombrar aquello que nos pasa o sentimos genuinamente. Esto incluye cada pequeño duelo que suscita la breve separación.   
Recordemos que los niños son pequeños, pero no son tontos. Ellos tienen derecho a ser tratados con respeto a su integridad como personas, a que se les reconozca y favorezca el desarrollo de sus capacidades. Los niños tienen derecho a que les digamos siempre la verdad. Así crearemos las condiciones que les facultarán para integrar la realidad de lo que acontece y su vivencia subjetiva con coherencia, lo cual equivale a construir salud mental y emocional.


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Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran

Período de adaptación escolar

Al irnos de casa, ¿despedirse del niño o desaparecer? Vía bebesymas

 

 


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miércoles, 24 de octubre de 2012

Lo dijo el pediatra Carlos González en Conoce Mi Mundo

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Bésales mucho.
Entrevista al pediatra Carlos González
 Por Berna Iskandar.
Quienes conocen mi trabajo saben que el Doctor Carlos González es un experto al que admiro mucho y a quien frecuentemente cito y recomiendo.  Cuando  vino a  Caracas por primera vez para las también Primeras Jornadas Internacionales de Lactancia Materna, Alimentación Infantil y Crianza, organizadas por  La liga de La Leche Venezuela, no pude perder la oportunidad de entrevistarlo. Y así fue como en una escapada entre conferencia y conferencia,  sucedió el encuentro con el admirado y reputado pediatra español, miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Liga de la Leche Internacional, fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna,  autor del bestseller “Bésame Mucho” entre otros libros importantes que defienden la crianza respetuosa, el colecho, la lactancia y que han constituido portales de regreso, para muchos padres y madres, hacia prácticas de crianza humanizada. Un pediatra que no escatima  a la hora de recetar a los padres besar mucho a sus hijos,  cargarlos, consentirlos y dormirlos a pecho. Un ser humano fuera de serie, encantador, amable, cercano, sencillo, de humor genial y chispeante con el que nos  hace destornillar de risa al tiempo que derrumba los mitos de la crianza. La entrevista original fue hecha para mi programa de radio “Conoce Mi Mundo”, cuya transcripción comparto a continuación.  Espero que la disfruten tanto como yo la disfruté. 

BI: ¡Bienvenido Doctor Carlos González!

CG: ¡Hola, buenos días!  Encantado.

BI:  Doctor, ¿cree usted que en general, estamos bien informados los adultos, los padres y las madres, en relación a lo que nuestros hijos realmente necesitan, o circula mucha información errada sobre lo que los niños requieren en cada momento evolutivo que atraviesan?

CG: Probablemente en el aspecto físico sí les estamos dando lo que necesitan, pero en el aspecto emocional no siempre, porque todo el mundo comprende que los niños tienen que comer, no todo el mundo da el pecho, pero quien no lo da procura dar otra cosa en su lugar, pero el niño no se queda sin comer. En cambio en el aspecto emocional, hay gente que no comprende que los niños necesitan estar en brazos, necesitan atención constante, necesitan cariño, que les duerman en brazos, necesitan estar con sus padres día y noche. Y a veces no sólo no les damos lo que necesitan sino que los dejamos sin ningún sustituto.  Creemos que los niños pueden quedarse solos en una habitación sin que nadie les mime, sin que nadie les tome en brazos y los niños no pueden. Nos necesitan constantemente.

BI: A propósito de esto, doctor ¿qué opina de los métodos conductistas de crianza que proponen entrenar a los niños para que duerman solos de un tirón toda la noche,  de establecer horarios para pegarlos al pecho o alimentarlos,  y  del marcado interés por parte de los padres sobre el tema de disciplina, imponer reglas y autoridad?

CG: Precisamente me preguntaba una madre sobre esto de si tenía que entrenar a su bebé para que durmiera. A ver, claro que le tiene que entrenar ¿y cómo se entrena a un bebé para que duerma? Pues se le pone en la cama con los padres y, cada vez que se despierta,  se le da el pecho.  Y de esa manera el bebé se duerme y se le está entrenando para dormir. Pero hay gente que lo que hace es dejar llorar al niño.  Si le dejas llorar, le estás entrenando para llorar. Está clarísimo. ¿Cómo duermen los niños? Todo el mundo sabe como duermen los niños: les das teta, los coges en brazos, les cantas, les meces y se duermen. Pues eso es lo que hay que hacer para que los niños duerman.

BI: ¿Y entonces, qué es lo que pasa ? ¿Por que los papás y las mamás de estas épocas no lo comprendemos?    

CG: Yo pienso que lo que ocurre es que los padres sí que quieren hacer eso, pero que no se atreven porque algunos expertos o algunos libros les han dicho que está prohibido. Yo me he encontrado muchísimas veces en España, padres (sobre todo al principio, en el embarazo o cuando el niño es pequeño) que si les explico que pueden  coger a su niño en brazos siempre que quieran, que pueden meterlo en la cama con ellos, que pueden dormirlo en el pecho, se sienten felices. Dicen, “¡ah!, menos mal, nosotros pensábamos que no se podía,  que se iba a malcriar, que iba a tener problemas de sueño, que hacíamos mal.  Menos mal que sí que podemos…”  Muchísimas madres dicen: “ yo le cogería en brazos, pero no lo hago para que no se malcríe”. Nunca he oído la frase contraria, nunca he oído a una madre con su hijo en brazos decir “yo le dejaría llorar,  pero le cojo en brazos para que no tenga un trauma psicológico”... La madre que coge al niño en brazos no necesita justificarse en que alguien le ha dicho “cógelo en brazos”. Es que es lo que tenía ganas de hacer. Pero claro, no sé porqué motivos exactamente ha habido ciertos expertos que se han dedicado a prohibirlo. Y te prohíben precisamente las cosas más agradables. Nadie te dice “no le laves ni le planches la ropa a tu bebé, que se acostumbra y estarás treinta años lavando y planchando”. Nadie te dice “no le friegues la habitación que luego querrá que se la friegues toda la vida”.  Todo lo que es trabajo, lo puedes hacer: puedes cocinar, puedes fregar, puedes comprar, puedes planchar… Ahora, cuando llega la hora de divertirse,  de cogerlo en brazos, de cantarle canciones… Para eso tenemos a los hijos ¿no?, para disfrutarlos. Si no , ¿para que tenemos a los hijos? ¿para poder lanchar más ropa?
BI:  Quizás esto se vincule a la predisposición cultural de reprimir el placer
CG: Como aquello que dicen: que todas las cosas buenas o producen caries o engordan.   Afortunadamente, disfrutar de tus hijos, cogerles en brazos y cantarles canciones , ni produce caries ni engorda. Aprovechen eso. Es un placer permitido. Hace felices a los padres y hace felices a los hijos. Es que en eso consiste tener hijos, en lo bien que te lo pases con ellos y en lo bien que se lo pasan ellos contigo.
BI: Desde su voz de experto y defensor de estos temas, nos gustaría que nos explique ¿qué es todo esto de la crianza de apego, la crianza natural, respetuosa  que cada vez se escucha con más fuerza?

CG: Bueno pues, se trata de hacer lo que te sale de adentro hacer, lo que has hecho toda la vida. Es decir, ¿qué haces cuando tu hijo llora?, lo consuelas. ¿Qué haces cuando tu hijo se despierta?, pues lo metes en la cama contigo, lo abrazas y se vuelve a dormir. No es una cosa tan difícil, hasta las gatas que cuidan de sus gatitos lo saben hacer. No hace falta leer ningún libro ni oír programas de radio para aprender a hacer eso.  Desgraciadamente hace falta leer libros y oír programas de radio para que aquellos padres que han oído consejos erróneos sobre el tema y que les han hecho creer que eso es malo, se den cuenta de que no es malo ni está prohibido.  Al que no le han dicho nada, no necesita que le informen de esto. Espontáneamente lo  hacían nuestras bisabuelas y tatarabuelas. Siempre se ha hecho.  Querer a tus hijos, cuidarlos, llevarles en brazos, cantarles canciones de cuna. Brahms componía canciones de cuna. Es que ahora nos quieren hacer creer que antes con los niños, había mucha disciplina, y que somos nosotros los que los estamos malcriando,  que les estamos consintiendo. Es todo lo contrario. Yo empecé  la escuela a los cinco años.  Como la mayoría de los niños de mi generación, y ya era pronto. Busquen las biografías de los grandes hombres de la antigüedad. ¿Es que acaso Napoleón Bonaparte empezó la escuela antes de los siete? Los niños estaban muchísimo más tiempo con sus padres antiguamente. Si algo diferencia a los niños de principios del siglo XXI, de los niños de hace cien años o de hace quinientos años, no es el estar más consentidos, más mimados y tener de todo.  A ver, tendrán los niños mayores más juguetes, porque tenemos otro nivel de vida y porque los chinos fabrican juguetes muy baratos, pero los niños pequeños no quieren juguetes. Un niño de cuatro meses o un niño de dos años no se despierta a media noche diciendo “mamá, mamá, cómprame la PlayStation, mamá cómprame la PlayStation … hasta que no me compres la PlayStation no me duermo…”  No. Siempre te piden lo mismo: te piden brazos, te piden atención, te piden estar contigo.
La generación actual de niños es la que menos ha estado con sus padres en toda la historia de la humanidad. Nunca antes, los niños habían empezado la escolarización tan pronto. Muchos a los cuatro meses ya están yendo a una guardería. Nunca antes había habido tal porcentaje de niños que se quedase a comer en un comedor escolar. Yo no comí en un comedor escolar hasta la universidad.  Yo iba a mi casa a comer con mi mamá. Nunca antes había habido tantos niños que incluso al salir de la guardería o de la escuela todavía les falta una actividad. Todavía tienen que hacer o natación o gimnasia  o piano o inglés o lo que sea, para aumentar más todavía los horarios, y no nos damos cuenta de que los niños  lo que necesitan es a sus padres.

BI: Entonces, ¿cómo hacer en esta vida moderna que tiene más de moderna que de vida -como dice Mafalda- cuando los padres tienen que separarse de sus hijos a lo largo de ocho, diez o más horas diarias,  tragados por el mundo laboral en detrimento de la crianza? ¿Cuál es la alternativa o la propuesta? Porque se trata de todo un sistema que hay que desmontar y cambiar para ajustarlo a formas más amables, capaces de ofrecer a los pequeños lo que realmente necesitan que es cuerpo y presencia materna, paterna,  mirada, acompañamiento, consuelo…

CG: Pues es aquello de vivir como pensamos o acabaremos pensando como vivimos. Hay que tomar decisiones. Este sistema que estamos llevando no es bueno. Nos impide cuidar como deseamos de nuestros propios hijos. Cuando la función principal de cualquier especie animal es la reproducción, mantener la especie, criar a sus hijos…
Mi madre no trabajaba fuera de casa, y eso significa que vivíamos todos con el sueldo de mi padre, que no tenía un gran empleo, que no tenía estudios, que empezó a trabajar a los quince años, y con su sueldo  vivíamos todos y tres hermanos fuimos a la universidad. ¿Que las mujeres quieren trabajar también?, pues me parece magnífico, pero entonces lo lógico es que si antes trabajaba sólo el padre y trabajaba ocho horas, pues entonces que ahora trabaje cuatro horas cada uno.  Resulta que mi padre, trabajando cuarenta y dos horas por semana mantuvo una familia y la mantuvo con dignidad, y ahora para mantener una familia, a veces más pequeña, hacen falta ochenta horas de trabajo, cuarenta del padre y cuarenta la madre. Nos han estafado en este camino. Y al mismo tiempo, en España, tenemos cinco millones de parados. Es decir, no necesitamos trabajar más horas, porque lo que sobran son trabajadores. Entonces la cosa es tan sencilla como trabajar un poco menos, cobrar todos un poco menos, consumir todos un poco menos, vivir de otra manera... quizás más similar a como vivieron nuestros padres… Mis padres nos llevaron a la universidad, pero no teníamos coche (carro).

BI:  Pero ciertamente habrá que encontrar más alternativas de conciliación laboral familiar o ayudas sociales o respaldo de la “tribu” para las familias monoparentales donde la madre no tiene más opción que salir a trabajar la jornada completa o de lo contrario en casa no se come.  Y hablando de alternar entre madre y padre el tiempo dedicado al cuidado de los hijos ¿Cuál cree usted que debe ser el papel del padre moderno en la crianza?

CG: El que ha sido siempre, cuidar a su hijo, estar con él. Es que se ha hecho siempre. No nos podemos creer ese mito de que los padres no hacían más que estar en la taberna emborrachándose y no se ocupaban de los niños. Los padres han cuidado a sus hijos, los han lavado, los han llevado a pasear, los han llevado al parque. Lo que no puede hacer el padre es darle el pecho, y como los niños pequeños se pasan casi todo el rato mamando,  lo que difícilmente puede hacer es ocuparse del bebé. El bebé recae más en manos de la madre, pero no falta trabajo. Hay que lavar la ropa, el padre tiene muchas cosas que hacer y hay ratos en que el bebé no está mamando y lo tiene que coger en brazos igualmente porque la madre se tiene que duchar. A medida que el bebé crece, como ya no necesita todo el rato el pecho, el padre puede intervenir mucho más. A los niños y a las niñas, les encanta que su papá les cuente cuentos, que su papá les lleve al parque, les lleve de paseo, les encanta que su papá les ayude a hacer dibujos,  a montar bloques de construcción… simplemente es disfrutar de los hijos.

BI: Doctor, en todos los ámbitos donde me he movido, he escuchado de todo tipo de personas, sean padres, docentes,  profesionales como pediatras, jueces, psicólogos, incluso eminencias reputadas de la ética, filósofos en cátedras universitarias… referirse a los niños con frases como “los niños son como animalitos”, “niño no es gente” , “los niños no entienden”, “el niño es básicamente malo, es un tirano al que hay que doblegar con métodos punitivos de crianza para que comprenda  y se civilice”.  ¿Qué opina usted sobre esta visión de la infancia?

CG:  Pero, ¿de verdad hay catedráticos tan brutos para decir esas cosas?... ¿Cómo podemos pensar que un niño de dos años está haciendo el mal? ... Yo les recomiendo un libro que se llama The Philosophical Baby. Lo han traducido al español como El Bebé Filosófico (El Filósofo en Pañales) de la doctora Alison Gopnik. Este es un libro muy bueno, hecho por una gran científica que explica sus propias investigaciones y las de otros, sobre el desarrollo de la personalidad, de la conciencia, la mente en el niño y explica cómo los niños desarrollan espontáneamente su propia ética.  Por ejemplo,  a un niño de catorce meses le enseñan un plato en el que hay coliflor, y un plato en el que hay galletitas. Lógicamente los niños opinan que las galletitas son mejores. Entonces, entra una persona adulta desconocida que agarra la coliflor se la lleva a la boca y dice: “¡mmmm!, qué buena…”. Luego agarra una galletita, se la lleva a la boca y dice: “¡buuuak! , qué asco…”. Después, esa misma persona, le pide al niño que le dé algo, le pone la mano y le dice: “¿me das?”.  Los niños de catorce meses le dan una galletita, pero los niños de dieciocho meses, le dan una coliflor. Es decir, los niños de catorce meses ya son generosos. Son capaces de darle a un desconocido, lo que a ellos más les gusta. Pero los niños de dieciocho meses, además de generosidad, tienen empatía. Es decir, son capaces de comprender que a otra persona no le gusta lo mismo que le gusta a ellos. Entonces en vez de darle lo que creen que es mejor (la galleta) le dan lo que han visto que le gusta, que es la coliflor. Eso lo hacen a los dieciocho meses y luego nos quieren hacer creer que son malos.

BI:  Eso pasa. Qué bueno que lo diga usted, porque estoy segura de que le van a creer mucho más que a mi  (risas). Doctor, yo digo, “que levante la mano quien esté de acuerdo con el maltrato infantil”,  y nadie la levanta. Obviamente.  Pero luego cuando digo, “ahora, por favor, que levante la mano quien esté de acuerdo con la nalgada a tiempo para disciplinar”,  más del sesenta por ciento del auditorio apoya la moción.  Así suelen iniciar las charlas sobre crianza libre de violencia que dicto en Venezuela. Sin duda, una prueba de ácido infalible para poner en relieve la visión sobre la infancia que sostienen determinados colectivos. ¿Qué tiene usted que decir a estos padres y adultos quienes aún piensan que el azote, el cachete, la nalgada… son vías o herramientas para educar a los niños?

CG: A ver, en España está prohibido por la ley, y recuerdo cuando se prohibió (porque antes no estaba prohibido) el espanto de algunos. Recuerdo que hasta me entrevistaron en alguna emisora de radio, porque era como la polémica del día,  y  la gente a favor o en contra de que se pueda pegar a los niños. Había gente diciendo, “¿cómo puede el Estado meterse en estas cosas, qué derecho tiene el gobierno de inmiscuirse en la vida de las familias y decirte cómo puedes educar o no educar a los hijos? Yo les dije, “tienen ustedes mucha razón, porque empiezan prohibiéndote que pegues a tu hijo y, al final, es que no podrás pegar ni a la esposa”… A ver, ¿nos parecería normal pegar a la esposa o pegar al marido o pegar a un empleado o pegar a un camarero que nos ha servido mal? No pegamos a nadie. Al menos las personas civilizadas no pegan nunca a nadie. ¿Cómo puedes pegar precisamente a los niños,  a los seres más débiles y que más merecen tu respeto y tu protección…? Y precisamente a tu propio hijo,  cuando eres tú quien le tienes que proteger.

BI: Doctor, somos los adultos muy rápidos y creativos para producir argumentos que quitan legitimidad a las necesidades de los niños y las degradan a la categoría  de capricho o manipulación. ¿Por qué si un niño llora pidiendo brazos, si tiene una pataleta porque se siente frustrado y no cuenta con otros recursos para expresar su frustración, de inmediato calificamos al niño como malcriado y no atendemos lo que hay detrás de ese llanto o esa pataleta? ¿Cuáles son las necesidades legítimas de los niños?

CG:  Todas son legítimas. Los niños pequeños no tienen cuentos, sólo te piden lo que necesitan. La prueba es esta: ¿Qué te piden cuando lloran?, no hay un niño que se despierte a las tres de la madrugada y te pida que le compres la bicicleta o que le compres el video juego, y luego se dormirá. Al contrario. Si tu hijo de dos años se despierta por la noche y  tú vas y le dices: “hijo mío, si ahora te quedas en la cama y te estás calladito y no lloras más, mañana te compro la bicicleta”. A qué no funciona. Si el niño tiene edad suficiente para entender todo el razonamiento,  igual hace un esfuerzo, pero como no aguantará más de dos minutos, luego llorará el doble porque no están sus padres y los está llamando como siempre, y además llora de rabia porque se ha dado cuenta de que se ha perdido la bicicleta. Pero no lo puede evitar. No puedes comprarle con dinero o con juguetes lo que necesita, porque lo único que quiere es estar contigo. Y además de manera totalmente desinteresada. No solamente quieren estar con sus padres los niños que tienen unos progenitores maravillosos, extraordinariamente cariñosos, que se han pasado horas estando con ellos y jugando con ellos. No. Incluso los niños con padres que gritan, que dan nalgadas, que dejan llorar al niño, siguen llamando a esos padres. Los quieren con locura. Los niños no nos piden que seamos buenos, nos quieren por el simple hecho de que seamos sus padres. Hagamos lo que hagamos nos van a querer. Pues tomemos ejemplo, y queramos a nuestros hijos, hagan lo que hagan, como ellos nos quieren a nosotros.

BI: Bella su reflexión, doctor. Estoy segura de que a muchos les tocará el corazón. Es nuestra intención, y ojalá así sea porque los despropósitos que vemos a diario en el trato de los adultos hacia los niños, no son pocos ni constituyen un problema menor.  Doctor González, para cerrar y agradeciendo su generosidad al regalarnos el espléndido tiempo y acercarse hasta los micrófonos de Conoce Mi Mundo para darnos esta entrevista exclusiva, en medio de las Primeras Jornadas de Alimentación Infantil y Crianza organizadas por La Liga Internacional de La Leche Venezuela, ¿qué recomendación final nos deja a sus seguidores, lectores y oyentes del programa?... Por cierto, Doctor, ¿además de sus libros,  entrevistas, artículos y videos publicados en distintos sitios de la Web, tiene usted algún sitio oficial en Internet o redes sociales como Twitter o Facebook?

CG: ¡Dios me libre!

BI: (risas) ¿Ni piensa hacerlo?

CG: ¡Ni pienso hacerlo!

BI: ¡Ah! ¡Qué lástima!

CG: Página Web no sé, pero desde luego cuenta en Twitter,  no. Porque cuando ves a la gente con su telefonito enviando y recibiendo cosas, en vez de hablar con el que tiene al lado… Al principio Internet te abría nuevos mundos, pero ahora te los está cerrando. Están viviendo en la realidad virtual. Quedas con un amigo, y en vez de hablar con el amigo con el que has quedado,  estás todo el rato con el teléfono quedando con otro amigo, al que cuando veas, no hablarás porque estás quedando con el tercer amigo… Disfruta el momento en el que estás, en lugar de estar perdido en Internet. Y sobre el consejo o recomendación final que me pedía para los padres, yo diría lo mismo: que disfruten de sus hijos ahora. Que se olviden del futuro, de hacer tal cosa para conseguir tal otra. Disfruta a tu hijo ahora, tienes un niño, es un bebé, ¿no has visto lo mono que es?, ¿no has visto cómo sonríe, cómo se le cae la baba? , ¿no has visto que te tapas la cara, le dices “cocuy” y el niño ya está feliz como si lo hubieras llevado a Disneylandia?  Pues, disfrútalo ahora, que es cuando puedes…

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